Riqueza y riquezas

Una historia de los ricos para el mundo actual, rigurosa y también amena para el lector general

Del economista Guido Alfani

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Rico McPato, el estereotipo del rico avaro que creó Walt Disney en 1947
Disney

por Juan de Marsilio
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Desde hace milenios vivimos en un mundo de ricos y pobres, y esa desigualdad implica consecuencias. En Como dioses entre los hombres, el historiador económico Guido Alfani (Italia, 1976) estudia, desde la antigüedad hasta el presente, quiénes han sido los ricos, por qué vías se han enriquecido, cómo han evolucionado la creación y distribución de la riqueza, así como también la movilidad social, cómo han percibido a quienes no son ricos y qué utilidad social tienen ellos. El título de la contratapa, ¿Para qué sirven los ricos y qué debemos hacer con ellos?, anticipa el espíritu del libro.Riqueza y riquezas. Hay tres clases de riqueza. La personal consiste en las virtudes, habilidades y destrezas del individuo. La relacional depende de las conexiones del sujeto con otros, capaces de ayudarlo a lograr sus fines. En tercer lugar está la material: tierras y bienes raíces, ganado, medios de producción artesanal y luego industrial y, más acá en el tiempo, capital acumulado en dinero. En los pueblos cazadores y recolectores, predominan las riquezas personal y relacional, que no se heredan de modo automático, sobre todo la primera. Con las sociedades ganaderas y agrícolas, empieza a predominar la riqueza material, mucho más heredable, y da inicio un proceso de concentración de las riquezas aún en curso.
Para que a uno lo tengan por rico, hay que tener mucha más riqueza que la media de sus contemporáneos. Es un error plantearse que un trabajador de hoy come mejor que un rey del medioevo: hay que cotejar la dieta del rey y la del siervo. Alfani toma como medida haber acumulado diez veces más riqueza que la media de la comunidad. Esa riqueza, al poder legarse, permite dinastías de ricos: los patricios de Roma, los nobles y los ricos terratenientes, industriales y financieros, cuyas familias constituyen una aristocracia incluso en los países democráticos y que, en las monarquías, entre los siglos XVI y XIX, buscan el ennoblecimiento, incluso comprando títulos. Estas familias aristocráticas tienden, por interés y/o por trato frecuente, a emparentarse entre sí, concentrando la riqueza.Gastar y ahorrar. Los ricos pueden hacer dos cosas, opuestas entre sí, que los pobres no: gastar y ahorrar mucho más que la media. Y los menos pudientes critican ambas cosas, por sobre épocas y cosmovisiones, desde la Grecia politeísta a la actualidad agnóstica, pasando por la Edad Media cristiana. Hoy este consumo y ahorro a gran escala, basados en una producción y acumulación de riquezas en continuo aumento, topan con el límite ecológico. Urge repensar la economía global, ricos incluidos.

Destrucción. La riqueza también se destruye. Cuando la epidemia de aftosa en Uruguay (2001), hubo que sacrificar mucho ganado. Los cataclismos, pestes y guerras destruyen riqueza, y en mayor medida de los ricos, sólo porque tienen más riqueza junta para ser destruida, lo que reduce algo los índices de desigualdad, como pasó tras la Peste Negra del siglo XIV y la I Guerra Mundial. Además, el progreso técnico, como formuló el economista austríaco Joseph Schumpeter (1883–1950) causa la “destrucción creativa”: el industrial que abre una fábrica con telares a vapor destruye la riqueza de los tejedores artesanales. Larga duración y cambio. Alfani investiga y fundamenta, además de la tendencia de los ricos a ahorrar y gastar en grande —en especial para con los financistas, tenidos por usureros—, la destrucción creativa que causan los innovadores, junto a otros fenómenos de larga duración. A lo largo de los siglos son constantes las tendencias de los ricos a tomar el poder político —el Trump actual— o a influir sobre él, incluso mediante el soborno. Pero la progresiva finacierización de la riqueza a partir de la baja Edad Media, profundizada en la era de los descubrimientos y las revoluciones industriales, ha obligado a un cambio de perspectiva, incluso en los teólogos medievales que condenaban el prestar a interés: el banquero podía ser virtuoso, pues con donaciones y aportes era un “granero de dinero” para los tiempos de crisis. Ejemplos: Cosme de Medici salvando a Florencia de la bancarrota en 1434 y J. P. Morgan conjurando el pánico bancario de 1907 en los EE.UU. Aunque esto está cambiando.

Donaciones e impuestos. No son pocos, en distintas épocas, los ricos que, en vida o post mortem, han donado gran parte e incluso el total de sus riquezas, por razones religiosas, filantrópicas o en busca de alcanzar fama póstuma y legar influencia social a sus descendientes. Alfani apunta que la donación no siempre es desinteresada: muchas veces es una forma de evadir impuestos. El debate entre donaciones e impuestos campea incluso entre los ricos. Warren Buffet, Bill Gates y otros grandes millonarios han lanzado “The giving pledge” (La promesa de dar), en la que se comprometen a donar póstumamente la mayor parte de su fortuna (y varios tienen ya fundaciones benéficas). Por otra parte, otros ricos no tan ricos han lanzado la iniciativa “In taxs we trust”, (En los impuestos confiamos), que juega con el “In God we trust”, (En Dios confiamos), de los billetes de dólar, que aboga por una fiscalidad más progresiva en la que los ricos no sólo aporten más en valor absoluto, sino sobre todo en proporción. Alfani es partidario de una reestructura fiscal, por ser pasible de mayor control gubernamental.

Pánicos y quiebras. Hasta aquí, las crisis financieras han dañado a ricos y pobres. Pero algo está cambiando. El peso de las megaempresas y de los grandes bancos es tal que, de quebrar, afectarían tanto el crédito y el empleo que los gobiernos optan por rescatarlos, como se ha visto en la crisis de la burbuja inmobiliaria de 2007–2008 y la pandemia del Covid 19. Se da la paradoja de que la codicia especulativa de los grandes financistas debilita y protege a sus empresas, que “no pueden quebrar” sin causar gran daño, y cuyas deudas paga el contribuyente.
Como dioses entre los hombres es útil para quienes estén preocupados por la difícil encrucijada del mundo actual. El libro es riguroso. La relativa aridez de los estudios económicos se compensa con amenidad, algo que agradecerá el lector no especializado.

COMO DIOSES ENTRE LOS HOMBRES: Una historia de los ricos en Occidente, de Guido Alfani. Ático de los libros, 2024. Barcelona, 586 págs.

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