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por Eduardo Milán
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Yo pensé que “…¿y para qué poetas en tiempos de penuria?” de la sección séptima de “Pan y vino” de Hölderlin iba a ser de esas preguntas que no cierran signo. Es decir, que “de ahí en adelante…”, “imposible ya librarse”. No importa que no todos sientan esa imposibilidad poética en relación al tiempo. Legiones poéticas avanzan hoy más que nunca —en una especie de giro conservador que parece acompañar el giro mundial a la derecha aunque sea disfrazada de izquierda— defendiendo el simple hacer poético, es decir, la escritura poética desnuda y pura, más allá de la coyuntura histórica. La modernidad gastó toda la energía poética recaudada desde Dante para integrar el discurso poético a un mundo múltiple en “intereses”. Esa acción que atravesó brillantemente el siglo XIX parece haberse difuminado. O está difusa, confundida. Hay quien justifica ese a priori poético con un acto de resistencia: sea como sea, poesía. Y parece un verso breve que suena bien. Pero invalida toda la conciencia crítica precisamente de los herederos de la Ilustración que recorren el siglo XIX —caminantes alemanes, caminantes ingleses pero caminantes— tratando de transformar la escritura poética en un acto con conciencia de sí, en principio. Luego, conciencia de lo que se deje. Eso es un salto de calidad desde los acantilados de la calidad que fascinaron al romanticismo alemán (Hölderlin en primer lugar). Y uno se pregunta: ¿cómo es posible desligar la belleza de la naturaleza de un a priori poético del tipo caiga quien caiga? Hoy deslindamos poesía y tiempo. La modernidad abrumó con el presente y la crisis de la modernidad ni se diga: el presente como único tiempo restante entre la reescritura del pasado y la inexistencia del futuro como meta-instancia de un metarrelato teleológico (marxista, católico, etc.). Pero la poesía no está separada del tiempo. Más allá del tiempo de la escritura —que es un tiempo propio— escribir poesía entra y sale del tiempo, aparece en la cresta de un acontecimiento o en un subterráneo beat. Pero aparece “de su tiempo” o mejor, sin posesivos rondando, “en su tiempo”. La poesía instaura el tiempo de la poesía dentro de un tiempo mayor. Pero el tiempo de la poesía ya es un tiempo condensado de temporalidades poéticas y no poéticas. Por eso es difícil poder decir que entre el poeta provenzal y un poeta de hoy existe la misma actitud: escribir eso llamado poesía que tiene una articulación precisa. Una precisión extraña que puede sobrevivir con certeza en la multiplicidad.
(foto Leonardo Mainé - Archivo El País)
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