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Un poema para Omar Correa, el bailarín que renovó el tango

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Omar Correa

Obituario II

Formó bailarines que hoy se destacan en el mundo.

Maestro de maestros. Su aporte estético contribuyó al resurgimiento del tango en Uruguay. Formó camadas de bailarines que hoy son formadores de esa legión que crece y se destaca en el exterior. Desde 1990, cuando el impracticable tango oriental iba camino al ocaso, Omar Correa (1947-2022) prodigó una nueva forma de bailar —dialógica, plástica, elegante— alumbrando de nuevo el género con el abrazo, la postura, la forma de caminar. Alumno de Mingo Pugliese, legendario bailarín argentino, fue acusado de porteño, de cajetilla, de cómplice de un estilo foráneo. Él pasó por alto a los indignados y formó escuela en el Solís, en Joven Tango, en clases particulares, en boliches, en salas de teatro. Vivía inventando nuevos pasos. Bailó años con Elena Vilariño, dando lo mejor en performances inolvidables. Vivió en Francia, país que amó y al que solía retornar.
Va un poema del autor de este obituario dedicado a Correa:

Tango del bailarín cansado

                                                      A Omar Correa

Quieto; en la pista.
De afuera se preguntan.
¿Es artista?
Lo auscultan.
¿Qué tiene?
¿Qué se cree que le viene?
No se mueve.
Un tango hay que le duele.

Quieto, en la pista,
el bailarín es un artista.
Magia de quietud.
Espera.
Para los otros,
los de afuera,
son los años,
los daños de añorar la juventud.
Nosotros,
que soñamos,
sabemos que es nomás un sueño vago.

En la pista, quieto,
gana su respeto.
Camina, lento,
firme con su acento.
No se arrima
al velocista
de treinta pasos
por minuto.
De otro árbol
es su fruto.
No hay mujer que se resista
a su abrazo
cerrado.
Casi remangado.

Quieto, en la pista,
el bailarín es un artista.
Y aún cansado.

                                        por Daniel Morena

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