Carlos Scavino
EN 1927, CHARLES LINDBERGH realizó el famoso vuelo en solitario desde Nueva York a París y dos años más tarde se casó con Anne Morrow. Del matrimonio nació un primer hijo, conocido como el "Pequeño Charlie" quien a los veinte meses de edad fue raptado en un hecho oscuro que conmovió a la opinión pública y sentó jurisprudencia.
NOCHE. Los Lindbergh vivían en una casa rodeada de 172 hectáreas de terreno junto a las montañas Sourland, en Nueva Jersey. A las diez de la noche del 1 de marzo de1932, la niñera subió a ver al bebé, y encontró la cuna vacía. Después de revisar toda la casa sin que apareciera, era evidente que lo habían secuestrado. En la habitación del niño, la ventana de la esquina, que cerraba mal, estaba abierta y junto al radiador había un sobre blanco. De inmediato, Lindbergh informó a la policía que su hijo había sido raptado y que vestía un pijama gris.
La nota que contenía el sobre blanco estaba escrita con tinta azul en una extraña caligrafía de trazos ampulosos pero inmaduros. Decía: "Estimado Señor: prepare 50.000 dólares, 25.000 en billetes de 20, 15.000 en billetes de 10 y 10.000 en billetes de 5. Transcurridos de 2 a 4 días, le informaremos dónde entregar el dinero. Le advertimos que no haga pública la noticia ni notifique a la policía. El niño estará bien cuidado. Todas las cartas estarán firmadas con una marca y tres círculos".
La policía actuó de manera imprecisa mientras analizaba la escena del crimen. Se descubrió una pisada de zapato en el barro, y no se le tomó un molde de yeso para la pesquisa posterior. Otra prueba importante, la escalera de madera utilizada por el secuestrador, fue guardada en la casa por seguridad, retirándola de debajo de la ventana, donde aquél la había dejado. Estaba hecha a mano con rigor artesanal, y constaba de tres tramos de dos metros. Uno de los peldaños de la sección central se había quebrado por sobrepeso y tanto secuestrador como bebé debieron caer al suelo desde una altura de metro y medio.
La prensa de todo el país realizó un gran despliegue para cubrir el suceso. El presidente Hoover ofreció a los investigadores la cooperación necesaria. El Congreso puso en primer lugar de su agenda la legislación sobre secuestros, todavía pendiente, que convertiría estos crímenes en un delito federal castigado con la pena de muerte. Se conocería en el futuro como la "ley Lindbergh".
DINERO. Un antiguo director de escuela, algo extravagante, de 71 años de edad, el Dr. John F. Condon, se ofreció como mediador en el secuestro y obtuvo el consentimiento de Lindbergh. En la noche del 9 de marzo, Condon recibió en su casa del Bronx una carta, con la marca y los tres círculos, donde le decían que cuando Lindbergh le entregara el dinero debía publicar en el periódico New York America, la frase: "Dinero está preparado." El día 11, un hombre con marcado acento alemán telefoneó a Condon para advertirle que esa semana estuviera en su casa entre las seis y las doce de la noche, para recibir más instrucciones. Al día siguiente, le llegó una carta indicándole el lugar donde debían verse y advirtiéndole que llevara el dinero consigo. Estaba firmada con los tres círculos entrelazados.
Después de peripecias varias, Condon se encontró en el cementerio Woodlawn con un hombre que se cubría el rostro con un pañuelo, dijo llamarse John, y se presentó como mensajero de los secuestradores. Para cerciorarse de que hablaba con la persona indicada, Condon le mostró unos imperdibles de la cuna de Charlie que John reconoció de inmediato. Entonces Condon trató de convencerlo para que se entregara pero John replicó que no, porque hacía un año que preparaban el secuestro y no iban a abandonar justo ahora. Después le dijo a Condon que cuando tuviera el dinero, anunciara en el periódico: "El bebé está bien. El dinero preparado." Finalmente Condon exigió, para entregar el dinero, una prueba de que el niño gozaba de buena salud. El 16 de marzo recibió un paquete con un pijama gris parecido, según Lindbergh, al de su hijo. Junto a él había una nota con los tres círculos. En ella se insistía que el bebé estaba bien y que ocho horas después de recibir 70.000 dólares, le dirían donde encontrarlo.
