DANIEL VELOSO
BIRMANIA, el país que marcó la vida del escritor inglés George Orwell - y que influyera en sus escritos, especialmente en su novela 1984, en la que describe un mundo sometido a un totalitarismo invencible- actualmente padece una feroz dictadura, similar a la de la ficción. Con apenas 19 años Eric Blair (ese era su verdadero nombre) había decidido ser policía imperial en Extremo Oriente. Décadas más tarde, ya convertido en escritor, intentó exorcizar en sus ensayos y novelas todos los malos momentos que vivió al servicio del Imperio Británico.
El joven tal vez deseaba regresar a la India, donde nació en 1903 para vivir allí una gran aventura o quizá escapar de un futuro incierto como estudiante. El hecho es que fue destinado a otro país de la región, Birmania. En un año aprendió el idioma y pronto le asignaron distintas misiones. Como la policía colonial estaba integrada por pocos ingleses en relación con los policías nativos, Orwell, a los 21 años, se vio al mando de cientos de agentes. Por ejemplo, tuvo a su cargo un distrito con miles de habitantes y una refinería de petróleo estratégica que abastecía a la India. Este joven inglés, alto, solitario, de hablar elegante y cuidado, era un bicho raro para sus compañeros. La temporada de lluvias y los mosquitos se convirtieron en una tortura, y Orwell contrajo la enfermedad del dengue. Estuvo en cama durante semanas, mientras veía como la lluvia brotaba por las paredes de su cabaña, arruinando sus libros.
EL BRAZO DEL IMPERIO. Orwell aterrizó en Birmania en una época convulsionada. Durante la década de 1920 el movimiento independentista estaba en auge. Los estudiantes y los jóvenes budistas eran los más activos. A través de la prensa local se presionaba a los ingleses para que concedieran más autonomía; a cambio estos ofrecían mayor represión. La situación de Orwell era muy incómoda. Los birmanos, sobre todo los niños y los estudiantes budistas, se burlaban de él por la calle. En un comienzo desarrolló odio hacia esos "rostros burlones", pero más tarde varios incidentes lo llevaron a tomar una postura más crítica sobre su papel en el país colonizado.
Un día en que estaba de asueto, un niño chocó con él, haciendo que cayera por la escalera de una estación de tren. Airado, lo golpeó con su vara e inmediatamente fue rodeado por un grupo de estudiantes que lo increparon. Para escapar del incidente subió a un vagón pero fue seguido por los jóvenes que continuaron la discusión hasta la siguiente estación. Orwell, que no estaba de uniforme, pudo haber llamado a la policía y usar el poder que le confería su rango, pero no lo hizo. En cambio aceptó su error. En otra ocasión, según cuenta, un subalterno "estaba amenazando a un sospechoso" ante su mirada, cuando un misionero estadounidense se le acercó y le dijo: "no me gustaría hacer el trabajo que usted hace". Estos hechos lo llenaron de vergüenza y le hicieron replantearse su futuro.
En 1926 Orwell es enviado al norte del país, a la ciudad de Katha, a orillas del río Irauadi. Fue el más exótico y selvático de sus destinos, escenario de su novela La Marca, escrita en 1934. La protagoniza un joven inglés, John Flory, que tiene en su rostro una mancha de nacimiento que lo hace sentir desgraciado. No es difícil ver semejanzas entre el personaje y su creador. Ambos eran solitarios y de alguna manera Orwell también sentía que llevaba un estigma a cuestas. Dentro de la pequeña comunidad de europeos tanto Flory como el escritor eran piezas extrañas, incluso ideológicamente. En el club exclusivo para europeos se respiraba racismo. Los personajes recuerdan con añoranza las épocas en que los nativos eran sumisos y un hombre blanco podía hacer justicia por su propia mano. John Flory en cambio, es amigo de un doctor indio con el que discute el destino del vacilante Imperio Británico.
Otro texto de esos días birmanos es "Un ahorcamiento", donde describe una ejecución. La escena lo impresionó mucho y contribuyó a aumentar su odio al imperio que lo utilizaba . "Me pareció peor que mil asesinatos", escribió.
Tras cinco años de servicio obtuvo por fin licencia y la oportunidad que esperaba para renunciar. Sentía además la necesidad de liberarse de la culpa. Su papel como "engranaje del imperio" así como decenas de actos de los que se arrepintió, como "golpear a ancianos y criados" fueron analizados con sinceridad en sus escritos. Tanto le marcó en su vida, que es probable que si se hubiese quedado en Inglaterra no habría sido el escritor universal que fue.
