por Ramiro Sanchiz
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El interés creciente en la obra de autoresidiosincráticos por su complejidad o ambición, como el reciente premio Nobel László Krasznahorkai, o el aún más popular Mircea Cãrtãrescu, atrajo la atención sobre sus traductores, en estos dos casos Adan Kovacsics y Marian Ochoa de Eriba.
También resulta insoslayable Jennifer Croft, quien tradujo al inglés a la polaca Olga Tokarczuk y a autores argentinos como Federico Falco y Pedro Mairal. Sin embargo, no es solo en su faceta de traductora que vale la pena fijarse en ella, ya que La extinción de Irena Rey, su primera novela, es una de las ficciones más interesantes recién publicadas.
Su juego conceptual más notorio es proponerse a su vez como una traducción. Así, además de contarnos un episodio en la vida de un grupo de traductores especializados en la obra de la Irena Rey del título (autora polaca ficticia cuyas obras lidian con temas como el Antropoceno, el posthumanismo, las inteligencias no humanas), La extinción… se presenta como una novela autobiográfica o autoficcional, escrita por una de las traductoras de ese grupo y traducida al inglés por otra de las que lo integran. La primera, o autora ficticia del libro, es argentina, pero decide escribir su novela en polaco, lo que resulta en una prosa delirante, tan descentrada de lo normativo como las obras de Witold Gombrowicz o Alberto Laiseca. Esta escritura es parcialmente descafeinada o normalizada (como en una especie de venganza o proverbial traición) por la traductora (ficticia) al inglés, juego al que se suma con oportuna complicidad la traductora (real) al español, Regina López Muñoz.
Pero esto no agota la novela. Hay suficiente en las historias de estos traductores para tramar un relato divertido e intrigante, en el que la presencia fantasmal de Irena Rey, quizá la autora ficticia más fascinante de lo que va del siglo XXI, y su desaparición, hacen de eje y de enigma.
LA EXTINCIÓN DE IRENA REY, de Jennifer Croft. Anagrama, 2025. Barcelona, 381 págs. Traducción de Regina López Muñoz.