China Zorrilla: las pequeñas fotos de una vida gigante que pueden verse ahora en Punta del Este

El arte de mirar. Aldo Lamorte propone una experiencia estética, tecnológica y emocional en torno a la figura de una actriz uruguaya irrepetible. La muestra estará hasta el 25 de enero en la Liga de Fomento y Turismo.

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China, teselas de vida.

En la sala de la Liga de Fomento y Turismo de Punta del Este, parada 1 de la Mansa, se inauguró ayer la exposición China, teselas de vida, la cual ofrece una experiencia estética, tecnológica y emocional en torno a la figura de China Zorrilla. Detrás de esta propuesta, que permanecerá abierta hasta el 25 de enero, se encuentra Aldo Lamorte (Montevideo, 1957), arquitecto, político y artista uruguayo, cuya trayectoria pública ha estado tradicionalmente asociada al diseño de espacios urbanos y a la militancia en la Unión Cívica, pero que en los últimos años ha consolidado una intensa y singular carrera como creador visual.

Formado en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República, Lamorte ya ha dejado un legado tangible: participó en proyectos como el Hotel Palladium, la sede de la Cámara de Industrias del Uruguay, la del Club de los Industriales y la Terminal Baltasar Brumde ómnibus suburbanos. En paralelo, desarrolló una activa vida política que lo llevó a ocupar bancas parlamentarias y a postularse como candidato presidencial por la Unión Cívica. Sin embargo, desde hace décadas, otra línea -menos visible para el público- atraviesa su trabajo: la investigación artística vinculada a la percepción, la luz y el modo en que construimos la realidad a través de la mirada.

“Por la arquitectura me enganché con todo lo artístico, todo lo que tenía que ver con la percepción, la luz, cómo interpretamos la realidad”, explica en entrevista con Domingo. Ese interés lo llevó a explorar tempranamente territorios experimentales, desde la holografía hasta el uso pionero de la informática aplicada al diseño.

“Siempre trabajé en lo artístico, pero investigando”, señala, recordando su paso por estudios holográficos en Estados Unidos y su vínculo con los primeros desarrollos de captura de tiempo y espacio en matrices planas. Su línea de investigación se resume en una frase que se ha vuelto leitmotiv de su obra: “El ojo mira, el cerebro ve”.

Para Lamorte, la visión es un proceso complejo y profundamente subjetivo. “El ojo simplemente es un receptor de miles y miles de frecuencias en cada segundo, y realmente, vemos a través del cerebro”, afirma. A esa operación biológica se le suman experiencias, emociones, miedos y recuerdos, que hacen que cada persona “borre información o la aporte o la sustituya”, agrega. Este enfoque -a medio camino entre la ciencia, la filosofía y el arte- se ha convertido en el hilo conductor de sus proyectos visuales más recientes, donde los algoritmos, la tridimensionalidad y la interacción con el público ocupan un lugar central.

China, teselas de vida es una de las expresiones más acabadas de esa búsqueda. Con curaduría de Enrique Badaró Nadal -amigo de Lamorte desde la adolescencia y formado en Bellas Artes en París-, la muestra está compuesta por obras bidimensionales realizadas digitalmente a partir de algoritmos matemáticos. Estas piezas funcionan como grandes mosaicos contemporáneos: cientos de fotografías de pequeño formato, organizadas mediante procesos informáticos, conforman retratos de China Zorrilla y de su universo afectivo; que era muy amplio, por cierto. A ellos se suman objetos tridimensionales y dispositivos que invitan al visitante a reflexionar sobre la percepción y el acto de mirar.

¿Por qué China?

Para el artista, la respuesta es personal y simbólica. “Estoy ligado a la familia Zorrilla”, explica Lamorte, recordando la figura del abuelo de la actriz, el “poeta de la patria” Juan Zorrilla de San Martín, y la tradición artística de su linaje que siguió su padre, el escultor José Luis Zorrilla. Pero también hay una dimensión humana en su elección: “Conocí a China en distintas situaciones, tanto en lo personal como en algunos actos que hicimos en la casa de Zorrilla. Era de una personalidad absolutamente potente, atrapante, misteriosa, siempre con luz”. Esa mezcla de carisma, memoria y pertenencia rioplatense fue el punto de partida de un proyecto que comenzó para el Día del Patrimonio y que fue creciendo hasta convertirse en una muestra itinerante.

