Pensando, lo supo todo

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Agustín Courtoisie

LA SIMPLICIDAD de su vida y la complejidad de su filosofía conspiraron para convertirlo en un personaje poco atractivo. Sin escándalos vitales y sin consignas estridentes parece inevitable el destino de un bajo perfil, o a lo sumo el de ser considerado un autor "clásico" que se respeta sin demasiado conocimiento de su obra. Sin embargo, todo hombre —y toda mujer— pueden resultar interesantes bajo cierta luz.

Para el público general seguirá siendo difícil no resignarse a la leyenda del "profesor aburrido", y si del Siglo de las Luces se trata, bastará con recordar que Kant utilizaba un método sencillo y eficaz para enseñar materias muy dispares. Por ejemplo, recurría a relatos de viajeros y a los periódicos de su época. Esto le llevó a sostener en un manual suyo de Geografía, muy suelto de cuerpo, que "existe una nación en América donde hunden tan profundamente la cabeza de los niños en los hombros, que parece que no tienen cuello". También que: "La suciedad de los hotentotes del Cabo de Buena Esperanza sobrepasa todos los límites. Los hueles desde lejos. Embadurnan a los recién nacidos con boñiga de vaca y los exponen al sol". El hombre de la razón pura sostuvo también que "cuando los esquimales se hacen viejos, los padres organizan un banquete durante el cual sus hijos deben estrangularlos, pero nunca se dan muerte a sí mismos". Aplicando su imperativo categórico habría que preguntar qué ocurriría si todos los profesores hiciesen lo mismo que Kant. Pero "profesor aburrido", jamás.

Así como no existe ningún gran hombre para su criado, algo semejante ocurriría si los biógrafos perdiesen la distancia y la veneración por su objeto de estudio. Y en los doscientos años de la muerte de Kant, por fortuna, además de los numerosos homenajes académicos que abarcarán todo el 2004, han surgido muchas novedades sobre un filósofo en realidad mal conocido. Se trata de investigaciones que a pesar de acercarse al protagonista del aniversario, o gracias a ello, ganarán para él un respeto mucho mayor.

BIOGRAFIA ESCLARECEDORA. La biografía de Kant del profesor Manfred Kuehn, por ejemplo, se convertirá de aquí en más en una referencia sólida, porque logra equilibrar amenidad y conceptos, en una reconstrucción de la imagen del filósofo más sugerente que la de las biografías tradicionales, y mucho más profunda que la de los ejemplos del profesor de geografía de Königsberg, que opinaba sobre hotentotes y esquimales. "Es difícil escribir biografías de filósofos" —dice Manfred Kuehn en la página 19 de su última obra, que algunos ya se entusiasman en considerar "definitiva" sobre la vida de Kant—. Y luego explica que se hace necesario un balance entre los detalles vitales y la discusión específica de la labor filosófica. Es muy fácil incurrir en un minucioso relato de la vida "externa" de un pensador, perdiendo de vista lo que justifica que se hable de él, y en el mejor de los casos brindando un panorama superficial de sus libros e ideas.

Pero si se trata de Kant el asunto es mucho más grave, porque en principio parece que hay poco para contar de su vida y su filosofía es decididamente abstrusa y técnica. Sin embargo, el esfuerzo vale la pena.

El autor de Kant. A biography fue profesor de filosofía en la Universidad de Purdue, Indiana, EEUU, entre 1983 y 2000. Desde 1999, Kuehn ejerce la docencia en el Instituto de Filosofía de la Universidad de Marburgo. En líneas generales, su biografía de Kant no desmiente todo lo que ya se sabe: la puntualidad, la vida espartana y rutinaria, o el hecho de que no se movió de su ciudad natal, Königsberg. Tampoco la estricta formación religiosa de su niñez, su soltería, o la docencia universitaria como única ocupación. O que procedía de una familia modesta, o que tuvo dificultades en su carrera para acceder a una cátedra. Pese a todo, Kant tuvo una vida más allá del pobre perfil que se repite desde siempre, tomando como referencia las mismas fuentes —que enfatizaron el Kant de las últimas etapas, cuando su cerebro comenzaba a deteriorarse y se habían exacerbado su hipocondría y sus tendencias obsesivas a reglamentar sus hábitos—.

