Eusebi Lahoz (Desde Madrid)
CON CASI CUARENTA años de carrera, trescientas canciones grabadas y miedo escénico perpetuo, el pintor, músico, cineasta, poeta, Luis Eduardo Aute (Manila, 1944) es uno de los clásicos de la España de hoy. Sin él no se puede concebir la evolución de la canción de autor española como un género exclusivo; ni tampoco la transición política y cultural del país desde las postrimerías del franquismo hasta hoy, previo paso por el desencanto socialista, las barbaridades del PP, y el triunfo del mercantilismo y del cinismo de las altas esferas económicas.
No hay duda de que lo suyo es buscar, barajar y escrudriñar posibilidades a la caza de la belleza y del lado desconocido de las cosas. Sus discos combinan textos inteligentes y melodías trabajadas: por eso no fallan. Muchos son los temas que reclaman su reflexión, pero quizás el amor sea el más transitado. El amor, esa pregunta a la que descompone, encumbra y habita, a veces visto como un estado mágico y otras como una forma única a la que canta en busca de argumentos.
Desde hace muchos años se le escucha en el Cono Sur, y en el resto de América Latina. Primero en grabaciones piratas y desde hace un tiempo con una sólida distribución de su obra. También en Uruguay, país que ha visitado en varias ocasiones y al que desea regresar.
Eduardo pasea por su casa de Madrid dando vueltas a mil temas. Me recibe con dolor de muelas pero aún así no para. Ahora está hipnotizado con un conjunto de dibujos que muestra entusiasmado: son una serie de ángeles con pechos divinos y penes generosos que se enlazan cuerpo a cuerpo recorriendo las espumas del universo. Algunos de ellos exigen unas gafas especiales para poder apreciarlos en tres dimensiones. Cuando le pregunto el origen y la razón de esos dibujos se detiende, se pone serio y dice que si no los hace se aburre. "Cada vez me interesa más el arte como un juego", quizás por eso le resulta saludable que me ría tanto y que me quede deslumbrado con esas gafas de colores.
Luego me enseña los "poemigas" (sic) que acompañarán a los dibujos en su próximo libro, ANIMAL-HADA, preparado para noviembre. Confiesa que no puede recordar el momento de composición de muchos de sus temas más conocidos, como "Las cuatro y diez" o "De alguna manera". "Son canciones que vinieron sin darme cuenta. Es un fenómeno que se da con facilidad: canciones que aparecen sin darte cuenta... Es que hay canciones que son tesoros que están en un cofre esperando a que alguien lo abra y les permita salir".
Cuatro apuntes rápidos. El Fórum de las Culturas de Barcelona, en el que participó ofreciendo dos recitales: le pareció ambicioso y quirúrgico. Hace unos días leyó frente a la embajada de EEUU de Madrid el manifiesto de homenaje a José Couso (cámara de Tele 5 asesinado en Irak). De los nuevos, su cantautor favorito, (y le sobra razón), es Javier Álvarez, todavía poco conocido en Uruguay. Acaba de leer una antología de Idea Vilariño, y le ha conmovido.
Está a punto de lanzarse a la carretera para presentar en directo su nuevo trabajo: Auterretratos II, segunda parte de una antología en la que recupera algunos de sus temas menos conocidos, junto con otros clásicos, revestidos con ritmos inéditos. Lo tradicional se renueva.
LOS INICIOS.
—¿Cómo es que un tipo con inquietudes plásticas y cinéfilas se mete en el mundo de la música?
—Yo no me meto, me meten. Todo empezó en la mili, en Catalunya. Yo escuchaba mucha música, sobre todo rock’nroll. Elvis Presley, Buddy Holly, Jerry Lee Lewis eran mis preferidos. También mucha música clásica porque a mi padre le fascinaba la ópera y curiosamente tenía una guitarra. Pero a escribir no empecé hasta la mili. Allí me junté con un gitano que tenía una guitarra y empezamos a hacer canciones contra los militares, cagándonos en la puta madre del coronel, el sargento y todos esos.
Además tenía debilidad por la canción francesa. Había viajado a París varias veces. Brassens, Ferré... y evidentemente Jaques Brel. Allí se conjugaban melodías preciosas y textos bellísimos. Y luego, para colmo, irrumpen en mi vida los Beatles y Bob Dylan. Entonces le pillo el gusto a la rémora de "Blowin’ in the wind", a partir de la cual escribo "Rosas en el mar". Y también el primer "Aleluya" en recuerdo del "Hard days..."
