por Juan de Marsilio
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Por cuatro o cinco días, Lo que le pasó a la flor es el primer libro póstumo del poeta y comunicador Eduardo Nogareda, nacido en Sayago, de largo exilio español, vuelto a Montevideo en 2005. En forma de espectáculo teatral, con prólogo, tres actos, dos entremeses, un epílogo y un poema optimista como premio al lector, el libro es fiel reflejo del modo de ser de muchos uruguayos que, nacidos en el siglo pasado, viven lo que Zygmunt Bauman ha dado en llamar modernidad líquida —con sus guerras brutales pero más sofisticadas, con su consumismo, con sus angustias. Recurre al humor ácido para apuntalar la esperanza indispensable y seguir respirando. No suelen estos uruguayos ser religiosos, y Nogareda no es la excepción.
Laica e irreligiosa, la pregunta por lo que le pasó a la flor es, a la uruguaya, una pregunta sobre el pecado original, con posible respuesta socioeconómica. Lo dice Nogareda:
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si pudiéramos viajar para atrásaño tras año y así por siglosy así por milenios y mileniostal vez llegaríamos a saberquién fue el primeroque gritó garrote en manoESA FLOR ES MÍA
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(final de “HIPÓTESIS”)
Si el lector no ha tenido aún el gusto, “ASOMBRO EN EL ESCOMBRO”, el poema optimista, dedicado a Marina Pose, su compañera, pinta bien al gran poeta y mejor tipo que fue Eduardo Nogareda:
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encima de la escombrera
que malparió
el bombardeo
un tallo verde casi transparente
delgado como un fideo
enhiesto como un rascacielos
un gimnasta vegetal el tallo
contradice el exterminio
fino arbusto
propagandista del futuro
el sol lo entibiala brisa lo acuna
y él sostendrá la flor
que arriba se insinúa.
LO QUE LE PASÓ A LA FLOR, de Eduardo Nogareda. Sitio de poesía, 2025, Montevideo, 64 págs.