Andrea Blanqué
LAS PELÍCULAS QUE muestran las relaciones entre alumnos y docentes constituyen un subgénero, aunque a menudo se las ha utilizado para desarrollar historias que no son relativas a la compleja cuestión de la educación. Desde Al maestro con cariño, hasta La sociedad de los poetas muertos, hubo películas que mostraban al profesor como un héroe, cuando la realidad es bien distinta.
Ha surgido una andanada de películas cuyo meollo no es el carisma de un líder sobre sus discípulos, a quienes logra seducir y "domar", sino la misma Educación. Qué es educar, para qué educar, cómo educar en esta globalizada y conflictiva sociedad es un drama con el cual el siglo XXI debe lidiar sin perspectivas de resolverse.
Los docentes miran con avidez estos films, produciendo foros y debates tanto en las mismas comunidades educativas como en revistas y en Internet. Ellos son: Entre los muros (Laurent Cantet, Francia 2009), La Ola (Dennis Gansel, Alemania, 2008), El día de la falda (Jean Paul Lilienfeld, Francia, 2008) y Precious (Lee Daniels, Estados Unidos, 2009). Esta última, pese a que a primera vista parece un film acerca de la violencia doméstica contra una adolescente (su madre le pega salvajemente y su padre la viola desde los tres años dejándola embarazada), es en verdad una apoteosis de la Educación.
Otro film del género que circula por cable es Escritores de la Libertad que, aunque basada en un caso real, sigue todos los estereotipos del cine norteamericano. Una bella y elegante hada madrina, bajo la forma de profesora de lengua, viene a crear la concordia en un aula de un liceo conflictivo asolado por las rivalidades entre pandillas. El final es feliz: los chicos se hacen muy buenos amigos, aprenden muchísimo y consiguen retener al hada madrina otro año más de clases. La bruja envidiosa (la directora) queda castigada por su fracaso y humillación, y aunque la profesora termina divorciada y con los bolsillos vacíos (usó su sueldo para comprar libros y cuadernos a los alumnos), se presiente que su triunfo es total. Eso es Hollywood: el bien triunfa sobre el mal.
Sin embargo, las otras películas citadas (tres europeas y una surgida de la comunidad afroestadounidense), muestran la Educación como un conflicto agudizado, perenne, y quizás sin vuelta de retorno en su drama cotidiano. No se discute, desde luego, que la Educación es imprescindible y vital para un ser humano, una semilla que en tierra fértil dará un poderoso árbol.
UN BUEN PROFESOR. De todos estos títulos, el film que más se acerca al documental es la francesa Entre los muros. Pero no lo es: cuenta una historia, (aunque no lineal); hay personajes definidos, y surge de un texto literario: el que escribió el profesor Bégaudeau basándose en su propia experiencia. El libro fue llevado al cine con el curioso aliciente de que el actor que interpreta al profesor es el propio Bégaudeau, y que los actores que interpretan a los estudiantes no son actores profesionales, sino estudiantes en la vida real: africanos, marroquíes, argelinos, chinos, caribeños y franceses de varias generaciones o de primera generación.
El título de la película señala adónde apunta: la clase, entre los muros, es un microcosmos único e irrepetible, pero a la vez reproduce a la sociedad, en este caso, la periferia de París, cruzada por conflictos multiculturales y con una gran interrogante sobre su futuro.
El profesor no es un héroe, es un ser humano. Cualquier docente puede reconocer en él a un buen profesor: es ameno, sus clases son didácticas, se adapta a la realidad del grupo. Cuando el profesor de Historia le propone hacer un trabajo conjunto sobre Voltaire, por ejemplo, él no acepta, dado que ese texto está a años luz de la realidad de sus discípulos. Elige otro tipo de texto, nada menos que El diario de Anna Frank. Y sobre todo es dialéctico. Sus clases son un ida y vuelta, jamás subestima a sus alumnos: sabe que pese a las dificultades culturales y de expresión hay en ellos un potencial enorme que busca sacar afuera. Los escucha atentamente y sus respuestas lo sorprenden y descolocan. Parte de la base de que todos son inteligentes y de que todos pueden aprender, nada menos que lengua y literatura, francés, el idioma oficial que tal vez muchos de los chicos detesten en su fuero íntimo. Para ello elabora estrategias creativas: a partir de El diario de Anna Frank los induce a hacer autorretratos. Los chicos escriben y se escuchan, pero tienen terror de que los demás se burlen de ellos: la autoestima de esos jóvenes está por los suelos. Lo cual también se manifiesta en una gran agresividad.
Pero aun así, un profesor con una enorme vocación, buena formación, con carisma y paciencia, a menudo sufre y fracasa. E incluso se equivoca. También muchos chicos sufren y fracasan. El mundo ha cambiado, el aula también. Después del 68, la autoridad en los ámbitos educativos se ha desdibujado, la reivindicación de la libertad ha sustraído los límites, las fronteras. La disciplina necesaria para el proceso de aprendizaje se ha desvanecido. A ello hay que sumar otras cuestiones que han modificado las reglas del juego: la desintegración de la familia modélica, donde los padres, tan lejos de sus hijos, los abandonan a su suerte, o los sobreprotegen para compensar la marginación, lo cual es paradójico.
