Laura Falcoff
(desde Lyon, Francia)
AUNQUE YA ES extremadamente conocido el hecho de la colosal expansión internacional del tango rioplatense, no es quizás tan sabida la fuerza de ese movimiento en Francia. Incontables asociaciones florecen en las ciudades así como en muchos pueblos grandes y pequeños del país. Una de las más antiguas es la Asociación Tango de Soie, radicada en Lyon - "soie" significa seda en francés y Lyon fue conocida hace siglos como "la ciudad de la seda"-. Allí la bailarina y maestra Sylvie Krikorian trabajó durante muchos años. Luego se alejó y ahora está abocada a la enseñanza del tango y a la labor periodística, ya que es secretaria de redacción de la más importante revista de tango que circula en Francia: La Salida. Los vínculos de Sylvie con el género abarcan también la esfera personal, ya que desde hace más de una década comparte su vida con el bandoneonista uruguayo, radicado en Francia, José Luis Betancor.
Esta estrecha relación con el tango en órdenes tan distintos, le ha dado a Sylvie una aguda perspectiva sobre el fenómeno tal como se manifiesta ampliamente en su país, que no por primera vez en la historia abraza y hace propias una danza y una música venidas desde el otro lado del océano.
EL TANGO "NUEVO".
-¿Cuándo y por qué comienza su relación con el tango?
-Hace alrededor de dieciséis años. ¿Por qué? No lo sé. Quizás fue efecto de la casualidad o un hilo que me fue conduciendo. Comencé a tomar clases de tango en Lyon en una pequeña asociación que ya se llamaba Tango de Soie, y encontré algo que me tocó profundamente.
-¿Quiénes eran los maestros de esa asociación?
-Primero, una pareja francesa. Luego Tango de Soie trajo profesores de Buenos Aires, como Rodolfo y María o Eduardo y Gloria Arquimbau; gente madura. Más adelante se invitó a Esteban Moreno y Claudia Codega, mucho más jóvenes, a dictar un taller. Como Esteban y Claudia estaban interesados en iniciar su carrera en Europa, Tango de Soie fue bueno para ellos, como un pie a tierra desde el que podían alcanzar otros lugares. Su presencia entre nosotros fue muy importante.
-¿El estilo en que se baila tango en Lyon -en Francia en general- ha cambiado en estos años, comparado con los inicios?
-Ha cambiado a causa de una moda que se ha apoderado de mucha gente joven. No sé cómo decirlo, de pronto hay cada vez más gente que baila tango y se ha impuesto una cierta adaptación a estos jóvenes: el llamado "tango nuevo". Los profesores han debido tomar este cambio que exige poseer una fuerte técnica. Se ve un baile muy virtuoso, exigente, incluso entre quienes no son bailarines profesionales. Por cierto se ha desarrollado un estilo más... elaborado, quizás sea ésa la palabra.
-Y a usted, ¿qué le dio el tango desde un punto de vista personal?
-Fue una experiencia transformadora. Rápidamente amé la música de tango, lo que desde el principio coloreó mi danza. No se trataba, para mí, de hacer sólo pasos. Realmente quería bailar sobre esa música. Por otra parte transformó mi femineidad. Vengo de una generación crecida en el rock and roll y el pop. Todo lo que fuera bailar en parejas ya no existía y esa femineidad, representada por los zapatos de taco alto y los vestidos, no la había conocido. Así que por una parte el tango reparó aspectos concernientes a mi femineidad, y por otra parte, buscando por mí misma la manera de estar lo más cómoda posible en esta danza, encontré que había un lazo entre la forma en que yo me colocaba en el tango y la forma en que me colocaba en la vida. La falta de equilibrio y los temores que yo sentía, todas las emociones que afectaban mi vida, reaparecían en mi danza como en un espejo. Al cabo de diez años encontré que no era la misma persona que había sido. Me cuesta verbalizarlo pero creo que estoy más cerca de mí moviéndome que si estuviera en el diván de un psicoanalista.
-¿Y su relación con las letras y la música del tango?
-Como decía, amé rápidamente la música de tango. Me parece excepcional por su poder, por la manera en que toca las emociones, por su profunda nostalgia. En cuanto a las letras, las comprendo bien porque antes de trabajar en La Salida yo leía la revista y siempre busqué las traducciones y las explicaciones de las letras. Además, gracias a mi compañero uruguayo, puedo entender perfectamente el español, aunque soy tímida para hablarlo.
ASOCIACIONES Y ESCUELAS.
-¿Podría contar algo de las numerosas asociaciones de tango que existen en Francia?
-En todas las grandes ciudades francesas y también en muchas pequeñas hay actualmente asociaciones. El tango explotó realmente en Europa hace unos dieciocho o veinte años gracias a Francia y de tanta gente apasionada por él surgió la necesidad de crear asociaciones. Son las que han permitido no sólo que el tango esté muy vivo aquí sino que también se haya desarrollado. Una asociación es algo muy diferente a una escuela de danza. Alguien va a una escuela de danzas de salón porque le gusta bailar y punto. Una asociación, en cambio, no tiene normalmente objetivos lucrativos sino que es sostenida por gente que ama lo que hace. Por lo tanto abre muchas posibilidades, incluso con trabajo para los músicos que se dedican al género. Así ha surgido una verdadera red: leyendo La Salida o buscando en Internet se puede ir el fin de semana a un pueblo minúsculo donde se organiza un encuentro de tango. Me gusta esta manera artesanal de hacer las cosas.
-¿Es en Lyon el tango más fuerte que en otras ciudades francesas?
-No, hay muchas asociaciones importantes: París, Nimes, Toulouse, Marsella. Tango de Soie fue la primera asociación en Lyon y ya tiene unos dieciséis años.
-¿Cómo encara usted la enseñanza del baile de tango?
-Me he apartado un poco de la manera tradicional de enseñar. Mi propuesta es sólo para mujeres, orientada a desarrollar la conciencia y la confianza en sí. No me interesa que las alumnas copien pasos: cada una tiene su morfología, su edad, su personalidad. Entonces no hace falta imitar a la "super gran bailarina" que practica diez horas por día. Hago siempre un trabajo de preparación para la danza y un desarrollo del alerta de los sentidos, tan perdidos hoy en medio de la rapidez de la vida. Después enseño aspectos técnicos sobre el rol de la mujer en el baile y en algún momento se invita a los hombres. Me ocupo también de la musicalidad, a la que considero algo esencial.
-Hablemos un poco de La Salida: ¿quiénes son sus lectores?
-La Salida comenzó siendo sólo una agenda de actividades en la época anterior a Internet. Pero pronto comenzó a incluir artículos sobre la historia del tango, sobre las grandes orquestas, sobre poetas y músicos. Es decir, tópicos más allá del baile, que era lo que primordialmente interesaba a la gente. La Salida condujo a escuchar la música de tango y a que los lectores se interesaran y se conmovieran por ella, por la cultura y la historia del tango. Cuando dejé Tango de Soie los editores se pusieron en contacto conmigo y me preguntaron si me interesaba asumir el cargo de secretaria de redacción de la revista. Dudé al principio por mi falta de experiencia en el periodismo pero luego, convencida por amigos, dije que probaría. Me interesa sobre todo un aspecto de este trabajo: sin duda hay mucha gente que comienza con el tango aprendiendo a bailarlo y que después de uno o dos años, abandona. Mi deseo más profundo es que cualquiera que comienza a ser atraído por la danza, tenga acceso inmediato a la historia del tango, a su cultura y a su gente.