En el fondo de un volcán

Hugo Fontana

NO ES AQUEL título de una novela de Ítalo Calvino, Si una noche de invierno un viajero, que Borges consideraba uno de los más hermosos de la literatura. Pero Con la congoja de la pasada tormenta, tomado de un pasaje del Quijote, también tiene lo suyo. Así se llama además uno de los mejores relatos de este libro que reúne, según la tapa, "casi todos los cuentos" de Castellanos Moya.

Es un libro desparejo. Castellanos es muy bueno cuando la anécdota roza lo policial, y anodino hasta la ingenuidad cuando las historias abordan relaciones vinculares de contenido sexual. Entonces se repite, describe innecesariamente experiencias de alcoba que podrían haber parecido más o menos escandalosas -o más o menos ingeniosas- hace algunas décadas, y también sus personajes terminan siendo tan parecidos entre sí que cuentos como "Madruguete", "Paredes delgadas", "El pozo en el pecho", "Amaranta", simulan solo variaciones de un mismo tema y de unas cuantas poses amatorias.

Castellanos destaca en cambio en cuentos como "Variaciones sobre el asesinato de Francisco Olmedo", "Némesis", "Con la congoja de la pasada tormenta", donde los narradores adquieren un cierto aire detectivesco o confesional, y donde la violencia privada o pública (en los 80, años de fuego para El Salvador y para casi toda América Central, con movimientos guerrilleros, terrorismo de Estado, y grandes olas migratorias) se transforma en el contenido excluyente de las historias. Es también entonces cuando la mano maestra de Juan Carlos Onetti, de quien Castellanos se declara admirador, se evidencia con mayor fuerza.

"Y ahora relataría su historia, la esencial, de protagonista y sobreviviente -mientras conducía su Honda aerodinámico, con placas de Texas, vidrios polarizados y aire acondicionado, impecable para olvidar que afuera el mundo empezaba a achicharrarse- , una historia en la que cualquier especie de piedad sería desterrada en el acto, porque en aquellos años solo hubo fuerza, crueldad, truculencia...", dice el protagonista de "Variaciones sobre el asesinato...", y la cadencia narrativa, deudora del lenguaje onettiano, nos hace pensar de inmediato en el Díaz Grey que cuenta las peripecias de Jorge Malabia en Para una tumba sin nombre.

El chileno Roberto Bolaño escribió años atrás para un diario mexicano, a propósito de las novelas de Castellanos, que estábamos ante un narrador "melancólico y [que] escribe como si viviera en el fondo de alguno de los muchos volcanes de su país. Esta frase suena a realismo mágico. Sin embargo no hay nada mágico en sus libros, salvo tal vez su voluntad de estilo. Es un sobreviviente pero no escribe como un sobreviviente". Ello es cierto y aplicable a un puñado de estos relatos, pero no a "casi todos", como se advierte.

CON LA CONGOJA DE LA PASADA TORMENTA. CASI TODOS LOS CUENTOS, de Horacio Castellanos Moya, Tusquets, Barcelona, 2009. Distribuye Urano. 308 págs.

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