Escritores en el cine

Patrick McGilligan Garson Kanin

Cuando escribían junto con Ruth, ¿fue para Vds. una ventaja que el director George Cukor no escribiera?

—No han aparecido muchos escritores-directores. Desde luego, eso sería lo ideal. Creo que lo mejor que ha surgido en América ha sido Preston Sturges, que escribía cada palabra del libreto y dirigía brillantemente. Después está Billy Wilder, que escribe en colaboración. No sé mucho sobre sus actuales colaboraciones, pero conociendo a Wilder, creo que el material es suyo y que Izzy (I.A.L. Diamond) lo transcribe muy bien.

Lo que no es ideal es tener un director poderoso que altera el libreto.

Como dijo mi hermano Michael con agudeza, "Es curioso que poca gente pueda escribir, y que tanta gente pueda reescribir". Me dan un texto de Shakespeare, lo arreglo, le hago algunos cortes, le cambio algunas palabras y creo que lo estoy mejorando. Eso me da una sensación artificial de creatividad, pero no es creatividad, y esa es una de las cosas que deploramos los libretistas: el hecho de que nuestros textos son siempre manoseados, sin excepción. Son retocados por un productor, un director, un jefe del estudio, un censor, una actriz poderosa. Y es por eso que digo "Tres hurras por el teatro y por el gremio de dramaturgos".

—Pero creo que Cukor actuó con mucha simpatía frente a Vd., a Ruth, a Hepburn y a Tracy.

—Oh, sí. Fuimos grandes camaradas, además de compañeros de trabajo. Cukor era muy respetuoso del texto, una vez que estaba aprobado. Teníamos habitualmente un montón de reuniones para hablar sobre el libreto. Y no sólo con él. Cuando hicimos las películas de la pareja Tracy-Hepburn, ambos estaban en esas charlas, también. Pero ninguno hizo una contribución importante a alguno de los libretos. Desde luego, se produjeron discusiones y aclaraciones, pero en casi todos los casos se trataba de enseñar la forma, el sentido, los temas y las resoluciones de esas obras.

—¿Por qué Ruth y usted dejaron de escribir juntos?

—Como le dije, realmente no lo disfrutábamos, porque peleábamos mucho. Tras la cuarta película (The Marrying Kind, con Judy Holliday), nos dijimos "no trabajemos juntos nunca más". A partir de allí, Ruth escribió lo suyo y yo escribí lo mío. De hecho, nunca vi nada de sus textos hasta que estuvieron terminados, ni ella los míos, y en algunos casos no vi los de ella hasta que fueron publicados. Y eso resultó una forma más eficaz de trabajar.

—Me parece incomprensible que Vd. y Ruth, habiendo formado una de las mejores parejas de escritores, se separen después de haber alcanzado ese nivel creativo.

—Pero fuimos igualmente buenos después de la separación.

—¿Y no perdieron algo al separarse?

—Sólo la compañía. Ha provocado un poco de soledad, porque hay que quedarse sentado en una habitación durante cuatro, cinco o seis horas de cada día. Eso es algo que cada uno debe superar. Pero no encontré opresiva a la soledad. La encontré pacífica y me encanta escribir.

—Pero Vd. había ganado algo, creo, con la sabiduría de la experiencia, por lo menos, al trabajar con Ruth.

—Oh, gané mucho más de lo que puedo decir, por vivir con ella y ser su marido durante 44 años. En una relación tan rica, se gana algo. Es parte de la cosa. Nos civilizamos mutuamente, ¿verdad? Por eso son importantes las buenas relaciones y las buenas influencias.

Por ejemplo, no puedo imaginarme que un escritor que sólo lea basura llegue a ser un buen escritor. Los buenos escritores que he conocido eran también buenos lectores. Yo no lo soy ya. Solía ser un lector omnívoro. Pero Somerset Maugham dijo una vez que "nadie lee algo después de los 50 años". Yo solía objetar eso, pero veo gradualmente que quizás tenía razón. Cuando la edad avanza, ya no se tiene tiempo para sentarse a leer la Enciclopedia Británica ni las obras completas de Mark Twain en 34 tomos, como solíamos hacerlo con mi hermano.

—Antes tenían todo el tiempo del mundo.

—Pero la vida atrapa. Leer es un tremendo lujo, un lujo que a menudo no puedo permitirme. Yo aconsejo a los jóvenes escritores que lean a los mejores escritores, a los clásicos, y que lean los originales en inglés antes que las traducciones de autores extranjeros.

(Traducción HAT)

Los autores

GARSON KANIN (1912-1999) hizo una extensa e intensa carrera que comprende haber escrito o dirigido 32 piezas de teatro, la dirección o el libreto de 29 películas y una larga lista de libros y artículos. En la adolescencia, tras dos años de estudios en una Academia de Arte Dramático, se acercó a Broadway, hizo pequeños papeles desde 1933 y tuvo como maestros a George Abbott y al dramaturgo Thornton Wilder. En el medio siglo siguiente, sus brillos teatrales incluyeron la autoría de la comedia Nacida ayer (luego llevada dos veces al cine) y haber dirigido el estreno de El diario de Anna Frank. En cine mantuvo una espinosa colabración con el productor Samuel Goldwyn y dirigió varias comedias para RKO en la década de 1930, como Mamá soltera y Sus tres amores, ambas con Ginger Rogers. Junto a su esposa Ruth Gordon (1896-1985), también actriz, Kanin escribió una serie de comedias para la pareja Spencer Tracy-Katharine Hepburn (La costilla de Adán, Pat and Mike), formando un equipo creativo con el director George Cukor. En este suplemento (523, noviembre 1999) se publicó un texto de Kanin bajo el título "Instrucciones para escribir".

PATRICK MCGILLIGAN ha realizado una abundante obra en el periodismo cinematográfico, como cronista de la revista Film Comment, como autor de biografías (James Cagney, Robert Altman, George Cukor, Jack Nicholson, Fritz Lang) y como historiador de las Listas Negras en el notable libro Tender Comrades (1999). Aun más valiosa es su historia del cine americano en la palabra de 44 libretistas, con largos reportajes reunidos en los tres tomos del libro Backstory (University of California Press, 1986 a 1997). En el segundo tomo figura el texto que se transcribe en esta página.

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