L.G.
Los recuerdos emergen, emocionados, confusos, o en cascada. Miguel Castang (75) vivió toda su vida entre las vecinas Estación Atlántida y Atlántida; el norte proveedor de mano de obra y el sur turístico. Fue caddie en la cancha de golf de 18 hoyos donde hoy está el barrio City Golf y la Colonia de Vacaciones de Agadu. Fue empleado del Hotel Planeta, emblemático edificio en forma de barco, primera apuesta del empresario italiano Natalio Michelizzi en el balneario con nombre de continente perdido. Fue mozo y fue obrero en la construcción de la Parroquia Cristo Obrero, de Eladio Dieste. Y evoca aquellos años de oro.
"Esa Atlántida era lo más divino que vi. A los 12 años era caddie y salí dos veces campeón con `Pacaco` Urioste, que era médico del Pasteur. Con las propinas llegué a ganar 4,80 pesos. ¡Era un disparate! (...) En el Planeta, a las 12 o 12.15, sonaba un gong que indicaba la hora del almuerzo de los niños con sus niñeras. Recién a la una era el turno de las familias, ¡y tenían que estar bien vestidos para comer! (...) Michelizzi era un padre, era gente... y Dieste era otro genio. (...) Hoy aquel lujo se perdió, pero Atlántida me sigue gustando".
El campo de golf ya no está más. De hecho, Castang bromea que su hija vive "en el hoyo seis", al norte de la actual ruta interbalnearia. La Parroquia de Dieste sigue siendo un orgullo arquitectónico, además de Patrimonio Histórico Nacional. Lo mismo pasa con el icónico Planeta, en la actualidad un edificio de apartamentos.
El 19 de octubre de este año se celebrará el centenario del primer amanzanamiento y trazado de avenidas, fecha considerada como clave del proceso fundacional. En su verano número cien, Atlántida sigue siendo el principal balneario de Canelones -la zona costera menos publicitada del Este- y la actual temporada es evaluada de manera positiva. Pero ya quedaron muy atrás sus años dorados, los originales de "los doctores" (médicos y otros profesionales; sus impulsores y primeros veraneantes eran parte de la alta sociedad) y los de Michelizzi.
Alguna vez Atlántida fue Datitla, musa inspiradora y refugio para un amor clandestino del poeta chileno Pablo Neruda. Hoy es considerado un balneario de clase media -sobre todo uruguaya y argentina-, para nada asociado con el glamour. Y, cada vez más, una suerte de ciudad satélite donde todo el año viven, en su zona de influencia, unas diez mil personas. Con el desarrollo de las carreteras y de otros balnearios más hacia el Este, Montevideo -que supo estar a tres horas de distancia en ómnibus, cuando el trayecto se realizaba por las rutas 11 y 8, pasando por Pando- quedó muy cerca, a sólo 45 kilómetros, tal vez demasiado para un enclave que nació con pretensiones de elite.
aquel tiempo. "Atlántida fue el gran balneario uruguayo durante la primera mitad del siglo", afirma Darío Porta (56). Él y su esposa Mireya Bracco (55) son maestros e integrantes del grupo Myrsine, destinado a la preservación del patrimonio natural costero. También son parte de la comisión coordinadora de festejos del centenario, y poseen un gran acervo documental y fotográfico de Atlántida. Para ellos, la época de oro se divide en dos etapas.
La primera es la de "los doctores", caracterizada por ser un lugar de descanso para una elite, al estilo de las estaciones balnearias francesas, y llega hasta los años 40. La segunda es la de Michelizzi. Este empresario llega como turista en 1935, se enamora del lugar, adquiere varios terrenos, construye los hoteles Planeta y Golf Palace, un casino, una boite, y desarrolla un enorme proceso de urbanización. De su imaginación también nace La Quimera, o El Águila, que aún permanece, ya sin su espolón en forma de delfín, en Villa Argentina. Con él llega el turismo masivo -incluyendo a figuras del jet-set argentino como Luis Sandrini y Mirtha Legrand- y el ruido, para disgusto de los veraneantes originales. Las disputas estivales entre los fanáticos del relax y los que prefieren "movida" no son de ahora.
