Romeo, Julieta y los vampiros

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Andrea Blanqué

TARDE O TEMPRANO sucedería. La serie de Harry Potter llegaría a su fin, y quedarían miles y miles de adolescentes sedientos de nuevos libros enormes para devorar. Y no tardó mucho en llegar una saga heredera y competidora, aun cuando todavía estaba jugando sus cartas de triunfo J. K. Rowling en las listas de los más vendidos del diario The New York Times.

Se trata de la serie de novelas iniciada con Crepúsculo (2005), y continuada por Luna Nueva (2006), Eclipse (2007) y Amanecer (2008), escritas por una autora debutante, la joven norteamericana Stephenie Meyer, nacida en 1973. Hoy, constituyen un rotundo best-seller que ya tiene su exitosa adaptación al cine.

Sus lectores son más bien de libro, de grueso libro de papel que produce adicción, pero utilizan Internet para hablar de su fanatismo. Hay fans, por ejemplo, que cuentan las horas que les llevó leer cada novela. Llama la atención los miles de comentarios que se suceden en Facebook o en Myspace sobre el héroe de Crepúsculo, el bello Edward Cullen. La opinión generalizada en Internet es que estos libros se leen de un tirón, y que ni bien se termina uno ya se quiere empezar a leer el otro.

Esto había sucedido con Harry Potter, aunque la diferencia entre la saga de Stephenie Meyer y la de J. K. Rowling es sustancial. Harry Potter comenzó siendo literatura para niños, con el típico huérfano de los cuentos de hadas como protagonista. A medida que avanzaba la saga el personaje crecía y aparecía la adolescencia como cuestión. En el caso de Crepúsculo, desde su comienzo Stephenie Meyer concibe un mundo absolutamente adolescente: Bella Swan, la protagonista, es una chica de diecisiete años, de padres divorciados, que va al liceo y vive el vértigo del placer de descubrir el amor y el deseo. Pero, continuando la tendencia de Harry Potter, Stephenie Meyer se juega a una literatura fantástica endeudada con la mitología y las leyendas. En lugar de magos superdotados aquí hay vampiros.

OTROS VAMPIROS. Toda la saga de Crepúsculo trata sobre vampirismo, aunque poco tiene que ver la serie de Meyer con el tremendo Drácula de Bram Stoker -obra maestra del terror- ni con los sangrientos libros de Anne Rice.

Las obras que en estas novelas de Meyer se citan explícitamente son Romeo y Julieta, de Shakespeare y Cumbres borrascosas, de Emily Brontë. Esto nos indica que más que una historia sobre tarascones con colmillos, Crepúsculo y sus continuaciones son una gran historia de amor. Porque se trata de eso: la saga de Stephenie Meyer tiene muchos ingredientes de novela romántica.

Tal vez el mérito mayor de estos libros sea la combinación de un mundo absolutamente normal con ese perturbador mundo de vampiros y hombres-lobos. Porque Bella, humana, además de amar a Edward, un vampiro, también siente una poderosa atracción por su amigo Jacob, un indio quileute, que en verdad es un licántropo, enemigo de los vampiros.

La normalidad está muy bien descrita en la mejor de las novelas, Crepúsculo. Isabella Swan, hija de un matrimonio que naufragó cuando ella era una bebé, se muda desde el sur al estado de Washington, a Forks, cerca de la ciudad de Seattle. Es un lugar verde y lluvioso, donde prácticamente no aparece el sol (la descripción de la naturaleza es uno de los fuertes de la novela). Su madre se ha casado con un jugador de béisbol y deberá acompañar a su marido en las giras, así que la adolescente Bella se va a vivir con Charlie, su padre, que es un policía común y corriente, bonachón, que mira mucha televisión y no se cocina.

Pero en el liceo -minuciosamente descrito-, Bella conoce a un grupo de alumnos que le llaman la atención: los Cullen. Son cinco chicos y chicas de una belleza abrumadora, hijos adoptivos de un cirujano. Isabella sentirá una atracción tremenda por uno de ellos, Edward, que al principio se muestra hostil hacia ella. La historia crece a través de los diálogos (bien escritos y creíbles) y el resultado es que esos Cullen son una familia de vampiros que han logrado autocontrolarse para no alimentarse de sangre humana. Los civilizados Cullen -tan cultos, ricos y refinados- van de vez en cuando al bosque de cacería y se beben la sangre de un oso o un puma.

