el personaje

Alfredo "Chole" Gianotti: "Nunca pensé en una vida sin Abuela Coca"

A más de 25 años de los comienzos, el grupo musical que encabeza se despide del público. Su cantante y compositor se prepara para una vida sin el buque insignia.

Alfredo "Chole" Gianotti
Foto: Francisco Flores

Llega a su trabajo —en la Casa Inju, en 18 De Julio esquina Eduardo Acevedo— en una bicicleta que parece recuperada por la gente de Liberá Tu Bicicleta, los activistas que reparan “bicis” sin costo en el Velódromo. A más de 30 años de haber empezado a transitar por la música, Alfredo “Chole” Gianotti luce como un exponente de cierto ideal “hippie”: frugal, humilde, sin mayores pretensiones materiales y un apasionado del arte y la creatividad.

Luego de dejar encadenada la bicicleta, desciende por unas escaleras hacia lo que en su momento fue la bóveda del antiguo Banco de Crédito. Ahí está el estudio de grabación de Casa Inju, donde “los gurises”, como dice, van a plasmar sus inquietudes e ideas musicales. Gianotti oficia formalmente de técnico de grabación. En realidad, es una suerte de tutor que guía a los jóvenes en todo lo que tiene que ver con el desempeño en un estudio de grabación, pero también en el escenario. “Me hubiese encantado tener a alguien así cuando arranqué. Alguien que me dijera ‘poné el micrófono así, no asá; respirá, si no te vas a morir cantando’, cosas así”.

A pocos días de cumplir 51 años, reconoce que a veces se pone un poco condescendiente cuando conversa de música con sus alumnos: “Hace un tiempo, les decía que ellos no tenían bandas tan buenas como los de mi generación. Les mencionaba a Sumo o a Bob Marley. Me preguntaban, con sarcasmo, si no tenía ejemplos más viejos (risas). Y los desafié. Les pregunté qué banda actual me recomendarían y me dijeron 21 Pilots. Me fui a casa a escuchar ese grupo y, la verdad, me partió la cabeza. Ellos aprenden de mí, pero yo también aprendo de ellos”, dice.

Su trabajo con los jóvenes que se acercan al estudio derivó en el proyecto “Ciclo Sub20”, donde cuatro bandas seleccionadas grabaron dos temas y un videoclip cada una, y ya se presentaron en vivo en el local de 18 De Julio. Pero esa es apenas una de las tantas actividades de Gianotti. Además, colabora con otros músicos en las grabaciones sus discos como productor, y ya grabó la mayor parte del repertorio de lo que será su segundo álbum solista.

Pero el proyecto más importante que tiene actualmente es la despedida de la banda que lo identificó durante casi 30 años: Abuela Coca. Iba a ser un único concierto final en Sala de Museo el próximo 22 de diciembre, pero como esa fecha se agotó rápidamente, se agregó la del 23. Serán, entonces, dos los conciertos que oficiarán como las instancias finales de un grupo que arrancó a principios de la década de 1990 y que inauguró -en el rock uruguayo- la fusión de la parte más intensa y pesada del género con el pulso bailable y más luminoso de diferentes estilos tropicales, donde los instrumentos de viento son preponderantes.

Eso, en las primeras épocas de Abuela Coca, descolocaba a más de uno. Gianotti recuerda una presentación en Villa Biarritz, donde la banda tocaba un tema llamado Sin palabras, que tiene una parte punk y otra con un arreglo más tropical. “Se armaba un pogo entre los punkies en la parte más rock de la canción. Pero cuando entraba la salsa, quedaban... (hace un gesto de desconcierto)".

La banda se había formado al influjo de la estela de efervescencia creativa que se dio luego del fin de la dictadura. Una época, dice Gianotti ahora, en la que hubo lo que él llama “un tsunami de libertinaje”. “No había un organismo capacitado para hacernos entender tanta libertad repentina. La actitud era ‘vamos a hacer todo’. Y en mi generación, muchos quedaron en ese mundo, ahogados por esa ola. Sobre todo por la gran cantidad de drogas fuertes que había. Lo que no había era información sobre eso”, comenta ahora.

la banda

Resumen histórico y canciones

Desde 1992 hasta hoy, Abuela Coca editó siete títulos oficiales: Abuela Coca, Después te explico, El ritmo del barrio, El cuarto de la Abuela, Asesinosson, Vos y 20 años. Son muchas canciones, y para “Chole” hay tres que son particularmente importantes. “Cada uno tendrá sus canciones favoritas de la banda, y si le preguntás a alguien de nuestro público, posiblemente te digan Santa Soledad o Asesinos son. Pero si tengo que elegir tres temas, uno es La cotorra (1996), que fue nuestro primer caballito de batalla. Luego Walking (2001), un candombencito, y de esta última etapa Patotero silencioso (2015), que es la última canción que grabamos”. Luego de la edición independiente de El ritmo del barrio en 2001, la banda llegó a integrar el circuito de festivales europeos, y realizó seis giras por ese continente, tocando en países como Suiza, Alemania, República Checa y Eslovenia, entre muchos otros. “A veces, cuando estábamos en una de esas giras, comentábamos sobre lo lejos que nos había llevado la música”, rememora el cantante mientras mira fotos y recortes de diario. Sobre por qué Abuela Coca se despide, Gianotti es más escueto: “Fue una decisión colectiva”.