Pero las viejas biografías olvidaron poner el foco en la producción y en la explosión de creatividad que va desde 1781, fecha de la primera edición de la Crítica de la razón pura, pasa por 1784, ¿Qué es la ilustración? y 1785, Fundamentos de la metafísica de las costumbres, y culmina en 1788 con Crítica de la razón práctica y en 1790 con la Crítica del juicio. La biografía de Kuehn pone de relieve esa década memorable, y no solamente ingresa en los detalles a lo largo de sus generosas páginas sino que habilita una comparación rápida con la tabla cronológica de las páginas XV a XXII, correlacionando la vida y obra de Kant con los grandes sucesos mundiales de ese período, como la Revolución Francesa. Son sumamente útiles el índice analítico del final, y las tres carillas de rápida descripción de las personalidades que gravitaron sobre la vida de Kant (Cast of Characters) —incluyendo al hasta ahora desconocido John Green, comerciante británico, amigo íntimo del filósofo, bien informado de lo que estaba ocurriendo política e intelectualmente en el siglo XVIII europeo—. No ocurre lo mismo con las abrumadoras páginas que van desde la 423 hasta la 529, ocupadas por las notas y las obras citadas —aunque tranquiliza que allí se encuentren efectos documentales—.

El trabajo de Kuehn resalta algo fundamental de la obra de Kant, que suele pasar desapercibido entre tanto "noúmeno" y "a priori", y es su pensamiento político. La libertad entendida como responsabilidad, y los principios de autodeterminación y autonomía, hoy parecen ser nociones comunes en la reflexión contemporánea. Pero no tendrían actualmente el peso que tienen si Kant no hubiese argumentado profundamente sobre ellas. Otro aporte de Kuehn, que tiende a modificar la leyenda del profesor aburrido, es la descripción de un Kant como personaje mundano, sociable, casi seductor, que despertaba admiración por su elocuencia en las reuniones de los círculos aristocráticos. En esta biografía tiene su lugar también un detalle no menor: la profunda convicción de Kant de que el carácter puede crearse y construirse a través de máximas racionales, y que a un hombre le es posible renacer y proyectarse por encima de las limitaciones sufridas hasta el momento, igual que lo que le ocurrió a él mismo durante los inquietantes años de silencio, entre 1770 y 1780, a los cuales Kuehn dedica todo el capítulo 5, "Silent Years". Esos años hicieron dudar a muchos de sus conocidos sobre si Kant entregaría o no alguna vez un libro original, o quedaría en promesas. Por fortuna, a esa década siguió la de sus obras mayores, que le dieron la fama.

La biografía de Manfred Kuehn será de aquí en más de mención obligada para los estudiosos, pero también para los lectores comunes sin formación filosófica profesional. Quienes deseen avanzar un poco más deberían recordar también a algunos autores que han hecho explícita su deuda con el maestro de Königsberg como Weber, Rickert, Cohen, Cassirer, Jürgen Habermas, Apel. Serán útiles también las reflexiones de Hannah Arendt sobre la filosofía política de Kant y las del mismísimo Michel Foucault —que parece tan situado en sus antípodas—.

GRAGEAS DE RAZON PURA. La importancia de lo que se conmemora a los doscientos años de la muerte de Kant, requiere una breve noticia de la arquitectura del sistema kantiano. Para esto, un crítico mordaz como Giovanni Papini bien puede acudir en auxilio, mucho más que un erudito profesional, o un especialista obsecuente. Según el italiano, la imponente construcción filosófica de Kant, es como "un templo edificado sobre una montaña, que todos ven y ninguno visita".

Aunque las obras de Kant cronológicamente se ocupan primero de una crítica del conocimiento y sus límites, y la ética viene después, en el fondo la preocupación moral parece ser la que subyace de modo más hondo en el filósofo. Su famoso imperativo categórico supone que el bien debe hacerse sin más, por mandato de la razón y no por simpatía o inclinaciones afectivas. Entre alguien que cumple fríamente la ley, y otro que la respeta por temor o por altruismo, Kant se queda con el primero, porque supone un comportamiento basado en la razón. Los sentimientos, la simpatía, quedan fuera como factores del comportamiento ético. Las máximas que deben regir la vida de los seres humanos deben someterse a un criterio de universalidad: al suponer qué ocurriría si las adoptase toda la humanidad, si no se incurre en absurdos o imposibles al sostenerlas, pueden adoptarse tranquilamente. Si la máxima de una vida consiste en robar, o en no cumplir las promesas, al someterlas a la pregunta de oro de si se trata de conductas universalizables, la respuesta es negativa en ambos casos: si todos robaran, no sería concebible la sociedad, porque hasta la noción de robo desaparecería —ella está vinculada indisolublemente a la noción de propiedad—. Si nadie cumpliera sus promesas, la gente dejaría incluso de comprender el significado del término "promesa".