La muerte de Michelizzi, en 1953 y a sus 54 años, es considerado unánimemente por viejos pobladores e historiadores locales como el comienzo del fin. Las carreteras habían mejorado y Punta del Este comenzaba a surgir con fuerza. En su momento, y sobre todo debido a su enigmática construcción en Villa Argentina, sufrió una suerte de "leyenda negra": se lo acusó de espía nazi o contrabandista. Hoy muchos lugareños -sobre todo aquellos con varios abriles encima- lo recuerdan con devoción, hablan de él como si se tratara casi de un Cristo pagano, y lamentan que no haya surgido ningún visionario que tomara su posta.
Sentado en una silla de plástico en su casa de Estación Atlántida, con el bastón a su lado, Pablo González (84) recuerda sonriendo a un ómnibus al que llamaban "El Látigo", el primer transporte hacia Montevideo, "que te iba a buscar a la casa". En sus años mozos, las tiendas grandes y los servicios estaban en Pando. Aunque Atlántida ya esté mejor equipada, no le gusta la versión centenaria del balneario. "Antes había unos cuantos `chaleses` y ahora está lleno de gente. Y esta gente que está ahora no se preocupa por el lugar", enfatiza.
"Tal vez me cuelguen de un árbol por decir esto, pero la propia gente de acá la arruinó", afirma, tajante, Sara Vizcaíno (67), residente toda su vida y una de las jóvenes docentes que inauguró el liceo de Atlántida, en 1961. "Nos peleamos entre nosotros, no la sacamos adelante. El mejor regalo en estos cien años es que aparezca un genio que la ayude. Digan lo que digan del italiano, él puso a Atlántida en el mapa".
el hoy. Porta sostiene que el centenario debe servir como excusa para embellecer la casa. "Es necesario recuperar identidad y pertenencia. No se volverá a la Atlántida de los `50, pero sí darle una lavada de cara. Por ejemplo, que lo que se recauda en el municipio se vuelque acá".
Daniel Cambón (43), presidente del Centro Comercial, destaca que el turismo sigue creciendo y que en un fin de semana unas 35 mil personas abarrotan el lugar. Asegura que han mejorado los servicios y la seguridad. Esta última afirmación no es compartida por todos. Cambón reconoce que "los días problemáticos son los sábados y domingos, cuando viene mucha gente `de afuera`, especialmente de Montevideo, a robar. Hay que tomar en cuenta que el boleto sale solo 35 pesos". Otra operadora fue más cruda: "Los fines de semana se está llenando de planchas".
Pero a quienes despotrican sobre el presente, Cambón, que hace 20 años que vive los veranos de Atlántida y hace cinco que está radicado definitivamente, retruca: "Éste es un buen lugar desde el punto de vista comercial y de los servicios. Éste es un lugar perfecto para vivir. Una prueba es la cantidad de extranjeros que se están afincando".
Nikolaus Neise (57) y su esposa Annemarie (49) son dos de ellos. Alemanes por donde se los mire, llegaron a Atlántida por primera vez hace 23 años. Su hija menor, Alice, nació en Uruguay. En aquel tiempo, contactarse con su país de origen, a través de la central de Antel, era una odisea. En contrapartida, no era necesario pensar en un sistema de seguridad para su casa. En 1997 volvieron a la Selva Negra alemana, pero soportar la nieve durante cinco meses al año los hizo regresar.
No conocieron la época de oro, pero la actual ya les basta para mirarla con ojos arrobados. Hace seis años que están definitivamente de vuelta; hace cuatro que abrieron el Hotel Piroska. Este tiempo a caballo entre Europa y la costa canaria les ha significado un más que correcto español (con una "r" muy acentuada) y un gran amor por Atlántida.