—O sea que Dylan te picó.
—Me soprendió con aquellos temas de textos tan largos, inasequibles, y me provocó, porque con cuatro acordes armaba unos temas acojonantes. Entonces me dije: si Dylan lo hace con cuatro acordes yo también puedo. Y así empezó la cosa.
—Parece todo muy fácil...
—Tenía un amigo que cantaba en Los Sonor, un grupo del que yo ya había formado parte. Un día me pidió que le acompañara al estudio. Tenía pensado cantar unos temas míos. En el estudio estaba Juan Carlos Calderón junto al director artístico de RCA. Cuando ya había grabado un par de canciones preguntaron de quién eran esos temas. Mi amigo dijo que eran míos, y acto seguido me preguntaron si tenía más, y en caso de que los tuviera, que los cantara. Agarré la guitarra y canté dos canciones. Al cabo de escucharlas me propusieron que yo mismo las grabara.
—¿Y así, ya, directamente al estudio?
—No, no, qué va. Por otro lado conocí a Massiel, nos vimos, escuchó las canciones y también quiso grabarlas. Entonces hubo unas semanas de presiones... Alain Milhaud, el productor de Los Bravos, que había escuchado las maquetas, también quería las canciones para un grupo que producía. Decidí que las cantara Massiel y fueron una bomba.
—Tú seguías sin cantar.
—Sí claro, pero al poco tiempo RCA me propuso grabar. Y no sé... pensé, bueno lo hago, sólo por la curiosidad de cómo debe ser eso de hacer un disco, ¿no? Pensando que así un día se lo enseñaría a mis nietos y les diría: "mira el loco de tu abuelo lo que hizo"... la cosa es que esas primeras canciones, "Rosas en el mar", "Aleluya no. 1" fueron un éxito en todo el mundo. Se hicieron versiones en todos los idiomas. El "Aleluya" se grabó en inglés con el título "Who will answer" y llegó al número 3 o 4 de las listas en EEUU. En un año se me vino todo encima...
—¿Y qué pasó con la pintura?
—La pintura quedó desplazada por los discos. De pronto me encontré con un éxito tremendo en un campo inesperado. Eso me abrumó de tal manera que decidí retirarme para volver a la pintura.
—Y dedicarte exclusivamente a la pintura.
—Más o menos, entre otas actividades. Estuve haciendo exposiciones, sin embargo seguía escribiendo canciones. El fenómeno canción me despertó la curiosidad, me seguía inquietando y por eso pensé que merecía ser objeto de estudio. Quería seguir aprendiendo. Por eso compuse muchas canciones, con el ánimo de conocer en profundidad ese medio de expresión y de comunicación.
—Y cuando ya considerabas que habías aprendido algo...
—Entonces apareció el escritor José Manuel Caballero Bonald. En aquella época, él trabajaba en Ariola como asesor del catálogo de flamenco. Escuchó las canciones y me propuso grabarlas. Insistió mucho y dije "de acuerdo", pero con condiciones: nada de conciertos, y de promoción la mínima para dar a conocer el trabajo. Y me aceptaron las condiciones. Grabé Rito y una vez grabado me retiraba a mi estudio a pintar y rodar en 16 mm películas experimentales. En aquella época rodé varios cortos porque me interesaba dirigir películas.
—Y por fin perdiste el miedo escénico.
—Eso no lo he perdido nunca, todavía lo sufro. Si no fuera por el whisky no podría salir al escenario... Todavía en la actualidad me pasa: media hora antes de salir sufro taquicardias, tengo una bola en el estómago, lo paso muy mal, suerte del whisky, unos tragos antes de salir y...
Bueno, entonces un grupo de amigos organizaba un Festival de la CNT en Albacete. Esa fue la primera vez que me subí a un escenario. Recuerdo que me tuvieron que empujar entre muchos, aquello era una insensatez, pero al final salí allí con la guitarra y me puse a cantar. La sorpresa fue que la gente cantaba conmigo. Estaba tan nervioso que se me olvidó la letra de una de las canciones, y la cantó el público.
Y así me fui acostumbrando al escenario. Tanto que con Luis Mendo acompañándome a la guitarra y cargando con los instrumentos y el equipo, en un coche, nos recorrimos el país...
