por Luis Fernando Iglesias
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Manuel Grau tuvo, durante su niñez y adolescencia, varias experiencias que lo marcaron. Es un joven retraído al que le apasiona leer, y resuelve contar su historia. Sigue el consejo de un amigo imaginario conocedor de herramientas literarias, el señor Fiorito, que afirma: “las novelas que comienzan con un acontecimiento llamativo o misterioso, tienen el cincuenta por ciento más de posibilidades de ser finalizadas por los lectores…”.En este primer trabajo para adultos, el escritor Martín Otheguy, de trayectoria en literatura infantil y editor de la revista Gigante, arranca contando a medias una escena en una playa. Manuel es el narrador de hechos que fueron mojones de su niñez y adolescencia. La pérdida de su madre por un embarazo de mellizos, el corte de dos dedos al lavar un vaso que le ocurre a su hermana —que será recordado como “el día del vaso cortante”—, el ataque que sufre de un tigre del que le quedará alguna secuela estética, la meningitis que casi le cuesta la vida. Razona cada acontecimiento desde la perplejidad y un particular desarrollo que parece alejado de las personas mayores.
La aparición de una enfermedad —demencia frontotemporal— cambia la vida de la familia. En la búsqueda de soluciones para mitigar la condición de su padre, Manuel se enfrentará a su madre y hermanos. Esa rebeldía llevará al intento de huir del destino en búsqueda de una salida hacia el pasado de su padre, a su mejor momento. El primer gran acierto del autor es cómo el joven analiza, con asombros y certezas, lo que pasa a su alrededor. Sus razonamientos son lógicos, algo fríos, y pueden parecer faltos de matices de la experiencia. Pero es lo bien que estánarrada la historia, transformada en un relato entrañable, donde el interés nunca decae, su mayor mérito. La tensión se mantiene en esa trama de carretera que ocupa la segunda parte de la novela. La verosimilitud se apoya en el estudio que hizo el autor tanto de la conducta del joven como de la enfermedad de su padre, lo que se demuestra en los agradecimientos. El único reparo es un final de aventura previsible. Aun en ese punto la comunión entre padre e hijo, junto a la resistencia y amor de toda la familia, atenúan esa debilidad. Una historia que no necesitaba de un acontecimiento llamativo en el comienzo para que el lector llegue a su final.
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AL FINAL DE TODAS LAS COSAS, de Martín Otheguy. Fin de Siglo, 2025. Montevideo, 245 págs.
(foto Gerardo Carrasco)
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