EL PERSONAJE 

Alberto Saravia: “La gente se apodera de mis esculturas”

Es uno de los escultores más prolíficos del país. Sus obras son populares y de bajo costo. Y representan las pasiones de los uruguayos: el tango, el fútbol, el carnaval y la política.

Alberto Saravia
Alberto Saravia tiene 47 años.

Su primera obra que tomó estado público fue la de Carlos Gardel, que hizo a pedido del Club Nacional de Football y se instaló en el Parque Central. Le siguieron otra del “Zorzal Criollo” en el bar Facal de 18 de Julio y Yi; la de Alfredo Zitarrosa en Pando, la de Luis Suárez en Salto; la de Alcides Edgardo Ghiggia (también en Facal); la del autor de La Cumparsita Gerardo Matos Rodríguez en el Museo del Tango y la de la Villa Yeruá de Malvín, donde otra vez representó al “Mago”, ahora junto a su amigo y compinche Irineo Leguisamo. Pero el escultor Alberto Saravia (47) no se detuvo ahí. Continuó con el desafío de recrear a figuras involucradas con las pasiones más arraigadas de los uruguayos: el fútbol, el tango, el candombe y la política.

Tras inaugurar en 2017 en Tres Cruces su representación del capitán del ‘50 Obdulio Varela (coincidiendo con los 100 años del nacimiento del “Negro Jefe”), presentó en enero de 2018, en el mismo complejo, una obra sobre Rosa Luna. Como ocurre con casi todas sus esculturas, inmediatamente el público comenzó a tomarse selfies con la icónica vedette del carnaval uruguayo. “Fue la primera mujer que llevé a una escultura. Y tuve una complicación extra: nunca había realizado una figura que estuviera tan expuesta físicamente. He visto vídeos de entrevistas que le hicieron a Rosa Luna y vi que era una mujer de voz muy dulce, serena. Había que retratar la esencia de ese monumento de mujer y no tanto su desnudez”, comenta el artista.

Conocedor de la riquísima historia de la estatuaria nacional, de los maestros que llevaron al bronce a las grandes personalidades del país, Alberto Saravia define mejor que nadie su estilo: “Las mías son esculturas humildes pero muy inclusivas. La gente se puede apoderar de ellas, tomarse fotos, porque por un momento traen a la vida a estas personas comunes que, poniéndole amor a su trabajo, hicieron cosas importantes para su país”.

Utilizando una mezcla de resinas, polvo de bronce y de mármol, junto con una armazón metálica, el escultor logra moldear sus figuras de forma “rápida” y sin que tengan costos exorbitantes de producción. “Hoy es muy difícil hacer esculturas de gran tamaño en bronce o en mármol”, advierte.

En 2019, antes de la pandemia que paralizó o ralentizó casi todo, presentó su obra más monumental: la de Wilson Ferreira Aldunate ubicada en la rotonda de ingreso al viejo Aeropuerto de Carrasco, la cual fue posible gracias al respaldo de la Intendencia de Canelones y el impulso del Partido Nacional.

Escultura Gardel
Escultura de Carlos Gardel en el Bar Facal de 18 de Julio y Yi.

Los orígenes

Alberto Saravia está casado y tiene tres hijos. Es de Montevideo pero vive en Pando, donde tiene su taller. Estudió publicidad y dibujo artístico. Y su acercamiento al arte fue a través de la formación académica. “Tuve búsquedas en la escuela Pedro Figari y también en Bellas Artes, pero al final estudié de forma particular, porque el tipo de dibujo que a mí me gustaba, que era el figurativo, no estaba muy marcado hace 30 años. Se enseñaba una onda muy abstracta o más vanguardista que lo que a mí me gustaba. Si bien me encanta el arte abstracto y quizás lo podría hacer, me atrapa mucho la figuración, que en ese momento no estaba muy de moda en el país”, dice Saravia a Revista Domingo.

A partir de esa coyuntura, decidió estudiar dibujo artístico en la Escuela Continental, creada por el muralista Esteban Garino, uno de los maestros de su época, al que conoció cuando ya era una persona mayor. “Vengo de una familia más bien tirando a pobre. En ese tiempo vivía en Villa García, en el kilómetro 21, en un barrio más bien alejado de Montevideo. Es el último barrio sobre la Ruta 8, porque después ya empieza Canelones”, comenta el escultor.

Uno de los primeros trabajos que tuvo y que lo vinculó al arte fue el de aerografista. “Se trata de una pintura con aire, que antes se utilizaba mucho para hacer carteles y diseños en autos, casas rodantes y camiones. Se consideraba un arte menor, aunque es un poquito más complejo que el grafiti”, aclara.

Escultura Obdulio
Obdulio Varela en Tres Cruces.