AUTORRETRATOS. (Y así hasta hoy. Marzo de 2005, con la segunda parte de los Auterretratos en la parrilla y con la nueva gira a punto de despegar. En el nuevo disco, Aute revisa temas antiguos, de alguna manera los rehace con arreglos contemporáneos. Algunos de ellos son totalmente desconocidos para las nuevas generaciones que se han sumado al descubrimiento de su obra, porque si hay algo que llama la atención es que sus fans no se renuevan, aumentan).
—¿En que consiste Auterretratos?
—Auterretratos es un re-encuentro y una puesta al día de canciones de diversas épocas que me apetecía recuperar, un trabajo basado en revisar. Casi todas estaban en el olvido.
—¿Lo vas a hacer con todas tus canciones?
—No, con todas no, son más de trescientas. Serán las que me apetezca volver a grabar por muchos motivos. Lo que pasa es que las canciones más recientes, por ejemplo las de Aire y Alas y balas están ciertamente en su sitio, pero las más antiguas no, y tengo ganas de recuperarlas.
—Para armar una canción, ¿sigues componiendo música y letra al mismo tiempo?
—Sí, al mismo tiempo... alma y cuerpo de una canción me salen al mismo tiempo.
LA POESíA.
—En tu última etapa se ha comprobado cómo cada vez te aproximas más a la canción desnuda, sobre todo de adjetivos.
—Odio los adjetivos. Es una implicación moral que debe hacer quien lea o escuche. Lo que más me interesa en estos momentos es la sencillez, lo esencial.
—¿Cómo es posible que alguien como tú, con tanta afición y necesidad de poesía, nunca haya musicado poemas?
—Sí que lo he hecho. Hace muchos años. Musiqué poemas de Gil de Biedma, de Carlos Edmundo de Ory, de Félix Grande y de Caballero Bonald. Presenté a la compañía el proyecto y me dijeron ¿y estos quiénes son? Y yo dije, "pues, cuatro de los poetas españoles más importantes de la segunda mitad del siglo XX". La respuesta fue: "Si fueran poemas de Lorca o Miguel Hernández... pero ¿estos?, ¿quién coño los conoce?"
—¿Nunca te ha apetecido grabar temas que no fueran escritos por ti?
—No, no puedo, me da miedo, me siento incómodo. Tengo la sensación de que estoy traicionando al poeta.
RECORRIENDO MUNDO.
—La carretera sí que la has transitado.
—Va a rachas, depende de la sobredosis de trabajo... el año pasado, después de pasarme tres meses metido en el estudio con los dibujos de la película (Un perro llamado Dolor) me apetecía mucho volver a la carretera. Y la gira de Auterretratos I fue muy larga, y a la vuelta de América (Cuba, México, Argentina, Puerto Rico y Ecuador) estaba muy cansado. Pero ahora volvemos a la carga, de abril a diciembre.
—Esta vez habrá presentación en el Palau.
—Esta vez habrá Palau (se refiere al Palau de la Música Catalana, de Barcelona, donde tenía por costumbre cerrar sus giras), pero al revés, se empieza la gira allí y se termina en Madrid en diciembre.
—¿Ocho años sin Palau no son muchos? ¿Qué tiene ese recinto?
—Sí, son muchos años sin pasar por el Palau. Tiene de todo, es, de alguna forma, una especie de catedral de la música y, por otro lado, el espacio es una auténtica joya.
—Resulta curioso que tu salto al otro lado del Atlántico llegase tan tarde... además que son lugares en los que se te escucha desde tiempos inmemoriales.
—Sí, pero también hay que decir que al principio fue porque no cantaba en directo, es decir, desde el 66 al 78 no daba conciertos, y nunca fui a hacer promoción.
—Y después, ¿a qué se debía la nefasta distribución?
—Eran cosas de la compañía. Como no iba a tocar era un motivo para no distribuir mis discos. Luego, cuando ya daba conciertos, me decían que mis canciones eran muy difíciles y que el público latino no podría entenderlas, imagínate qué barbaridad...
—¿Y te lo creías?
—La verdad, no, pero tampoco lo peleaba mucho. En realidad no le he dedicado a la música el tiempo que le hubiera dedicado si fuera mi única actividad... Lo que pasa es que luego venía gente y amigos de América que me decían "Eduardo, allí te venden pirata por todos lados y conocen tus canciones".