VAMPIRO ENAMORADO. Cuando el amor entre Edward y Bella se desata se hallan ante un problema aparentemente insalvable: el fuerte deseo erótico que los une es un peligro total para la integridad física de Bella. Edward, aunque aparenta 17 años, es inmortal como todo vampiro, no envejece y tiene en verdad cien años. Sin embargo, en su vida de vampiro no se había enamorado. Ahora deberá luchar contra sus deseos sexuales porque corre el riesgo de desear beber la sangre de su amada y entonces matarla. Es un amor grandioso que no puede concretarse. Se suceden los besos y los jadeos, pero se posterga el acto sexual. Una solución viable es que Bella también se convierta en vampira, pero la decisión se dilata hasta Amanecer, el cuarto libro de la saga, cuando una Bella casada con Edward ya ha consumado el amor, pero al quedar embarazada de un bebé sobrenatural que la destroza por dentro, está a punto de morir en el parto y es rescatada por el vampiro que la salva, dándole la inmortalidad al mismo tiempo que su ponzoña.

En Luna Nueva y en Eclipse, aparece con gran fuerza el personaje de Jacob Black, un adolescente de 16 años que pertenece a una reserva india. La familia de Jacob es en verdad una manada de licántropos, pero al igual que los Cullen, no hacen daño. Detestan a los vampiros, pero han establecido un pacto de no agresión con la familia de Edward, ya que estos no atacan a los humanos.

En Luna Nueva, Edward desaparece por muchos capítulos, dado que vive una profunda lucha interior porque considera que su amor es demasiado peligroso para Bella. Sin Edward, Bella sufre depresión, pero pasados unos meses la amistad de Jacob la rescata. Al mismo tiempo, Bella descubre que en situaciones de riesgo, donde fluye la adrenalina, ella siente en su interior la voz de Edward que la incita a salvarse.

Entonces Bella juega con la muerte, ya sea subiéndose a motos asesinas o tirándose de un acantilado hacia un mar embravecido. Alice, la hermana de Edward, que como vampira posee poderes mentales, tiene la visión de Bella cayendo y cree que se ha suicidado. Edward, devastado, se va a Italia adonde viven otros clanes de vampiros con la intención de que lo destruyan. Finalmente, Bella llega a Italia a rescatarlo y otra vez parece recomponerse la pareja.

Aquí termina Luna Nueva. Pero en Eclipse, Stephenie Meyer muestra la ambigüedad adolescente. Bella tiene a Edward para sí, es su novio oficial, este se cuela todas las noches por la ventana para meterse en la cama de Bella y mirarla dormir, se dan unos besos interminables, pero no hacen el amor porque Edward pone límites. ¡Increíblemente, en el siglo XXI, el chico quiere esperar a casarse!

Sin embargo, los vírgenes Bella y Edward viven un romance profundamente sensual. Como si fuera poco, ella experimenta intensas sensaciones con su amigo Jacob. Hay una escena en una carpa donde los tres personajes parecen vivir un triángulo amoroso. Bella está casi congelada, Edward no la puede salvar porque él como vampiro tiene el cuerpo siempre helado, entonces Jacob, que como licántropo tiene una temperatura de 48 grados, se mete en el saco de dormir de Bella y la regresa a la vida. En una oportunidad Bella y Jacob se dan un beso que supera a cualquiera de los que Bella le ha dado a Edward.

Pero finalmente, Bella y Edward se casan. Ello sucede en el cuarto volumen, Amanecer, llamado así porque Bella en él empieza su vida como vampira. No sólo se casan sino que tienen una beba maravillosa, mitad humana mitad vampiro, inmortal.

CREPÚSCULO, UN AMOR PELIGROSO, 2006, 504 págs. LUNA NUEVA, 2007, 573 págs. ECLIPSE, 2007, 623 págs. AMANECER, 2008, 827 págs., de Stephenie Meyer; todos publicados en Buenos Aires por Alfaguara. Distribuye Santillana.

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