El dinero, con la numeración registrada, fue transportado en un coche conducido por Lindbergh. A su lado iba Condon. Una vez en el lugar de la cita, el cementerio St. Raymond, Condon bajó solo y al no ver a nadie, volvió al coche. De pronto alguien gritó desde el cementerio "¡Eh doctor!" Palabras que Lindbergh oyó con claridad. Cuando Condon se encontró con John, le entregó a éste sólo 50.000 dólares aduciendo que eran tiempos difíciles y lo único que Lindbergh había podido conseguir. Sin discutir, John dijo "aceptamos" y le dio a Condon una nota indicando dónde estaría el niño. El secuestro cumplía 72 días, cuando de madrugada, junto a una carretera próxima a la casa de Lindbergh, un conductor descubrió, semienterrado, el cadáver en descomposición del "Pequeño Charlie".
PISTAS. Desde la primavera de 1932, Arthur Koehler, Jefe Forestal de Agricultura, convencido de que podía rastrear el origen de la escalera, la desmontó y numeró cada uno de sus peldaños. Analizó cuidadosamente las maderas utilizadas, sus propias marcas interiores como anillos y nudos así como las externas, provenientes de las máquinas y herramientas empleadas y las correspondientes a un uso anterior. Más de 1.500 aserraderos recibieron una carta de Koehler pidiendo que le enviaran tablones de muestra. A partir de los datos recibidos, dedujo el origen de aquella madera que, tres meses antes del secuestro, había sido adquirida por un almacén del Bronx. Como esta empresa sólo vendía al contado y por ello no había registro de los compradores, la investigación de Koehler había llegado a un punto muerto.
Pasó el tiempo sin que surgieran pistas de importancia. De pronto, empezaron a aparecer algunos billetes del rescate que condujeron a Bruno Richard Hauptmann, un carpintero alemán del Bronx. Cuando la policía le preguntó por el dinero de Lindbergh, éste contestó que no sabía nada. Sin embargo, cuando revisaron su casa, apareció un paquete de billetes del rescate debajo del banco de carpintero donde trabajaba pero, además, se encontraron más pruebas: trozos de la madera utilizada para hacer la escalera. Aunque las evidencias que lo inculpaban eran indiscutibles, Hauptmann nunca se confesó culpable. Así las cosas, en mayo de 1934, Lindbergh fue llamado para identificar la voz de Hauptmann. Después de dos años y a pesar de estar a unos metros de distancia de "John", Lindbergh la reconoció sin dudar. Desde ese momento Hauptmann fue formalmente acusado de asesinato en primer grado.
PROCESO. El juicio contra Hauptmann se llevó a cabo en el pueblo de Flemington (Nueva Jersey) y convocó a miles de periodistas y curiosos. El momento culminante lo protagonizó Lindbergh cuando reconoció nuevamente al hombre que se encontró con Condon en el cementerio. Como nadie dudaba de la palabra de un héroe como Lindbergh, desde ese momento Hauptmann estaba condenado. Moriría en la silla eléctrica el 3 de abril de 1936, después de una apelación y un aplazamiento.
Por falta de pruebas, el debate sobre el caso siempre permanecería abierto. Como nadie presenció el secuestro, nunca se sabrá quién raptó al bebé de su cuna. Tampoco si Hauptmann actuó solo o tuvo cómplices; si fue él quien subió por la escalera o si el bebé murió accidental o intencionadamente. No obstante, una serie de hechos determinaron de manera contundente, la culpabilidad de Hauptmann. Los peritos calígrafos confirmaron que él había escrito las notas del rescate. A su vez, Koehler estableció coincidencias claras en los cortes, vetas, y marcas de un tablón encontrado en casa de Hauptmann con las de la madera utilizada en la escalera que presumiblemente él había construido. Asimismo fue incapaz de explicar por qué gastaba tanto dinero proveniente del rescate, cuando en realidad apenas tenía con qué vivir. Varias personas identificaron a Hauptmann y a su voz, "una extraña voz inconfundible", según Lindbergh. Pero si la inconsistencia de las coartadas no hubieran bastado para acusarlo, la débil estrategia de la defensa y la fuerza de los argumentos del fiscal, dejaron al jurado poquísimo margen de decisión.
Fuentes: CHARLES LINDBERGH, de A. Scott Berg. Plaza y Janés. Barcelona, 2001. Distribuye Sudamericana Uruguaya, 799 págs. Este libro fue comentado en el No. 658 de "El País Cultural".