En Entre los muros el profesor tiene alumnos maravillosos, como el chico chino que pese a las dificultades de lenguaje, asimila como una esponja y siempre sonríe. Tiene alumnos llenos de espiritualidad que entran en cortocircuito con el sistema, como Soulimane, el chico de Malí que es expulsado a otro liceo. Y tiene a Esmeralda, musulmana, la enfant terrible de la clase, cuya agresividad no impide que sea una alumna brillante y lea a Platón por su cuenta. Y también tiene a los derrotados: la última escena en que, a fin de año, en el aula vacía, una chica negra le confiesa al profesor que ese año no ha entendido nada, y que abandonará los estudios, demuestra cómo este modelo de educación expulsa a quienes no tienen la capacidad de convivir entre el caos y unas extrañas reglas de juego.
UN MAL PROFESOR. La ola es la antítesis de Entre los muros. Es alemana, y resulta particularmente inquietante, pues bajo un relato vertiginoso muestra qué fácil es caer en el fascismo, lo cual es angustiante si se piensa que los estudiantes del profesor Rainer que protagonizan la película podrían ser los nietos de los SS que "cumplían órdenes" en Auschwitz.
El liceo de La Ola no es un liceo marginal de una gran ciudad. Es un liceo de primer mundo total. No transcurre en un barrio obrero, y con la excepción de Sinan, el chico turco que quiere asimilarse a sus amigos alemanes, no presenta el problema de la multiculturalidad.
Pero la cuestión de la Educación es el eje. A diferencia del profesor Bégaudeau, Rainer, el profesor de Ciencias Sociales que imparte un seminario de una semana sobre "Autocracia", es docente que quiere ser "estrella". La vocación por enseñar puede llegar desde muchas orillas al alma del individuo, pero es sabido que el ego, la capacidad de ser histrión, la necesidad de ser admirado y de modelar las mentes de individuos aún no del todo formados, está presente en algunos profesores. Rainer es uno. Desde el principio se lo ve cometiendo una cadena de errores que llevarán al trágico final en donde, a riesgo de una matanza, un alumno se le suicida en plena clase.
La primera escena se lo muestra conduciendo su auto con la música rockera al máximo: es la actitud de un veinteañero, pero en verdad es un cuarentón, aunque lleve camiseta de punk y se trate de tú con sus alumnos. Es el típico profesor que se mimetiza con sus discípulos.
Quiere dar el seminario de "Anarquía", (en su currículum está haber sido "okupa" en Berlín), indudablemente, para defenderla. Como la dirección del liceo no se lo adjudica (él no ha presentado su propuesta a tiempo), se le concede el seminario de "Autarquía", que es lo contrario de lo que él quiere enseñar. Mientras tanto "Anarquía" lo está dando un profesor tradicional que él desprecia.
Entonces, en algo que puede sentirse como revanchismo y necesidad de ser el primero, crea un modelo didáctico para explicar la adhesión de las masas a las dictaduras, que tiene algo de juego de rol. Los alumnos parecen estar muy motivados, y él se siente omnipotente. Intenta reproducir en el microcosmos de la clase el surgimiento de un grupo fascista. Cuando propone un líder, los chicos lo votan a él, ¡y él acepta! Grave error: Rainer olvida que él es un instrumento, olvida el ida y vuelta, la dialéctica, y se cree, en verdad, que es un líder tal como Hitler se sintió. Los alumnos caen seducidos por su propuesta y por su narcisismo, con alguna excepción: una chica. La chica intenta competir con él, pero es imposible. Como disidente, queda sola, pero no renuncia al seminario y sufre. Rainer es un tanque de guerra. Logra que los alumnos hablen de pie, (después de haber levantado la mano para pedir la palabra), logra uniformarlos con una camisa blanca, logra cambiar de banco a las barras de amigos. Logra que lo llamen señor y lo admiren con devoción.
La Ola también se basa en una experiencia real estadounidense que fue llevada a libro, pero aplicada a Alemania resulta espeluznante. El profesor va descubriendo, como el resto de los profesores, que lo que está haciendo es muy peligroso. Pero no lo admite, porque el placer de creerse triunfador es mayor. Desprecia a los otros profesores, que tienen perfil bajo, se halaga porque la directora le transmite que hay padres que llaman ¡para alabar su clase!
Hay un detalle que pasa casi inadvertido en La Ola: a comienzos de la película, se ve claramente que la esposa de Rainer cursa un avanzado embarazo. Jamás se habla de ello en el film, y Rainer, que está próximo a tener un hijo, prefiere mil veces involucrarse en su movimiento juvenil que en su vida de hombre adulto y responsable. Esta película muestra cuán peligrosa puede llegar a ser la Educación si quienes la llevan a cabo son seres que buscan el poder y el dominio ideológico. El film termina al revés de como empieza: Rainer es llevado preso en un auto, pero esta vez, en lugar de un rock furibundo, se escucha un terrible silencio.