La exposición ya pasó por el Museo Zorrilla de Montevideo (residencia de descanso del poeta y del escultor), la Casa de la Cultura de Maldonado y el Museo Casa de Rivera de Durazno. En cada sede, el proyecto se fue transformando, incorporando nuevas imágenes y relatos. “Participaron muchísimos actores que trabajaron con China, como Susana Giménez o Soledad Silveyra”, cuenta Lamorte, y esas colaboraciones se integran hoy en las obras que se exhiben en Punta del Este. El resultado no es solo un retrato de la actriz, sino “los gestos y las emociones de ella, representadas a través de los recuerdos de todas estas personas con las cuales compartió su vida”.

Uno de los aspectos más singulares de China, teselas de vida es su carácter participativo. En presentaciones anteriores, el público fue invitado a tomarse selfies que luego pasaron a formar parte de nuevas piezas. “Conformamos otra obra a partir de la gente que participó”, recuerda Lamorte. Así, el visitante deja de ser un espectador pasivo y se convierte en coautor de una memoria colectiva que se sigue construyendo. La experiencia se completa con un juego perceptivo: de lejos, el cerebro recompone el gran retrato; de cerca, aparecen las pequeñas fotografías, los fragmentos de historias, los detalles que conforman el todo.

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Aldo Lamorte.

Nuevos públicos

La apuesta tecnológica también tiene una dimensión generacional. Según Lamorte, los algoritmos y los lenguajes digitales “nos acercan mucho a gente muy joven, preadolescente, que a veces es más difícil de captar, y sin embargo se enganchan”. En un contexto donde el arte contemporáneo busca nuevas formas de diálogo con sus públicos, “esta propuesta se inscribe como una experiencia que trasciende los límites de la sala de exposiciones tradicional y propone nuevas maneras de mirar”, asegura.

En Punta del Este, adquiere además un valor simbólico particular. En el correr de 2026, la recordada protagonista de Esperando la carroza recibirá homenajes que celebrarán su legado cultural, y China, teselas de vida se suma a ese reconocimiento desde una perspectiva innovadora. No se trata solo de recordar a la actriz uruguaya, sino de interrogar la forma en que la memoria se construye, se fragmenta y se recompone en la era digital.

Para Lamorte, este proyecto sintetiza décadas de investigación y pasión. “Es una alegría poder estar compartiendo esta muestra, donde convocamos a reflexionar acerca de la percepción y de nuestra realidad, juntando también los afectos y las emociones de China Zorrilla”, concluye el autor de una obra que invita a mirar de otra manera.

¿Cuánto de lo que vemos es real y cuánto una construcción?

La propuesta de Lamorte no se agota en el homenaje ni en el despliegue tecnológico. En China, teselas de vida late también una reflexión sobre el tiempo y la fragilidad de la memoria. Cada “tesela” -cada pequeña fotografía que compone el gran rostro de la actriz- funciona como un fragmento de historia que, por sí solo, podría pasar desapercibido, pero que en conjunto recupera una presencia que sigue viva en el imaginario colectivo.

“Cuanto más se aleja uno de la obra ve más detalles, el cerebro recompone más y reinterpreta más cosas; y cuando uno se acerca aparecen las imágenes concretas”, explica Lamorte, describiendo un proceso que no es solo visual, sino también emocional.

Ese movimiento -alejarse, acercarse, volver a mirar- reproduce de algún modo el mecanismo de la memoria: recordar es siempre un ejercicio de recomposición. En este sentido, la muestra dialoga con una pregunta central en la obra del artista: ¿cuánto de lo que vemos es “real” y cuánto es una construcción subjetiva?

Para Lamorte, la percepción es una experiencia cargada de historia personal, de afectos y de contextos culturales. Y el rostro de China Zorrilla, en esta muestra que ahora puede verse en Punta del Este, se convierte en un territorio para explorar esa complejidad.

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