Gabriel Sosa
PARA LOS aficionados a la ciencia ficción y la fantasía, Minotauro es desde la década de los cincuenta una garantía de calidad. Originalmente dirigida por Francisco Porrúa, la editorial (ahora sello) reunió uno de los mejores catálogos conocidos del género. En sus varias encarnaciones, que oscilaron entre Argentina y España (y entre ediciones económicas y desmesuradamente caras), la lista de títulos de Minotauro reúne a nombres prestigiosos que, como es norma decir en estos casos, trascienden el género. Es el sello que se encargó de difundir las obras completas de Angela Carter, Ray Bradbury, J. G. Ballard y William Gibson, fue el encargado de dar a conocer exhaustivamente a J.R.R. Tolkien varias décadas antes de la película, incluyó en su colección algunos de los mejores libros de Brian Aldiss, Philip K. Dick, Arthur C. Clarke o Theodore Sturgeon, y salió libremente de cualquier definición del campo para publicar a Italo Calvino, Kurt Vonnegut o las Historias de cronopios y de famas de Cortázar.
Al siglo XXI Minotauro llega como un sello incluido dentro de Planeta, un gran grupo editorial español. Mantiene el catálogo original, y cierta tendencia de calidad heredada de sus orígenes. Sus nuevas ediciones no son tan lujosas como las de tapa dura de su etapa española (verdaderas hermosuras editoriales, a precio por gramo similar al caviar Beluga), pero superan por mucho a las originales argentinas de papel barato y tapas de cartulina. Eso sí, en cuanto a calidad de las traducciones, cuidado del texto y personalidad gráfica, ya es otro tema.
Dentro de sus primeros títulos, junto a varias reediciones de sus "clásicos", aparecen dos libros absolutamente distintos pero que sirven para ver la tendencia general de la nueva colección. Ambos son libros de autores "de la casa", uno de Ursula K. LeGuin, a quien Porrúa editó profusamente desde los años setenta, y el otro de Kim Stanley Robinson, cuyas extensas y elogiadas novelas fueron apareciendo bajo el sello Minotauro durante la transición entre dejar de ser una editorial independiente y convertirse en parte de un grupo mayor.
MAGOS E ISLAS. El libro En el otro viento de Ursula K. LeGuin es la quinta parte de una trilogía.
Originalmente, en los años sesenta, la intención de la autora era escribir tres novelas ambientadas en un universo donde la magia funciona y la humanidad vive en un gran archipiélago, Terramar (Earthsea), única tierra conocida. Estos libros fueron Un mago de Terramar (1968), Las tumbas de Atuan (1971) y La costa más lejana (1973). Mucho más tarde la autora decidió que le quedaban cosas por decir acerca de su universo-archipiélago (o las cuentas se acumulaban en casa), y apareció Tehanu (1990), cuyo subtítulo era "El último libro de Terramar". Y más tarde todavía, demostrando que nadie es profeta en su tierra ni en su propia obra literaria, aparece En el otro viento, que al parecer cierra definitivamente la saga. Astutamente, esta vez LeGuin se abstuvo de agregar subtítulos.
Lo que cuentan los primeros libros es la historia de Ged, un pastor de cabras que termina convirtiéndose en archimago de toda Terramar. Ged asciende en la jerarquía de los magos, enfrenta retos que pueden acabar con el equilibrio cósmico y finalmente sale triunfante. La palabra clave de todo esto es equilibrio, ya que el orden universal de Terramar, tanto para la magia como para los procesos naturales, se rige por un sistema basado en las creencias taoístas de LeGuin. Un mago puede hacer magia, pero debe ser conciente de que al hacerla está provocando un desequilibrio, que el universo va a llenar como pueda. De hecho, las aventuras de Ged son siempre intentos de restablecer este equilibrio, de cerrar las heridas que la "mala magia" abrió en la trama del mundo.