UNA PROFESORA QUE SUFRE. En el extremo opuesto está la fragilidad de Sonia, la profesora de literatura francesa que intenta enseñar Molière en El día de la falda. Protagonizada por Isabel Adjani (César a la mejor actuación), muestra una profesora al límite. Se dice que la carrera docente es la más estresante de todas las profesiones. Aquí Sonia, que es mujer, y que está deprimida porque su marido la ha dejado, debe dar clase en un liceo aún más conflictivo que el de Entre los muros: sus alumnos son todos musulmanes, ya provengan del norte o del resto de África. Son el Cuarto Mundo por excelencia, metido allí, en mitad de Francia.
Sonia se empecina en ir vestida de pollera (falda) aunque los alumnos varones le gritan por ello "puta". Los valores del extremismo islámico son los que imperan en la clase: enseñar literatura francesa a esos alumnos parece no tener ningún sentido, porque solo creen que vale la pena leer el Corán. La indisciplina es insoportable. La violencia, una bomba a punto de estallar.
La profesora encierra a los chicos en el teatro del liceo, a ensayar Molière. De pronto, en un confuso incidente, descubre que uno de los alumnos más agresivos, lleva en su mochila un revólver. Sonia lo toma y apunta a sus alumnos: la situación se invierte, ahora es ella la que tiene el poder. Quien mira la película ve una Isabel Adjani representando a la perfección el papel de loca, pero luego es posible percatarse de que la razón le asiste y que la única manera que tiene de impartir una clase, transmitir conocimientos y valores, meditar sobre el lenguaje y hacer trabajar a los alumnos, es bajo la amenaza de un arma.
El grupo de alumnos, hostil, con el silencio que impone el arma logra escucharla: algunos estudiantes comienzan a comprenderla, a sentir que ellos son los equivocados. Cuando Sonia descubre en un celular de un alumno la filmación de la violación de una compañera, la cosa explota. Algunos chicos defienden a la profesora a rajatabla. En este sentido, la película pone en cuestión el concepto de lo políticamente correcto en el sentido de que "todo vale" culturalmente. No es así: si se violentan los derechos humanos, entonces ya no se trata de respetar la cultura de los emigrantes sino de evitar un neofascismo islámico. Mientras tanto, los periodistas acosan al director del liceo: él echa la culpa a las autoridades para quienes un liceo es "una guardería social".
La policía asedia el teatro del liceo y todo termina en una tragedia. Obviamente, Sonia es la víctima, pero antes de morir deja bien claro a sus alumnos que ella también es hija de un árabe (al igual que la actriz, Isabel Adjani), que sabe hablar árabe con su papá, a quien ama, y que su gran "error" ha sido querer asimilarse en Francia cuando sus propios pares no la dejan.
El film termina con un alivio: en el cementerio, frente a la tumba de Sonia, se han reunido sus familiares, pero también alumnos que ella había raptado. Las enlutadas chicas van con falda corta, libres, para siempre.
La salvación por la escritura. Precious es la búsqueda de una salida: ni cuento de hadas ni tragedia. En un liceo común de Harlem, caótico y enterradero de derrotados, una chica como Precious, gorda, fea, pobre, iletrada, violada y maltratada, no tiene posibilidades de salir adelante pese a su inteligencia.
Pero el azar la pone en manos de una escuela especial: Each one to one. Sobre todo, la enfrenta a un ser humano excepcional, la profesora Rain, que ha sabido superar la adversidad. La nueva escuela probablemente dependa de una ONG. La clase es pequeña, las alumnas son negras, latinas y ex drogadictas. Son mujeres que en un comienzo se agreden mutuamente, pero que luego encuentran en el grupo el apoyo necesario para alcanzar la autoestima que las familias siniestras les han negado.
La obsesión de Miss Rain es que sus alumnas escriban todos los días. Cree que la escritura tiene poder de sanación: es el encuentro consigo mismo, es el buceo profundo, es la gimnasia del pensamiento, es la producción que demuestra al mundo la superación.
Finalmente, Precious aprende a leer y escribe maravillosamente, gana un premio a la alfabetización, ríe, es feliz, cría sus hijitos y, sobre todo, rompe el vínculo destructivo con su monstruosa madre.
Quien ha logrado ese cambio radical no es el poder mágico de Miss Rain ni su trabajo denodado. Es la Educación la que logra salvar a los pobres del desastre. La única salida, la gran salida.
Eso sí, Precious se ha topado con un sistema a la medida de sus necesidades: una clase pequeña, una docente irradiando vocación, un sistema social que, pese a la burocracia puede, de vez en cuando, salvar víctimas.