FICCIÓN SOBRE EL PASADO RECIENTE DEL URUGUAY

Valentín Trujillo en modo novela-rock

Música, guerrilla, y una sociedad enfrentada, los ingredientes de esta novela del escritor Valentín Trujillo que encuentra un nuevo lenguaje.

Valentín Trujillo (Foto:Darwin Borrelli)
Foto:Darwin Borrelli

Entre los axiomas que palpitan al seno de toda revolución, hay uno que define el mapa de la acción por venir. El tema de la vía: si armada o si pacífica. El imperio británico cayó a manos de los hindúes por una inquebrantable resistencia pacífica. Las democracias sociales nórdicas lograron el mejor bienestar del mundo sin disparar una bala. Hoy Venezuela se desangra como consecuencia de la política de un caudillo militar, que una vez llegada su hora, no supo conciliar. En Uruguay, en tiempos de la guerrilla, no consta que la oposición de las vías haya gravitado a la interna de los movimientos, siquiera que haya sido sopesada (esto, menos por omisión de agenda que por la propia naturaleza del movimiento: guerrillero, ergo armado). La literatura testimonial de este periodo rebasa los límites de cualquier lector; de cualquier lector exigente. Habrá que dejar pasar por lo menos medio siglo, y que las aguas corran y se lleven la rémora de hacer de la literatura una expresión ideológica, o del hecho creciente de infligir discursos ajenos al arte a conciencias no siempre atentas a la esencia inherente a una obra. Conciencias deseosas de escuchar a un líder, aunque raras veces a un verdadero escritor. Recordemos el Oblivion de Edda Fabbri, de los pocos libros excepcionales que aluden a este periodo. Su carácter testimonial (crónica de una presa tupamara), brilla con luz propia. Una luz que se nutre menos de las cenizas del lamento que de las chispas que hacen del cautiverio una experiencia conmovedora. Oblivion es un resguardo humano, poético, balsa o remo del naufragio carcelario. Pero Revolución en sepia, la novela de Valentín Trujillo, no es un libro testimonial.

EL ÚLTIMO RECURSO.

Se trata de una ficción oblicua, un drama histórico musical basado en hechos que pudieron suceder o no, pero verosímiles siempre. Es la crónica de casi un guerrillero, quien justo antes de lanzarse a la aventura armada transfigura el fusil en guitarra (tapa del libro sic), apelando a la música como vía. El arte representa un último refugio, un último recurso frente a las armas, y provisionalmente lo salva, cuando el acero bélico es fundido y vuelto cuerda en la guitarra. El influjo idealista de los Beatles corre por estas páginas como luz y espejo de lo que sucede en Los Shepards, una imaginaria banda musical por completo asimilable a Los Shakers, réplica morosa de los Beatles en el Río de la Plata y de la cual es sucedánea la novela.

Mariano, cantante de Los Shepards, hijo de un acaudalado ministro del gobierno, está en la mira de un grupo guerrillero. La operación del secuestro es asignada a Alberto, para lo cual debe infiltrarse en la banda como músico. Alberto sortea la prueba de admisión de forma unánime y la alquimia que se prodigan con Mariano es inmediata, recíproca, y la reminiscencia entre Paul y John, obvia. Alberto se siente cómodo, ensayan, tocan, y una noche vacila en su propósito. Después de un concierto funesto (se incendia un local), le confiesa a Mariano su misión. Secuestrarlo. Mariano, que en principio se asombra, finalmente lo indulta, y aun pergeña una idea maestra. Fingirán el secuestro, le dice, cobrarán el rescate que pagará su padre y marcharán a Buenos Aires a grabar un disco.

El libro es también la historia de dos ciudades (a decir de Dickens), unidas por el sino de la tristeza, las músicas, los ascendientes en común y un nunca resuelto sentimiento de los orientales hacia los porteños. Los músicos llegan a Buenos Aires y “sacan pecho como gorriones en la cumbre de un basurero.” “Si Montevideo era un Shangrilá detenido en el tiempo, donde se promovía el envejecimiento prematuro […] Buenos Aires era la Sodoma/Gomorra que tenía el lupanar más perfecto, la piel más pura, el teatro más rimbombante. El sitio eternamente anhelado, socialmente rechazado, secretamente envidiado.” Trujillo interpela la más deliberada aversión del uruguayo prototípico por el argentino de Buenos Aires (a esta altura es deporte nacional), articulando pasajes reflexivos con ensayistas como Ángel Rama, o Rodríguez Monegal, quien se considerara a sí mismo un desterrado vocacional. Aunque no lo cita, es plausible también la influencia de Methol Ferré, y de un libro clave pero poco leído, El Uruguay como problema. “¿Hasta dónde llega la dignidad de un enano?” “¿Dónde estaba esa reserva de arrogancia inmerecida?” “Los enanos traducían el resentimiento de la lotería natural que los había condenado desde el parto en un orgullo humilde que esconde aguas oscuras, donde se fermenta una secreta agresividad, retorcida y perversa”.

Mágico sentido inesperado.

Con gran acierto descriptivo, coexisten en el libro los cuadros costumbristas de ambiente urbano y los ritos de una secta, las bromas de tono político y las cifras del tarot, el furor colectivo de los conciertos y el amor al prójimo, la dificultad emocional y la sobredosis de mujeres. El autor trasiega lugares por todos conocidos (Montevideo, Buenos Aires, Punta del Este; Barrio Sur, Corrientes, la costa atlántica) e imprime al mundo cotidiano un mágico sentido inesperado. Hay declinaciones humorísticas y cierta sagacidad que hacen del lector un cómplice, una inusual frescura de estilo que constata la afinidad de Trujillo con Felisberto Hernández o Paco Espínola antes que con Horacio Quiroga o Juan Carlos Onetti, padres seculares de la literatura uruguaya. El movimiento en asuntos políticos es siempre tangencial, dando un espectro múltiple de voces, abordando sin postura a priori temas de acostumbrada gravedad, lejos del dogmático enjuiciamiento en A o B, incluso en ni A ni B (recuérdese a Onetti calificando de estúpidos a los yanquis y a los rusos: como si Tolstoi, Melville o Stravinsky no hubieran existido). Así, el rescate de un falso secuestro se convierte en el origen de un disco, un verdadero secuestro es levantado por fans que al último se arrepienten (al presentar el ídolo una fundición imperdonable de rock y de candombe). Hay dos músicos que se besan en un bosque, hay otro que dice tener un conejo invisible, hay cuatro veteranos de la guerra del 4, maquillados, en un programa de televisión (reclaman una pensión) que son sencillamente considerados “marcianos”. Por fin, las ceremonias de desapego en un retiro espiritual redimen de tanto vaivén material a Mariano, que se convierte en pescador y concibe un hijo. Lo cual, lo mismo que a Alberto, no lo exime de un final trágico.

El libro ondula en el mar agitado del pasado reciente, con una serie polifónica de registros, variando la mira por la que el lector suele asomarse a estos temas, no por muy trillados definitivamente agotados. Ni la novela de trinchera a lo Gioconda Belli ni el descargo equívoco de un explicador de la dictadura. Irreverencia, podría ser la palabra. Con conocimiento de causa(s).

REVOLUCIÓN EN SEPIA, de Valentín Trujillo. Literatura Random House, 2019. Montevideo, 285 págs. Distribuye Penguin Random House. (El autor de esta reseña colaboró en la revisión editorial de la novela).

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