Comenta Papini: "Pero el deber no basta, nos falta el poder. Yo puedo tener, como dice Kant, la buena voluntad, pero ¿de qué me sirve si no puedo ponerla en práctica? Precisamos, pues, el poder, que es la libertad". De ahí que la libertad sea uno de los postulados de la razón práctica. Desprendidos de la inútil zarza de su terminología filosófica, los demás postulados son sencillos: "El hombre que tiene deberes también tiene derecho a la felicidad, que es el sumo bien, y esto no es posible conseguirlo en nuestra vida, tan breve. Es menester, pues, que el alma sea inmortal y, por consecuencia que exista un Ser Supremo, dispensador de bienes y de males". Como en otro lugar sugirió Unamuno, Kant ingresa por la ventana de la Crítica de la Razón Práctica (la libertad y la existencia de Dios, por ejemplo), todo lo que pretendió expulsar por la puerta de la Crítica de la Razón Pura, su primera gran obra donde pregonó un giro "copernicano" de la filosofía. En ella, en vez de centrar el estudio de la realidad en el objeto, sugirió invertir los términos y focalizarlo en el sujeto, con sus diferentes categorías que le permiten construir lo percibido a partir de la "realidad en sí" desconocida en último término (el "noúmeno"). Lo que conoce un ser racional es meramente el "fenómeno" (lo que aparece), pero el "noúmeno" le será eternamente recóndito e incognoscible, porque está fuera de los límites de su experiencia. Así, la teología y la metafísica tradicional no son disciplinas legítimas, porque no disponen de verdaderos objetos de conocimiento —dadas las limitaciones inherentes del sujeto—. Espacio y tiempo, por ejemplo, forman parte de los marcos en que inevitablemente ordenamos lo que conocemos, y no nos es posible concebir algo fuera de estas categorías. Con su ironía característica, Bertrand Russell sugirió que este enfoque kantiano suponía, en realidad, una contrarrevolución ptolomeica, por volver a poner al hombre en un lugar de privilegio en el universo.

Por su parte, Papini adivina bien las intenciones de Kant: una tarea de salvación. Había que salvar "a la moral amenazada por el relativismo, la ciencia amenazada por el escepticismo, la metafísica amenazada por la ciencia". Y hete aquí algunas de las grageas doradas de su filosofía propuestas para superar esas dificultades: el imperativo categórico, las estructuras "a priori" mediante las cuales los seres racionales pueden conocer, y el regreso de la vieja teoría de los dos mundos: el de los "fenómenos" y el del "noúmeno".

Kant manifestaba que no había mayor asombro para él que el provocado por el cielo estrellado, arriba, y la ley moral en su interior. No podía alcanzar para sus propósitos declarar que las intuiciones son ciegas sin los conceptos y que los conceptos son vacíos sin las intuiciones. Y es perspicaz Papini cuando advierte que lo primero que Kant se sintió obligado a rechazar era toda moral hedonista. "Si admitimos que las acciones se forman en vista del placer y el interés, el altruismo no tiene una base sólida, la moral no es más imperativa ni universal". Esos intereses son personales y transitorios, y es imposible generalizarlos. "Yo no debo hacer lo que a mi, hoy en este instante, me conviene, debo hacer lo que todos y siempre deben hacer según la ley", dice Papini. Y según una de las célebres fórmulas de Kant: "Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad pueda siempre valerse al mismo tiempo como principio de una legislación universal". Quienes detestan a las personas manipuladoras, preferirán esta otra: "Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio".

Esto es apenas un recorte de queso, en la punta del cuchillo, para saborear. Pero para comprender o por lo menos sospechar por qué Kant disfruta, muy merecidamente, del sitial que le otorga la historia de la filosofía, es necesario introducir otras nociones.

MOVIDA DEL BICENTENARIO. En el año 2003 y en muchas partes del mundo se programaron actos académicos para conmemorar en el 2004 los doscientos años de la muerte de Kant. Y después de 50 años sin trabajos ambiciosos sobre la vida del filósofo, la cercanía del bicentenario brindó una nueva oportunidad para la publicación de tres nuevas biografías: Immanuel Kant de Steffen Dietzsch, El mundo de Kant de Manfred Geier, y la biografía ya mencionada de Manfred Kuehn. Los tres trabajos procuran disolver parcialmente el mito del profesor aburrido y el contraste chocante de esa imagen con el de su evidente energía conceptual y constructiva. También procuran dar cuenta de la conexión de la obra de Kant con los grandes sucesos de su tiempo, desde los avances científicos hasta las revoluciones políticas.

