Carlos Ma. Domínguez
JOSEPH ROTH, el autor de La marcha Radetzky (1932), llegó de Galitzia a estudiar en Viena en 1913 y con veinte años escribió una carta al redactor en jefe del Öesterreichs Illustrierte que comenzaba así: "Soy uno de esos a los que llaman poetas, locos o mendigos, o todo a un tiempo. Los tres atributos me cuadran, muy especialmente el último". Le pedía que tuviera piedad del hambriento y no arrojara sus poemas a la basura. Los publicaron. Antes de destacar como novelista, Roth combatió la pobreza con colaboraciones periodísticas que hallaron en la crónica un género especialmente apto para ejercer la mordacidad, la ironía y la precisión descriptiva.
Primavera de café reúne medio centenar de artículos escritos entre 1919 y 1923, cuando, después de la Primera Guerra Mundial, Austria quedó convertida en República, los diarios formaban un nuevo público lector y se tramitaba la anexión de los territorios germanos de Hungría. Roth tenía un enorme talento para describir tipos humanos, introducirse en la vida de la ciudad y retratar situaciones cotidianas. Muchas de sus crónicas abordan asuntos nimios: una visita al zoológico, otra al matadero, a las catacumbas de la catedral de San Esteban, a las riberas del Danubio, los cafés, los barrios. Cada una de ellas está sostenida por la inteligencia de una prosa que con el perfil de una silueta da también una idea filosa o una envolvente atmósfera poética. No importa de qué escriba, siempre se impone su mirada astuta y compleja sobre la superficie de la realidad.
Cien años después, no son pocos los supuestos del cronista que han desaparecido -un glosario ayuda al lector en la comprensión de nombres y situaciones aludidas-, y por momentos sus textos se oscurecen, pero muchas de sus imágenes han saltado sobre el tiempo con envidiable fortuna, como la descripción de esta puerta del bar del pueblo: "…Un sonido de cristales atenuado, infinitamente atenuado, se cuela por la rendija de la puerta. Y a veces cae sobre la calle un fragmento claro y tintineante de risa de mujer, que suena como si una fina monedita de plata rodara sobre el adoquinado".
Hay en el libro muchas piezas de ajustada ironía. A menudo Roth trastoca los sujetos y los atributos. "El bisonte es bonachón", escribe en su visita al zoológico de Schönbrunn, "tiene unos bigotes de gastador prusiano, pero se siente muy bien en la República y da una impresión de lo más democrática. Sólo a veces gira un ojo inyectado en sangre hacia la derecha, donde hay un chiquillo vestido de blanco. Al bisonte le gustaría desgarrar a unos cuantos chiquillos. La casa de los monos está cerrada. `No pasar`, dice en la puerta. Vacaciones parlamentarias…"
Los periodistas encontrarán en esta recopilación un plus de interés por las formas de la crónica, por la vieja libertad donde luce el género, y el necesario talento con que es posible describir un puesto de naranjas y hacerlo hablar de política, o de la luna, a condición de no tergiversar, claro está, el valor de las naranjas.
PRIMAVERA DE CAFÉ, de Joseph Roth, Acantilado, 2010. Barcelona, 244 págs. Distribuye Gussi.