"Democracia, mire usté, según la lengua española traducida al castellano quiere decir demos, como quien dice dimos y si dimos con qué nos quedamos y cracia viene siendo igual, porque no es lo mismo don Próculo se va a las democracias que demos cracias que se va don Próculo``.
El parlamento pertenece a la película Si yo fuera diputado (1951), donde el actor mexicano Mario Moreno demuestra, una vez más, por qué la Real Academia Española no tuvo otra que agregar el término "cantinflear" en el diccionario para definir la particular labia de su más conocido personaje.
México se ha volcado a celebrar esta semana el centenario del nacimiento de Moreno, quien hizo del hablar sin sentido una nueva forma de comedia. Y es que Cantinflas se ha convertido en objeto de estudio académico en un intento por explicar el carácter de los habitantes del país azteca.
Carlos Monsiváis, ensayista y escritor recientemente fallecido, decía que en la década del 30 el cine mexicano empezó a incluir el habla popular, hasta entonces marginada y considerada de mal gusto. Y Cantinflas fue uno de sus principales representantes en ese momento, cuando el 33,9% de la población era analfabeta.
"Cantinflas es, casi literalmente, la erupción de la plebe en el idioma", dijo Monsiváis en 1997.
"Mario tuvo esa genialidad de captar al mexicano que siente que no está lo suficientemente documentado ni tiene una cultura muy vasta, sin embargo, su forma de hablar lo lleva a querer dar la apariencia de que sabe, cuando realmente no sabe nada", dice en tanto Xavier López, un comediante mexicano.
Durante su carrera hizo 51 películas y cortometrajes. Dos films en Estados Unidos le bastaron para ingresar al imaginario anglosajón. La vuelta al mundo en 80 días le valió un Globo de Oro en 1957 como mejor actor de comedia y en 1980 obtuvo su propia estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood. En base a AP