Ya instalado en su país se definió como socialista, investigó y escribió sobre la clase trabajadora de Inglaterra y llegó a pelear en España a favor de la República en 1937. Al final de su vida, en 1949, aquejado de tuberculosis escribió 1984, una historia sobre un régimen totalitario. La experiencia vivida en Birmania no sólo le marcó su temple como escritor, sino que sus visitas a las cárceles donde se hacinaban los presos políticos y el ahorcamiento al que asistió, quedaron grabados en su memoria.
En un pasaje de este libro describe ejecuciones públicas en una gran plaza de Londres, abarrotada de curiosos donde los condenados son prisioneros de guerra asiáticos. El recuerdo de los rostros abatidos de los prisioneros en las cárceles continuaba aún fresco.
Lo paradójico de la situación de Birmania es que se estén utilizando hoy los mismos métodos que describió Orwell para controlar a la población: terror, censura y mentira. Al mismo tiempo, hasta horas antes de que sonara el primer disparo contra los manifestantes monjes budistas, el país se presentaba al mundo como un pacífico lugar de exóticas bellezas, intentando atraer el turismo.
PARADOJA BIRMANA. Myanmar es el nombre actual de Birmania, gobernada desde 1962 por diferentes gobiernos militares, que se han ido alternando en el poder. En 1988 las protestas de la población pidiendo el regreso de la democracia consiguieron que se realizaran elecciones en 1990, en las que triunfó la Liga Nacional para la Democracia, con el 80% de los votos. La junta militar, al verse derrotada, desconoció los resultados, proscribió a los partidos políticos de la oposición y encarceló y desterró a sus líderes además de reprimir con dureza. Un año antes, en 1989, la líder política Aung San Suu Kyi, hija del héroe anti colonialista Aung San, fue condenada a prisión domiciliaria, donde aún permanece. En 1991 le otorgaron el Premio Nobel de la Paz, como forma de presión de la comunidad internacional.
Birmania es un país con grandes riquezas naturales. Después de la Segunda Guerra Mundial se le auguraba un gran futuro pero su situación estratégica la llevó a ser disputada por las superpotencias protagonistas de la Guerra Fría. Su situación empeoró cuando esos países llevaron la guerra a las vecinas Vietnam y Camboya. Las dictaduras militares se enseñorearon en Birmania y en la vecina Tailandia. A su vez el tráfico de opio enriqueció a las cúpulas militares. Actualmente el principal aliado comercial y militar de Myanmar es China. A cambio de dos importantes préstamos Beijing ha instalado una base militar en la isla de Cocos para monitorear las actividades navales de la India.
La organización Amnistía Internacional viene denunciando las continuas violaciones a los Derechos Humanos cometidas por el gobierno birmano. Basta acceder a su página web para enterarse de los miles de presos que hay en Birmania, muchos de ellos estudiantes y periodistas injustamente encarcelados.
BUSCANDO A ORWELL. En 2002 Emma Larkin, una periodista estadounidense, pasó un año en Birmania, reconstruyendo el camino que hizo el escritor por el país. El resultado de su investigación es el libro Finding George Orwell in Burma (Penguin Press 2004). Vigilada, se hizo pasar por turista, sin sacar fotos y ocultando sus minúsculos apuntes entre la ropa. Tuvo que dar grandes rodeos antes de dirigirse a los cinco lugares donde Orwell vivió. La periodista escribe bajo un seudónimo por su seguridad, y en el libro sus fuentes llevan nombres falsos para protegerlas.
Entrevistó a varias personas, como a una profesora de secundaria que fue destituida por el régimen. "El gran plan, si es que hay uno, es abolir el poder del pensamiento", le dijo. Larkin encontró muchas similitudes con 1984. En la novela, el Ministerio de la Verdad tiene la tarea de controlar tanto lo que se dice como lo que se piensa, además de reescribir la Historia. Su doble birmano es el Departamento de Registro y Escrutinio de la Prensa. La periodista describe una resistencia silenciosa donde la gente debe ocultar sus libros como en otra gran novela utópica, Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. La paradoja es que entre los miles de libros prohibidos se encuentra 1984. Irónicamente, los amigos de Larkin le dijeron: "¿para qué necesitan leerlo? Ya están viviendo en él".