El hermano menor

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Luis Fernando Iglesias

A COMIENZOS del siglo XXI a las estrellas del rock se les da por contar sus vidas. La curiosidad del público por conocer el backstage de sus historias alienta que éstas se publiquen. Los resultados son desparejos. Desde libros interesantes que completan la imagen que el aficionado tiene de la obra del artista, a banalidades donde el protagonista de la biografía intenta dejar su retrato para la posteridad en forma acartonada y aburrida. El éxito en las ventas dependerá, antes que nada, de la fama del músico y de lo oscura o pecaminosa que haya sido su intimidad. La historia secreta que más expectativa genera es la anunciada biografía de Keith Richards, a publicarse el próximo año. El guitarrista de los Stones es el paradigma de todos los excesos del rock y su supervivencia, con sesenta y cinco años cumplidos, resulta complejo de explicar.

A Richards no le debe de haber hecho gracia que Robin Wood, su compañero de juerga, haya tomado la delantera y sea el primer miembro de los Stones que cuenta la intimidad de sus Majestades Satánicas. La editorial resolvió cambiar el título original, Ronnie, por Memorias de un Rolling Stone. Sin embargo, la vida del músico tiene ingredientes interesantes además de formar parte de la banda más longeva del rock.

Venimos de los barcos. Pocas personas pueden jactarse de haber seguido tan al pie de la letra las tradiciones familiares como lo hizo Ron Wood. Integró la primera generación que nació en tierra firme dado que sus abuelos y bisabuelos eran "gitanos acuáticos" que vivían y ganaban su sustento en una barcaza de nombre Antelope que navegaba el Támesis. Nacido el 1º de junio de 1947 en Hillingdon, Londres, fue el menor de tres hermanos. Vivió sus primeros quince años en una pequeña casa municipal ubicada en el Nº 8 de la avenida Whitethorne. Su padre, Archie Wood, siempre cargaba una armónica y era célebre en los pubs del lugar. La casa de la familia era el centro de fiestas que terminaban a cualquier hora del día o de la noche. Un piano, ubicado en la sala junto a otros instrumentos caseros, ambientaba las reuniones. Años después, cuando vendieron la pequeña casa, los nuevos compradores encontraron mil setecientas botellas de cerveza Guinness vacías, enterradas en el jardín.

La primera actuación pública de Wood fue a los nueve años en un grupo de skiffle y su instrumento fue la tabla de lavar. Pronto reveló su gusto por la guitarra y la pintura, pasiones que lo acompañarían toda la vida. Integró en 1964 The Birds (no confundir con la banda norteamericana The Byrds) con la que se hizo conocido en el ambiente musical. En 1967 se unió al Jeff Beck Group, donde tuvo que tocar el bajo dado que Beck no aceptaba la presencia de un segundo guitarrista. En esa banda comienza su larga relación con el cantante Rod Stewart, y ayuda a formar -en 1970- el grupo The Faces.

En 1971 pudo haber ingresado a los Stones, luego de que Brian Jones fuera despedido, pero Jagger no consiguió ubicarlo para hacerle el ofrecimiento. El lugar fue cubierto por el blusero Mick Taylor. Wood también estaba presente la noche de 1974 en que Taylor anunció a Jagger su salida de la banda. Luego de que ésta se produjo, su nombre volvió a figurar entre los posibles sustitutos. El músico había realizado contribuciones esporádicas con el grupo, como en la canción "It`s only rock and roll". La lista de guitarristas que hicieron audiciones para el puesto fue extensa. Las mismas tuvieron lugar en 1975, durante la grabación del álbum Black and Blue en Alemania. Wood piensa que también fue una forma inteligente de conseguir músicos gratis para esas grabaciones. Al final, competía nada menos que con Jeff Beck, cuyo egocentrismo lo descalificaba; el otro contendiente era Eric Clapton. "Soy mucho mejor guitarrista que tú", le dijo Clapton. "Lo sé, pero no se trata solo de tocar con estos tipos, hay que convivir con ellos. Y no creo que tú pudieras hacerlo", contestó Wood.