Hasta que en 1987 me llamó Silvio Rodríguez desde Argentina, que actuaba unos días en el Opera de Buenos Aires, y me dijo "ven y te cantas algunas canciones en mi concierto". Y me fui y canté. Y con gran sopresa por mi parte, descubrí que la gente conocía mis canciones. A raíz de esa primera toma de contacto empiezo a recibir propuestas para dar conciertos en América.
—Y de Montevideo, ¿qué recuerdas?
—De Montevideo recuerdo, sobre todo, el Teatro Solís, qué preciosidad, ¡y qué buena acústica! Montevideo me encanta, además me recuerda a una de mis ciudades fetiche: Lisboa. Montevideo es muy portuguesa, también recuerdo el puerto, el Mercado del puerto, fascinante. Siento nostalgia de Montevideo, a ver si en una de esas paso por ahí...
—¿Conociste a Alfredo Zitarrosa?
—Sí, en Cuba. No estaba en su mejor momento emocional... Lo traté más en La Habana que en Madrid, dónde coincidimos escasas veces. En su obra hay cosas que me parecen muy interesantes. También admiro a Viglietti; la última vez que coincidí con él fue en Buenos Aires, en un homenaje al Che, con Chico Buarque, Silvio Rodríguez y Víctor Heredia.
—¿Cómo recuerdas la efervescencia de los ochenta, el "Entre Amigos", las colaboraciones, las fiestas...?
—Pues, la verdad, los recuerdo muy gratamente. El "Entre Amigos" fue la primera vez que, en España, fueron como invitados a un concierto de un cantautor otros cantautores. Durante el concierto Silvio, Teddy Bautista, Pablo Milanés y Joan Manuel Serrat cantaron un tema mío y también otro suyo, y yo cantaba una canción de cada uno de ellos. El "Entre Amigos" fue un éxito tremendo. A raíz de eso se hicieron muchos discos en directo con invitados.
—Sí, todos recordamos el "Pongamos que hablo de Joaquín", tu homenaje a Joaquín Sabina.
—No le conté que tenía la canción hasta ese día...
—¿Fuiste a La Mandrágora, el legendario bar donde se presentaban Sabina, Javier Krahe y Alberto Pérez?
—Sí, un par de veces, era divertido, pero nunca fui un asiduo.
—Ahora ya no pisas la calle.
—Salgo lo menos posible, salvo que tenga que dar algún concierto o por motivos de trabajo.
LITERATURA Y LIBROS.
—Hay muchos temas tuyos con influencias literarias. ¿La literatura te ha servido como herramienta de trabajo?
—La literatura es una buena herramienta. Recuerdo que una vez, en los 80, no recuerdo qué año, volví de Cuba con tuberculosis y me pasé en la cama una temporada larga, leyendo sin parar. Me agarré un empacho de ensayos sobre filosofía... En aquella época llenaba las canciones con citas, hay una que tiene casi más citas que letra... Pero sí, leo todo lo que puedo aunque de forma caótica. Soy un lector de novelas nefasto, no consigo terminar ninguna, en cambio leo mucha poesía y de un tiempo a esta parte leo mucho sobre cine, sobre cine mudo. Todo lo que encuentro sobre cine mudo y comedias musicales, aunque parezca una gran contradicción. También libros sobre pintura... Me sirvió mucho para construir la película Un perro llamado dolor, para tener el máximo de información posible, o sea, se puede decir que leo determinados libros en función de lo que estoy haciendo.
—El poeta Jaime Gil de Biedma siempre ha estado muy presente en tu vida, por distintos motivos.
—Sí, a Jaime Gil de Biedma lo veía en casa cuando yo era pequeño, en Filipinas. Mi padre trabajaba en la Compañía de Tabacos que él dirigía. Luego supe de su obra, que admiro muchísimo...
—"Que la vida va en serio —dice un poema de Gil de Biedma— uno comienza a comprenderlo tarde". Y tú, ¿Cuándo comprendiste que la vida va en serio?
—A partir del nacimiento de mi primer hijo. Entonces es cuando dejas de vivir para ti, y lo haces en función de ese ser humano que has traído al mundo.
—Gil de Biedma no tuvo hijos, se dio cuenta más tarde...