A partir del cuarto libro el tono cambia. Ged, que debió utilizar todos sus poderes para reestablecer el equilibrio universal (y de paso restaurar a un rey en el trono de Terramar y renovar un pacto de convivencia con la poderosa raza de los dragones) pasa a ser un personaje secundario, y la historia se centra en Tenar, su esposa, y en Tehanu, una niña mutilada a la que adopta. Si antes el meollo del asunto era la lucha de los magos (todos hombres, y célibes) por mantener el equilibrio universal, a partir de Tehanu el centro de la cuestión es el tema del género, y el lugar de la mujer en esa cultura. LeGuin es especialista en utilizar sus tramas, y a los espléndidamente logrados personajes que sabe crear, para reflexionar con sutileza sobre tales cuestiones. Los dos últimos libros de la serie retoman su sana costumbre: además de taoísta, LeGuin es feminista y ecologista. Tal vez le haga falta un sexto libro de Terramar de corte "femenino" para mantener el equilibrio.
CHINOS Y MUSULMANES. Una subcorriente muy prestigiosa de la ciencia ficción se basa en las especulaciones acerca de historias paralelas, "ucronías", en las que a partir de la pregunta "que hubiera pasado si...", se construye toda un desarrollo divergente de la historia humana. La vieja colección Minotauro fue particularmente pródiga en esta especialidad, y hay para todos los gustos, desde Hitler ganando la guerra (El cuerno de caza de Sarban) o emigrando a América en su juventud (El sueño de hierro de Norman Spinrad), hasta la iglesia protestante desapareciendo de Europa a favor del catolicismo (Pavana de Keith Roberts).
Kim Stanley Robinson tiene fama de ser un paciente y meticuloso constructor de universos. Su obra más conocida es una vasta trilogía sobre la conquista de Marte, a escala de siglos. Tiempos de arroz y sal es igualmente vasta, y su tema es la historia humana a partir de mediados del siglo XIV, cuando la peste negra se descontrola y arrasa con la totalidad de la población europea (quedan un puñado de sobrevivientes en las islas del norte de Escocia, totalmente intrascendentes). Sin el expansionismo colonial europeo, las civilizaciones principales del mundo son la china y la islámica, que lentamente se expanden. Los viajes de descubrimiento, la colonización, la industrialización y otras efemérides ocurren también en este universo oriental, pero a diferente ritmo y con diferentes resultados.
En el siglo XX ambas potencias están en una situación de tenso equilibrio, y se desata una guerra de treinta años entre millones de impasiblemente confucianos soldados chinos y millones de fanatizados musulmanes en plena jihad. El conflicto se resuelve por la toma de partido de los más civilizados hindúes, aliados con unos improbables nativos norteamericanos que, por medios misteriosos, llegaron a ser potencia mundial (dentro del complicado y cuidadoso desarrollo de la novela, esta milagrosa aparición de una potencia industrial iroquí es un punto flojo en la trama). Pasada la guerra, en el equivalente a nuestros días, se llega a un esperanzador y difícil nuevo equilibrio.
Lo novedoso del libro es que sus personajes principales son siempre los mismos, mediante el recurso de seguir las distintas transmigraciones de un grupo de almas, que reencarnan siempre con nombres que comienzan con K, B, I o S, a veces como chinos, a veces como musulmanes, a veces en otras partes del mundo, como hombres (o mujeres) o animales; en una ocasión, K es una tigresa y B un religioso sufí. Cada capítulo o libro, escrito en diferentes estilos que imitan a textos orientales de cada época, está separado de los otros por intermedios en los que estas almas se reúnen en el otro mundo, el Bardo, y discuten su situación.
La distribución masiva de un libro nada barato de 700 páginas es una apuesta arriesgada (en particular en el mercado uruguayo), pero probablemente calculada. Los nuevos responsables de la colección deben ver un lugar para esta novela entre los consumidores de largas sagas históricas, los best sellers de moda. Dentro de esa modalidad no son raros los novelones de 500 o 600 páginas que pasan de época histórica en época histórica, y se supone que quien consume esa literatura puede ser apto para el bocado bastante más complejo y sofisticado que es Tiempos de arroz y sal. Es de lamentar que al asumir el riesgo no se haya cuidado un poco más la edición, que no sólo está plagada de erratas varias sino que adolece de varias torpezas de traducción. En uno de los pasajes, K reencarna como el almirante de una flota de guerra china extraviada que por accidente descubre América. I es algo así como su oficial científico, pero B no aparece por ningún lado. Para desentrañar el misterio hay que notar que uno de los personajes de la historia es una niña indígena llamada Mariposa. Butterfly en inglés, pero nadie se molesta en aclararlo. l