Cuando le llegó el turno les dijo a los Stones que tenía una canción que ya conocían, "Hey, Negrita", y los conminó a tocarla. "Acaba de llegar y ya se pone mandón", acotó Watts. En cuanto los cinco músicos comenzaron a tocar, Wood supo que el puesto era suyo. "Hey, Negrita" quedó en la selección final de canciones del álbum. Al poco tiempo, tuvo una reunión con Jagger y Richards en un hotel de Munich. "Estás en la banda", le dijo Richards. "Ya lo sé", fue su respuesta.

Hombre de suerte. Desde su ingreso, Jagger y Richards lo adoptaron como su hermano menor. Conformó una unión musical y de juergas con Richards que hace difícil pensar al uno sin el otro. Su carrera en la banda fue ascendente hasta que en 1990 lo declararon miembro pleno. Sin embargo en 2000 estuvo en duda su participación en el "Forty Licks Tour". La condición que puso Jagger para que siguiera en el grupo fue que entrara en rehabilitación. Que el cantante se asustara del estado de su guitarrista revela el extremo al que había llegado. Wood no podía pasar los exámenes médicos exigidos para asegurar a los músicos antes de la gira. Por fin aceptó las condiciones y por primera vez tocó totalmente sobrio. Sobrio y asustado.

El relato de su vida parece una constante fiesta que recuerda lo vivido en casa de sus padres. Ha ganado y dilapidado fortunas a causa de su descontrol financiero, infieles managers, consumo de alcohol y drogas. Pero nada es contado en forma trágica: el autor apela continuamente al humor, se revela optimista, se siente un privilegiado por formar parte de la banda pero confiesa que sin su familia se hubiera vuelto loco y acepta que pertenecer a los Stones es como vivir en una jaula de oro. Según cuenta, sus costumbres han cambiado. En lugar de fiestas prefiere la vida en familia, manteniéndose sobrio. Pese a lo escrito, en 2008 ingresó nuevamente en rehabilitación por adicción al alcohol, las drogas y el sexo. Su matrimonio de 23 años con su segunda esposa, Jo Karslake, parece haber finalizado. El guitarrista mantiene una relación paralela con una modelo rusa de 20 años, de nombre Ekaterina Ivanova. "Amo a mi mujer pero tengo una novia y también la amo", declaró.

Quienes busquen en este libro la química oculta de la "mayor banda de rock`n roll del mundo" a la que el legendario tecladista de Ian Stewart llamaba "mis maravillas de tres acordes", quizás se sientan defraudados. Hay referencias sobre la forma en que se organiza en el escenario ese tejido musical que crean Richards y Wood, apoyados en el excelente "tempo" de Watts y la voz de Jagger. Pero el fenómeno no es fácil de explicar ni siquiera para ellos. De todos modos, el lector podrá encontrar una catarata de mínimas y amenas historias, donde ningún tema es tomado demasiado en serio, contadas con gracia por este buen pintor, mejor músico y experto juerguista.

MEMORIAS DE UN ROLLING STONE. RON WOOD, Globalrhythm, Barcelona, 2009. Distribuye Océano. 341 págs.

A punto de volar

UNA NOCHE de 1984 los Stones se encontraban en un hotel de Amsterdam. Richards llevó a Jagger a beber una copa para limar asperezas porque la relación pasaba por uno de sus recurrentes malos momentos. Volvieron a eso de las cinco de la madrugada y Jagger llamó a Charlie Watts, que se encontraba profundamente dormido. Lo despertó con un "¿Eres mi baterista?" y en forma por demás ruda le ordenó que se uniera a ellos para hablar. Watts, el más calmo y callado de los Stones, se tomó su tiempo; "...se puso un elegante traje de Savile Row, corbata, zapatos y se afeitó...". Luego empujó a Jagger haciéndolo caer sobre un plato de salmón ahumado. Levantó a su compañero y lo golpeó hasta llevarlo contra la ventana. Richards tomó al cantante de una pierna, salvándolo de caer desde el piso veinte hacia uno de los canales de la ciudad. "Nunca vuelvas a llamarme `tu baterista´ ¡Tú eres mi puto cantante!", le gritó, poniendo las cosas en su lugar.

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