—Él lo dice en otro sentido, porque su vida era más frívola. Para él la vida era, fundamentalmente, no envejecer, huir del paso del tiempo, mantener la sensualidad de la adolescencia eterna. Luego pasa el tiempo y te das cuenta de que la muerte va en serio.
—¿Eres un inadaptado?
—Supongo que sí. En realidad cualquier persona que se dedica al arte es, esencialmente, un inadaptado. El intelectual es el físico, el científico... el artista es alguien que se comunica mal, alguien que necesita un mundo propio. Los artistas están más cerca del manicomio que de la academia... Cada vez estoy más convencido de que la función del arte es evitar patologías neuróticas. Sólo hay que ver que a los inadaptados, a la gente con problemas psíquicos importantes los ponen a pintar, a escribir, a hacer música, ahí se descarga... La creación es una buena terapia.
—También el viaje, que en tu caso ha sido frecuente.
—El viaje sin duda también. Es la mejor "carrera", la carretera, la calle. Lo importante es aprender de la gente. Viajar es otro modo de conocimiento. Caetano Veloso dice "Navegar es preciso, vivir no es preciso", además, cambiando decorados se curarían muchas enfermedades.
—¿Qué es el éxito para ti?
—El éxito para mí es estar satisfecho con mi trabajo, pero esa satisfacción casi nunca es plena.
—¿Cómo vive un "inadaptado", un artista, los tremendos desajustes políticos actuales, que van sumando guerras, pobreza, refugiados, tránsfugas, terrorismo, fanatismo económico, fútbol y más fútbol...?
—Intentando "vivir" lo menos posible toda esa retahíla de horrores. Cada vez me siento más alejado de, digamos, "las circunstancias", haciendo lo imposible para que así sea pero es muy difícil aislarse, siempre te afecta alguna de esas "circunstancias". Intento vivir todo aquello que me atañe más directamente: mi trabajo, mi familia, los amigos. Cada vez dispongo de menos tiempo para "vivir" lo que me satisface. Y hay que darse prisa.
—Qué piensas sobre el cambio político que se está dando en América del Sur, Brasil, Uruguay, Chile, Argentina...?
—Que es muy esperanzador. Ojalá que las "circunstancias" que todos conocemos no acaben con esa esperanza.
—Aunque sabemos que nunca has estado encantado con ella... ¿Estás desencantado de la política?
—No puedo estar desencantado porque nunca me "encantaron" los políticos. Me gustaba, me interesaba la política cuando uno pensaba que se podían cambiar cosas. Pero hoy la política, los políticos, más bien, están al servicio de los intereses de los grandes "lobbies" financieros y de la gran banca. La política es un instrumento para controlar estructuras de poder económico. Y yo de economía o de altas finanzas sé muy poco y me interesa menos.
—¿Te sorprende conectar tan bien con nuevas generaciones, algunas nacidas después del "Entre amigos"? ¿Qué relación tienes con tus seguidores jóvenes?
—La verdad, no, porque es habitual que a mis conciertos venga gente joven, antes y ahora. Casi te diría que cada vez vienen menos los de mi generación. Se quedan en casa viendo la tele, supongo. Recibo muchas cartas de jóvenes que me envían cosas, trabajos suyos, poemas, canciones... Vienen a mi casa. La verdad, me gustaría tener más relación con ellos pero la falta de tiempo me lo pone difícil.
—¿Dónde están los personajes de "Mira que eres canalla"? (una canción suya hecha con afecto y humor, sobre su grupo de amigos) ¿siguen yendo a tus conciertos?
—Por ahí andan... los veo muy poco, ellos, parece que tampoco se reúnen. Es una pena. Los echo mucho de menos. Alguno que otro ha aparecido por algún concierto.
—¿Todavía te atreves a afirmar que el sexo es como Dios?
—Si no lo es, se le parece mucho. Que el sexo sea tan placentero (algunos dicen que es lo máximo; no lo voy a contradecir) y que, al mismo tiempo, sea el medio para que la especie se prolongue, me hace pensar que eso del sexo es algo de gran relevancia. Para mí es un misterio tan enigmático como la existencia de Dios... O tal vez más, si me apuras.
—¿Qué puede haber tras la muerte? ¿Giralunas, polvo...?
—Lo mismo estamos todos equivocados y hay algo... cualquiera sabe. Personalmente y, fuera de bromas, a mí me interesa mucho saber qué hay "tras la vida", que no es lo mismo que decir "después de la vida".