"Atlántida es muy europeo, tiene un espíritu muy especial. La infraestructura está `perfecto`. Se puede conseguir todo acá. La gente es muy familiar, muy simpática. ¡No sabes la bienvenida que nos dieron todos, el carnicero, el panadero, cuando regresamos! Y la playa es preciosa, sobre todo la `Brrrrava`. Nos sentimos más en casa aquí que en Alemania", afirma la mujer. "Tal vez haya avanzado poco en los últimos años", agrega su marido. "Pero así ha mantenido su alma, y eso es algo que le gusta mucho a los europeos, más que cualquier rascacielos".
Ahora, que deben contar con rejas y alarmas en su domicilio y comercio, se contactan a diario sin problemas con sus familiares en Alemania vía Skype. "Todas las cosas tienen su tiempo, son etapas. Estuvimos contentos entonces y estamos contentos ahora", resume Annemarie Neise, con indiscutible pragmatismo germano.
Proyectos y eventos "a confirmar"
Los muebles que llegaban en carreta, y que se subían mediante poleas desde la playa, para equipar los primeros chalets. Las doce hileras de pinos plantadas para frenar la erosión en la actual Playa Mansa, y que le valió al lugar el mote de "el balneario de las barrancas y los pinos". El piano del Hotel Atlántida (inaugurado en 1913), frente al cual se sentó Federico García Lorca en 1934, y que ahora está en la escuela 146. Mirtha Legrand filmando una película décadas antes de Colin Farrell y su Vicio en Miami. La caravana de ciclistas que bajaba de Estación Atlántida hacia la costa para trabajar en los grandes establecimientos hoteleros; en éstos, cada uno contaba con sus "boteros" para cuidar a sus huéspedes en el agua. El aeródromo civil. Pablo Neruda, sus visitas en los años `50, su oda A las flores de Datitla y los comentarios -hoy tildados como "de pueblo chico"- sobre los problemas que podía traer la presencia "de ese comunista". La escuela que sólo tenía hasta 4º año en los `40. El Country Club recibiendo a la Comedia Nacional y a las primeras ediciones de Miss Uruguay ante multitudes. A los recuerdos de cien años se le suman los proyectos, o sueños.
Carlos Schiavo, presidente de la Liga de Fomento, habla de revitalizar la vieja idea del tren de la costa y la construcción de un puerto deportivo. Orlando Scasso, director de Turismo del municipio, agrega los proyectos de hoteles de categoría superior a los existentes, que incluyan casino, y también pone énfasis en el turismo náutico fluvial. Mireya Bracco, de Myrsine, apunta a "embellecer la casa": recuperar la forestación perdida, arreglar las calles, mejorar el alumbrado y la rambla, y erradicar los basurales.
Mientras tanto, el verano centenario arroja hasta el momento buenos números. La ocupación ronda el 90%, y los fines de semana es común el lleno total. Para febrero, una casa de dos dormitorios cuesta entre US$ 750 y US$ 1.200 la quincena; una habitación de hotel, en el entorno de los 80 dólares diarios.
festejos. La comisión coordinadora de los festejos del centenario está organizando una serie de eventos. Iniciados en noviembre pasado, ya tuvieron lugar Atlantidoc, la Feria del Libro y un cuadrangular internacional de fútbol.
Para los próximos meses, se piensa en una amplia gama de eventos que van desde una exposición de arte y moda hasta un festival de máscaras venecianas, de la elección de Miss Atlántida hasta torneos deportivos; desde una gran fiesta en El Águila, hasta el lanzamiento de la novela de los 100 años. Sin embargo, reconocen los organizadores, este es un "calendario vivo" que puede sufrir "muchas modificaciones". De hecho, en el cronograma de las actividades (más de 40), la aclaración "no confirmado" es omnipresente.