La poesía en la calle

FELIPE POLLERI

MONTEVIDEO es una ciudad mágica. Todo funciona mal desde que tengo memoria (y desgraciadamente tengo muchos años de memoria); y, como le digo una cosa le digo la otra, cada día la veo más decadente y reventada, más pobre y hostil. Es que los triunfos de la globalización son arrolladores, fulminantes, vertiginosos. Pero, insisto, es una ciudad mágica. A pesar de la tuberculosis y la malaria hay pintores, escritores, músicos, teatreros, cineastas… Gente mágica en cualquier esquina, en cualquier rincón.

La otra noche me tropecé con un poeta. Aclaro, porque esta es la ciudad (y el país) de los amiguitos y los grupúsculos, que apenas conozco a Juan. Cada muchos meses, nos cruzamos en la calle y hablamos 2 o 3 minutos o nos saludamos de lejos. Bueno: la otra noche, noche helada, me crucé en una calle oscura con una sombra que me nombró. Nos acercamos y vi a un tipo muy robusto y muy barbudo: Juan de Marsilio. ¡Qué sorpresa! Fue algo espontáneo: nos palmeamos la espalda como si fuéramos dos viejos amigotes. Y hasta hicimos un corto resumen, burlón y pesimista, de la "industria cultural" uruguaya. En tanto, el viento que venía de la costa nos tomaba el pelo y la barba. Le pregunté, entre dos ráfagas de hielo, cuando podía leer algo suyo. Entonces, despacio, con su habitual parsimonia, abrió su mochila o bolsa o lo que fuera y me entregó una mancha blanca de fotocopias. No teníamos una birome; la dedicatoria quedó para menos viento, menos frío, otro día o noche, otra sorpresa.

Ya en casa, leí Pedazo de poesía N° 20. Juan publicó libros en editoriales consideradas prestigiosas; pero también reparte sus "pedazos" de poesía en forma gratuita y aleatoria, lo que no sé si es prestigioso, pero no tengo la menor duda de que es admirable. De ese blanco regalo sólo quiero compartir un fragmento de uno de los poemas. Lean esta maravilla que me encontró por sorpresa en la noche y que trata sobre la "foto" de una despedida: "Ella/ tampoco se quisiera despedir/ es borrosa esa parte de la foto:/ algunas veces parecen/ notarse en ella las ganas/ de ya dejarse de tantas estupideces de amor/ pero es joven y blanda/ y soñaba el amor como gorriones posándose en sus manos,/ no como estos fornidos elefantes/ que puso la pasión sobre sus hombros./ En cierto momento,/ él se da por vencido y, tiernamente,/ retira de hombros de ella los elefantes,/ la besa en la frente,/ la pone en un taxi que en segundos/ se pierde de vista entre la llovizna y/ empapado hasta el alma camina/ cincuentaypico de cuadras hasta su casa,/ seguido a paso lento, torpe y triste/ por dos grises y dulces/ elefantes de pena." Es una ciudad mágica. Ciudad de poetas y elefantes.

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