Antes de ser uno de los fundadores de Abuela Coca, Gianotti ya había formado parte de bandas como Franco Francés, Industria Uruguaya y La Banda Pi, había “teloneado” a la figura de culto Gustavo “Príncipe” Pena y también era integrante de El Congo, que por entonces se llamaba Kongo Bongo y había sido la banda elegida para abrir el concierto de Mano Negra en Uruguay, en 1992. Gianotti recuerda que los cuatro días junto a Mano Negra fueron “un bombazo”. “Fue la primera vez que me enfrenté a un gran show, con una gran banda, que tocaba de todo al mismo tiempo. Me abrió la cabeza y de ahí en más me propuse seguir experimentando”, recuerda.

El Congo le estaba resultando demasiado acotado estilísticamente. Entonces se puso a armar otra agrupación, que fuera más allá del reggae. “En realidad, me despidieron. Me llevaron el bajo a casa y me dijeron que todo bien, pero que iban a seguir sin mí”. De ese despido nació Abuela Coca, que se consolidó como agrupación en 1992. Pero aunque lo despidieron, la buena onda entre los músicos permaneció, porque algunos de El Congo se sumaron a la idea de Abuela Coca, y Gianotti volvería integrar la banda de reggae después.

Abuela Coca sacaría su primer disco, autotitulado, en 1996 y en 1998 saldría Después te explico, publicado por el sello multinacional Sony. El mismo año que Abuela Coca sacaba su segundo álbum en un sello importante, otra banda que también tenía una sección de vientos en su propuesta debutaba discográficamente: La Vela Puerca, con Deskarado.

—Desde afuera y a la distancia, da la impresión que Abuela Coca fue la que de alguna manera inventó el “rock con trompetas” en Uruguay pero que fue La Vela Puerca...

—¿La que capitalizó eso? Sí, es así. Uno cuando es primero en algo tiene que superar muchas cosas, más allá del orgullo que tiene ser pionero.

—¿Y eso no te genera ningún tipo de resentimiento?

—No. Yo vi todo el proceso de La Vela, que abrió shows de Abuela Coca, y cuando pude los ayudé a conseguir toques. También estuve con Claudio Taddei en la producción del primer disco de ellos. Además, los movimientos no se forman con una sola banda, sino con varias.

Para él, ser protagonista es menos importante que ser un jugador de equipo. “Si vos seguís mi carrera, vas a ver que, por hablar en términos futboleros, jugué en todos los puestos. Si había que atacar, atacaba, si había que defender, defendía. Y si había que ser el aguatero, también. Yo me adapto a cualquier puesto. Fui el cantante de Abuela Coca casi que por casualidad, y luego cuando vino Gonzalo Brown quedó él como front man de la banda. Yo di un paso al costado”.

Dejarle el alto perfil a otros, o no lamentarse por no haber sido tan exitoso como otras bandas es algo que él en parte atribuye a sus años de terapia, y a cómo eso lo ayudó a “trabajar el ego”. “Hago terapia más o menos desde que se separaron mis padres, cuando tenía 14 años. Pero también la hago a través de la música. A veces le digo a mi psicólogo: ‘Escuchá las canciones que hago’. Para mí es importante hacer terapia, porque me enseña a trabajar conmigo, a darme cuenta de las cosas”.

Ahora que es padre de dos hijos de 5 y 3 años respectivamente, Gianotti tiene el reto de ser una figura paterna, y de hacerlo, al menos por ahora, por su cuenta ya que hace un par de años se separó. La madre de sus dos hijos vive en San José y él va y viene desde Montevideo un fin de semana sí y otro no. Pero a él le encantan los retos. “Difícil es todo. Todo es un reto. Eso de ‘vivieron felices y comieron perdices’ no se sostiene en el tiempo. Siempre pasa algo. El asunto es encontrar la salida, conocerte y aprender de los errores. El hecho que Abuela Coca ya no vaya a existir es otro reto, porque nunca pensé en una vida sin la banda. Pero con 51 años sigo teniendo ganas de seguir adelante, porque lo que más me gusta es volver a empezar. A mucha gente le da miedo eso, pero con ganas se logra. Y a mí me brotan las ganas”.

Elecciones

Sus cosas 

Un disco.“Soy muy ecléctico. Un día escucho a Zitarrosa, otro día a The Clash y otro a Fernando Picón”, dice Gianotti sobre sus gustos musicales. Pero más allá de su eclecticismo, también reconoce fanatismos. Y uno de ellos es Jaime Roos, de quien elige el disco Mediocampo. “Lo escucho desde la adolescencia”.

Un socio musical. “Por mi carácter de productor, me llevo bien con muchos tipos de músicos, pero si tengo que elegir uno a la hora de trabajar, ese sería Santiago Bolognini, exguitarrista de Once Tiros. Él trabajó conmigo en mi primer disco solista y congeniamos muy bien”, comenta Gianotti sobre una relación fructífera.

Un país. En sus giras europeas, Abuela Coca recorrió muchos países. Un lugar que lo impactó fue Suiza, en particular la ciudad de Davos: “Como un balneario de invierno, con una montaña muy alta y pistas para esquiar. Pero también me impactó Eslovenia y el norte de Alemania, donde nos encontramos con muchos punkies anarquistas”.

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