En un informe especial para Página/12 de El País de Madrid, Ciro Krauthausen recordó que Kant se convirtió en un personaje público poco antes de los sesenta años, y ello a partir de la publicación de la Crítica de la razón pura. Por lo tanto, lo que se sabe de sus orígenes es poco más que lo que repiten los estudiantes liceales: era el hijo de un talabartero, se formó en un riguroso protestantismo, y le costó abrirse paso en la universidad. Y por más que Kant estuviera al tanto de los grandes acontecimientos políticos y acumulara información sobre las más variadas disciplinas, nunca dejará de ser cierto que prácticamente no salió de Königsberg, la remota ciudad de Prusia Oriental. Agrega Krauthausen que "tampoco se tiene constancia de amores: existe una carta de una joven, Maria Charlotte Jacobi, fechada en 1762, en la que aparece una insinuación erótica, y hay también especulaciones sobre posibles visitas a un prostíbulo y sobre su supuesta homosexualidad, según explica Manfred Geier, en una entrevista concedida al semanario Der Spiegel, que ha dedicado una portada al bicentenario". Al propio Kant se le atribuye una frase tragicómica: "Cuando necesité a las mujeres, no me las podía permitir económicamente, y cuando me las pude permitir, ya no las necesitaba."

Sea para enterarse de esas pequeñas revelaciones, o para revisitar la obra de Kant e indagar qué nuevas luces arroja sobre el siglo XXI, el 2004 será un año muy nutrido de actividades para los cientos de académicos especializados en todo el mundo. Por ejemplo, se anuncian múltiples seminarios y congresos en ciudades como Pekín, Moscú, Viena y Génova. Los encuentros más importantes son los coordinados durante abril por las universidades de Maguncia, Luxemburgo, Borgoña, y Kaliningrado —nombre actual de la ciudad natal de Kant—.

Según el informe, como parte de los homenajes se convocó a un seminario sobre un tópico muy vinculado al mejor Kant, que llevó por nombre la misma interrogante de uno de sus textos: "¿Qué es la Ilustración?. Entre quienes respondieron al llamado para debatir esa pregunta —vinculada a la autonomía de cada ser humano y a la superioridad de la razón y la libertad por encima de las supersticiones, las guerras religiosas, o la autoridad de la tradición—, se encontraron pensadores como el alemán Alexander Kluge, el italiano Gianni Vattimo, el francés Bernard Henri Lévy, el egipcio Nasr Hamid Abu Said y el estadounidense Francis Fukuyama. "La mayoría de ellos destaca las limitaciones del entusiasmo ilustrado: ni los excesos de los medios de comunicación, ni los avances de la genética, ni el contrapunteo entre George W. Bush y Osama Bin Laden permiten augurar hoy día el imperio de la razón."

Sin embargo, no por ello se debe menospreciar el ímpetu kantiano. Tal como lo advirtió la estadounidense Susan Neiman: "Quien considere anémica la Ilustración, sólo debe visualizar lo que sucede donde ésta es inexistente. Los talibanes nos han permitido vislumbrar un mundo en el que están a la orden del día las ejecuciones públicas, la esclavitud de las mujeres, la censura total, la prohibición de la música y del arte, las relaciones económicas feudales y el tratamiento médico sin anestesia. Que nosotros vivamos en un entorno en el que esto no suceda se lo debemos a la Ilustración. Y a personajes como Kant".

Fechas puras

1724. Nace el 22 de abril en Königsberg.

1732-1740. Estudia en un colegio religioso y lee autores clásicos.

1738. Muere su madre, Anna Regina Reuter.

1740-1746. Estudia Filosofía, Matemáticas y Ciencias Naturales en la Universidad de Königsberg. Conoce la física de Newton.

1746. Muere su padre, Johann Georg-Kant.

1775. Enseña Filosofía, Ciencias Naturales, Geografía Física, Antropología, Matemáticas y Teología en la Universidad de Königsberg.