El cine y el carnaval

Saravia trabajó un año para los Zíngaros haciendo escenografías, a pedido de “Pinocho” Sosa. “Lo hice más que nada para probar. Yo sé hacer muchas cosas: pintar en pared, decoración de interiores, muralismo, pintura automotriz”, comenta.

A lo largo de 15 años tuvo un taller de chapa y pintura. Y durante ese tiempo, un cliente suyo ganó en Argentina un premio en el concurso de tuning del programa El Garage TV. “Eran cosas que se cobraban muy bien, los autos se modificaban todos con fibra de vidrio, haciéndolos más deportivos y llamativos”, recuerda.

Después participó en la película uruguaya Clever (2015), que fue seleccionada para competir en los Premios Goya 2017 en la categoría Mejor Película Iberoamericana. El filme cuenta la historia de Clever Pacini, un padre divorciado, practicante de artes marciales y fanático del tuning. En el pueblo de Las Palmas (un nombre ficticio que se le otorgó a la localidad de San Antonio, Canelones), conoce a Sebastián, el dueño de un gimnasio de musculación, quien le decorará su Chevette para una competencia de vehículos tuneados.

“El proyecto se empezó en 2013 o 2014. Finalmente, fue elegida como la mejor película uruguaya de 2016 y ganó muchos premios en el extranjero. Yo hice todos los carteles, los dibujos y las modificaciones de los autos. Fue una linda posibilidad, estuvo muy bueno”, dice sobre aquella experiencia cinematográfica con la cual se sintió muy identificado.

También ha colaborado con otros escultores conocidos, entre ellos Ignacio Iturria. “Trabajé para un par de artistas y he restaurando varias obras para galerías, muchas de las cuales pertenecen a un escultor belga”, sostiene.

Escultura Wilson
Escultura Wilson Ferreira Aldunate.

Sus próximos desafíos

En octubre de 2020, la Junta Departamental de Montevideo aprobó la colocación de un monumento en homenaje a Joaquín Lenzina - más conocido como “Ansina”- en la rambla República Argentina entre Paraguay y La Cumparsita. La obra también le fue propuesta a Alberto Saravia, quien aceptó con gusto el desafío.

En 2018, a partir de la gestión realizada por un particular ante el Ministerio de Educación y Cultura, la Intendencia resolvió cambiar el nombre del monumento a Ansina que se encuentra desde hace décadas en la Plaza de la Democracia, popularmente conocida como Plaza de la Bandera. Esa pieza escultórica, perteneciente a José Belloni, representa en realidad a Manuel Antonio Ledesma, un lancero artiguista que durante años fue confundido con Ansina. Por eso, la obra del Barrio Sur responderá a un reclamo histórico de la comunidad afrodescendiente. “Está el lugar designado, se va a hacer una plaza. Pero por ahora no están los rubros para la escultura”, aclara el artista.

Desde hace años, Saravia tiene otro proyecto pendiente: el de una escultura del futbolista que lideró la selección uruguaya en las conquistas de las medallas de oro en los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928, así como en la Copa del Mundo de 1930, José Nasazzi. No quiere dar demasiados detalles al respecto, pero ya tiene un bosquejo acabado del futbolista y, al parecer, es solo cuestión de tiempo para que se materialice.

“Me parece que una escultura monumental de Nasazzi sería ideal ahora que se está publicitando el Mundial 2030. Va a tener una altura de 2,70 metros y una estructura en hierro para soportar los más de 300 kilogramos de arcilla que necesita”, comenta. Y como todo creador de espíritu inquieto, sigue pensando en grande: “Otro de mis proyectos es continuar con las esculturas monumentales como la de Wilson, pero mi idea ahora es que sean itinerantes y que se puedan llevar a distintos puntos del país, también para exhibirlas al aire libre”.

Rehén involuntario en una polémica política

En setiembre de 2018 fue protagonista involuntario de una polémica política, luego que el entonces intendente Daniel Martínez anunciara que colocaría una escultura del maestro Óscar Washington Tabárez en la explanada del Palacio Municipal. La administración ya tenía avanzadas las conversaciones con Saravia, aunque la iniciativa no contaba con el apoyo de la Junta Departamental ni el respaldo de la ley orgánica municipal, que no le permite a la comuna homenajear de esa manera a una figura pública de la actualidad.

Incluso desde el Frente Amplio la idea fue cuestionada. El exintendente Mariano Arana dijo que “no es habitual que se estén otorgando nombres de calles o la realización de esculturas que reproduzcan a una determinada personalidad que esté viva. Y mucho menos que se determine también en qué lugar colocarla”. En tanto, Pablo Ferrer, director de Tránsito de Montevideo durante la administración Martínez desde 2015 hasta marzo de 2017, opinó que erigir ese monumento era “un despropósito”. “Me da la sensación que se quiere aprovechar las circunstancias y una oportunidad de algo que tiene un arraigo tan popular como el fútbol”, dijo Ferrer.

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