Poesía uruguaya

Poemas a la manera de crónicas trash: Santiago Pereira y su Montevideo de muertos vivientes

Los poemas se presentan como las ecolocalizaciones de los murciélagos, emulando la forma de ubicar el entorno a partir de vibraciones

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Santiago Pereira
(foto Paola Scagliotti)

por José Arenas
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Puede recordarse la canción “Strange fruit”, que cantaba Billie Holiday (1939, sobre letra de Abel Meeropol), en la que la intérprete habla del extraño fruto de un árbol, único y ominoso. Una vez que uno se ha adentrado en el tema, sabe que esa fruta que pende de las ramas de un árbol son cuerpos. Los negros del Sur norteamericano, víctimas del linchamiento, aparecen meciéndose al viento del aire musical en esta canción de protesta salida de una de las grandes voces del jazz.

En Montevideo parecen haber crecido estas frutas raras. En la ciudad, los árboles siniestros se han poblado de cuerpos que agonizan en una condición de “no muertos” mientras el viento húmedo del sur los hamaca en su cotidianeidad desgranada. Por entre los cuerpos se pasea un murciélago de estética voyeur que va dibujando las siluetas de un país bajo el manto de lo gótico. Así construye el poeta Santiago Pereira esta ciudad en una cantata dark de varios movimientos que suena en su último poemario Nadie muere en Montevideo.

A la manera de una serie de crónicas trash, los poemas que componen el libro son localizaciones que trazan situaciones míticas y cotidianas en calles que padecen una nocturnidad eterna. La maldición uruguaya se encarna en una noche invernal sin fin y lloviznosa que parece ser el paisaje de fondo de todos los poemas que suenan en este libro, donde quizá nadie muere porque la muerte está en finales diversos más allá del six feet under.

Basado en la forma de conocimiento que tienen los murciélagos, los poemas se presentan todos como ecolocalizaciones, es decir, la forma de ubicar el entorno a partir de las vibraciones del sonido. De esta manera, el flaneur que construye Pereira es un ciego paradojal que describe, mejor que nadie, diferentes aspectos de una cultura ciudadana atravesada —y quizá arrasada— por el comienzo de un siglo XXI con la resaca de un tiempo pasado. Las corporalidades flotan en un aire de camposanto entramado por los versos de cada ecolocalización de esta voz que aletea desde la punta del Palacio Salvo a los tachos de basura donde roen miseria los hombres comunes o los poetas sagrados —Marosa Di Giorgio, Julio Inverso, Lautréamont, entre otros—. Al final del libro, en una forma visual de la poesía, Montevideo es crucificada, Crista.

La poesía de Santiago Pereira se consolida como una de las más logradas y genuinas en el panorama de la lírica contemporánea. Logra que los poemas canten en son de tumba.

NADIE MUERE EN MONTEVIDEO, de Santiago Pereira. Pez en el Hielo, 2024. Montevideo, 54 págs.

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