1765. Se emplea en la Biblioteca Real del castillo de Königsberg.

1770. Comienza la década silenciosa. Profesor de Lógica y Metafísica en la Universidad de Königsberg.

1781 y 1787. Primera y segunda edición de la Crítica de la razón pura.

1784. Idea de una historia universal desde un punto de vista cosmopolita.

1784. Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la ilustración?

1785. Fundamentos de la metafísica de las costumbres.

1788. Crítica de la razón práctica.

1790. Crítica del juicio.

1793. La religión dentro de los límites de la mera razón.

1794. La censura prusiana reduce su actividad docente.

1795. La paz perpetua

1800. Su salud empeora.

1804. Muere el 12 de febrero.

Kant en la web

EXISTE una infinidad de páginas en Internet sobre Kant —tanto en español como en otros idiomas—, y alcanza con introducir las palabras clave en cualquier programa buscador para encontrarlas. A continuación se incluye una pequeña muestra de ellas junto a una breve descripción de sus características.

• Para una completa recorrida por los conceptos fundamentales de la filosofia kantiana, con abundantes citas de textos fuentes, ver:

Http://www.e-torredebabel.com/Historia-de-la-filosofia/ Filosofiamedievalymoderna/Kant/ Principal-Kant.htm

• Una biografía que puede ser útil para los estudiantes puede encontrarse en:

https://www.monografias.net/trabajos/ biokant/biokant.shtml

• Una página extrardinariamente didáctica sobre la obra de Kant —incluye un test de evaluación, un examen y hasta juegos—, y cuya claridad no va en desmedro de la fidelidad con el mensaje del filósofo, es:

https://www.cibernous.com/autores/kant/

• En inglés, un excelente sitio con numerosísimos links sobre Kant, donde se incluyen, entre otras cosas, un artículo de la Enciclopedia Británica, textos de y sobre Kant y todo tipo de informaciones valiosas, puede encontrarse en:

https://comp.uark.edu/%7Erlee/semiau96/ kantlink.html

• Una panorámica de Julián Marías sobre Kant, algo general pero muy clara, está en: https://www.encuentra.com/inclu des/ documento.php?IdDoc=2276&Id Sec=410

Libros sobre Kant

• Arendt, Hannah: Conferencias sobre la filosofía política de Kant. Trad. de Carmen Corral. Paidós, Barcelona, 2003.

• Duque, Félix: La fuerza de la razón: invitación a la lectura de la «Crítica de la razón pura» de Kant. Dykinson, Madrid, 2002.

• Hegel, G. W. F.: Fe y saber: o la filosofía de la reflexión de la subjetividad en la totalidad de sus formas como filosofía de Kant, Jacobi y Fichte. Trad. de Vicente Serrano. Biblioteca Nueva, Madrid, 2000.

• Kuehn, Manfred: Kant. A Biography, Cambridge University Press, 2001. Existe traducción al español de Carmen García-Trevijano, Kant (una biografía), publicada por la editorial Acento, Madrid, 2004.

• Lyotard, Jean-Franois: El entusiasmo: crítica kantiana de la historia. Trad. de Albert Bixio. Gedisa, Barcelona, 1987.

• Quincey, T. de: Los últimos días de Kant. Trad. de José R. Hernández Arias. Valdemar. Madrid, 2000.

• Papini, Giovanni: El crepúsculo de los filósofos, editorial Tor, Buenos Aires. Traducción de Héctor F. Miri.

• Torretti, Roberto: Kant, editorial Charcas, Buenos Aires, 1980

Con humor

EXISTEN DOS libros que dedican a Kant varias páginas llenas de humor, y ese puede ser un método mucho más efectivo que otros para acceder a una obra de fisonomía gris y a una biografía sin aparentes sobresaltos. Para obtener una rápida panorámica de la vida de Kant, que incluye muchos detalles irreverentes, puede consultarse Cómo elegir a su filósofo del psicoanalista Oreste Saint-Drôme (editorial Vergara, Buenos Aires, 2003). Por otra parte, para los interesados en ingresar con rigor pero sin tedio al universo conceptual del filósofo de Königsberg, sigue siendo imperdible el manual de Matthew Stewart La verdad sobre todo (editorial Taurus, Madrid, 1998). Ahora, si lo suyo es quedar bien y tiene paciencia para leer algo tan gris como los propios originales kantianos, consulte a Gilles Deleuze y su Spinoza, Kant, Nietzsche (editorial Labor, Barcelona, 1974), pero sobre todo, cítelo.

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