Calera de las Huérfanas: Uno de los vestigios jesuíticos más importantes del país tendrá techo nuevo

Tras un largo proceso de consolidación de los muros, comenzaron a instalarse las estructuras metálicas que sostendrán la cubierta de la capilla de la antigua estancia jesuítica del Río de las Vacas.

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Calera de las Huérfanas, en Carmelo.

Durante décadas, la capilla de la antigua estancia jesuítica del Río de las Vacas fue apenas un esqueleto de piedra recortado contra el cielo. Sus muros altos, sin techo, resistieron lluvia, viento y abandono. Ahora, en la histórica Calera de las Huérfanas, a pocos kilómetros de Carmelo, una intervención busca darle nueva vida al monumento: tras un largo proceso de consolidación de los muros, comenzaron a instalarse las estructuras metálicas que sostendrán la nueva cubierta de la capilla, una de las etapas finales de un proyecto de restauración que involucra al Ministerio de Turismo, la Intendencia de Colonia y organismos patrimoniales.

La intervención forma parte del Programa de Desarrollo de Destinos Turísticos Emergentes que el Ministerio de Turismo ejecuta con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). El proyecto comenzó a gestarse en 2019, cuando se identificó la necesidad de intervenir en el sitio, cuya última restauración había sido realizada en 1943 por Horacio Arredondo.

La restauración de la capilla -el elemento arquitectónico más reconocible del conjunto- comenzó a ejecutarse a principios de 2025 y supuso varios meses de trabajo artesanal sobre las estructuras originales. “Primeramente se abordó todo el trabajo de consolidación de los muros: limpieza, recuperación y refuerzo de la estructura, que llevó varios meses”, señala la coordinadora del programa, Andrea Schunk.

Luego se avanzó en aspectos estructurales clave, entre ellos las aberturas y la futura cubierta del edificio. “Sin la cubierta no tendríamos cómo proteger ni dar sostenibilidad a toda esa inversión”, explica.

La etapa actual del proyecto consiste en la instalación de una estructura metálica que recrea la forma original de la bóveda de la capilla y sostendrá un techo liviano de policarbonato. La inversión total del programa ronda los $ 38 millones y la Intendencia de Colonia sumó otros $ 8 millones.

Pero las obras no se limitan al edificio religioso. El proyecto también incluye mejoras en todo el predio de la Calera de las Huérfanas, un sitio que concentra varias capas de historia. Ya se realizaron intervenciones en senderos, miradores y cartelería interpretativa, además de mejoras en el pequeño centro de visitantes y en los servicios para el público. “Se ha venido trabajando en el sitio en forma integral”, dice Schunk a Domingo.

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Calera de las Huérfanas, en Carmelo.

Enclave jesuítico

La historia de la Calera de las Huérfanas se remonta al siglo XVIII, cuando la Compañía de Jesús estableció allí la Estancia del Río de las Vacas, uno de los principales complejos productivos que la orden desarrolló en el territorio que hoy es Uruguay. Con unas 140.000 hectáreas, la estancia funcionaba como parte de la extensa red económica que sostenía las misiones jesuíticas en la región del Río de la Plata.

El establecimiento, ubicado a orillas del arroyo Juan González, incluía viviendas, patios, huertas, un molino y una capilla. Se estima que allí vivían y trabajaban unas 250 personas entre criollos, indígenas y esclavos africanos, dedicadas a la explotación ganadera, agrícola y a distintas actividades productivas.

La capilla era uno de los elementos centrales del conjunto. Su arquitectura revela características típicas de las construcciones jesuíticas rurales: paredes macizas, pequeñas aberturas en lo alto y una bóveda de cañón que cubría la nave principal. El nombre con el que hoy se conoce el lugar surgió algunas décadas más tarde. Tras la expulsión de los jesuitas de los dominios españoles en 1767, la estancia pasó a otras administraciones y, a partir de 1777, la producción de los hornos de cal del establecimiento fue destinada al Colegio de Niñas Huérfanas de Buenos Aires. De esa etapa deriva la denominación “Calera de las Huérfanas”, que terminó identificando a todo el sitio.

Además de su dimensión productiva, el lugar conserva otras capas de memoria histórica. Investigaciones arqueológicas realizadas en el predio hallaron restos vinculados a la antigua ranchería de esclavos, lo que permite reconstruir también la presencia de población africana esclavizada en el funcionamiento de la estancia.

“Es un sitio muy importante porque integra el Camino de los Jesuitas en Uruguay y en el Mercosur”, cuenta Cristian Pos, director nacional de Turismo. “Pero además es un sitio de memoria de la esclavitud en Uruguay, porque en las investigaciones arqueológicas se encontró mucha evidencia de esa etapa”, agrega.

Hoy, además de su valor histórico, la Calera de las Huérfanas se ha consolidado como uno de los puntos patrimoniales más visitados del oeste del departamento de Colonia. El predio integra distintos recorridos que permiten conocer tanto el pasado jesuítico del lugar como su posterior etapa productiva.

Uno de los circuitos recorre los restos del antiguo establecimiento misionero, mientras que otro conduce hasta los hornos de cal.

También existe un sendero natural que se dirige hacia el arroyo Juan González, un espacio menos conocido que las autoridades buscan poner en valor como parte de la experiencia de visita.

Según explica Schunk, el proyecto de intervención también apunta a mejorar la forma en que se cuenta esa historia a los visitantes. “El sitio tiene varias capas históricas y mucho para mostrar, por eso también se trabajó en cartelería, senderos y en el centro de visitantes, donde se presenta información sobre las investigaciones arqueológicas”, señala.

Su ubicación, además, lo conecta con otros atractivos turísticos del oeste coloniense, como las bodegas de la zona de Carmelo y la ruta del vino. “La idea es que esta recuperación permita generar más actividades y experiencias en torno al sitio”, concluye Pos.

Historias

Misterios en la antigua capilla

La Calera de las Huérfanas también está rodeada de relatos transmitidos por generaciones de vecinos. Una de las leyendas más conocidas cuenta que la Virgen de Belén, trasladada a Carmelo por José Gervasio Artigas, regresaba por las noches a su antigua capilla. Al amanecer, dicen, la imagen aparecía nuevamente en su nuevo templo, con el ruedo del manto húmedo y cubierto de abrojos del camino.

Otras historias hablan de gritos y lamentos que se escuchan cuando cae la noche, como si las paredes guardaran ecos de antiguas tragedias.

La tradición oral también menciona un túnel subterráneo que habría servido de refugio a los jesuitas.

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