Desde el paredón

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Daniel Mella

EL LIBRO Confesión y otros escritos, de Pierre Drieu La Rochelle, publicado por Ediciones Universidad Diego Portales en su colección Vidas Ajenas, es un objeto agradable de ver y de tener en las manos. Cabe en el bolsillo, y a la calidad de los materiales y lo impecable de su presentación se suma un prólogo interesante y nada ostentoso del escritor chileno Mauricio Electorat. Las cincuenta y cuatro páginas que siguen y cierran el libro muestran la prosa de uno de los narradores franceses más importantes de la primera mitad del siglo XX, a la vez que uno de los intelectuales que supieron adherir y colaborar con el nazismo en tiempos de ocupación.

El hecho de que Drieu haya simpatizado con el nazismo es por ahora inseparable de su mérito literario y, según rezan la contratapa, la solapa y el prólogo, motivo fundamental para la publicación de los textos aquí reunidos. La errada tendencia política de otros contemporáneos suyos como Céline, Cocteau y Ezra Pound no ha llegado a eclipsar su obra ni a equipararse con ella, quizás debido a la genialidad indiscutible de este triunvirato ejemplar, o sencillamente porque las circunstancias de la vida de La Rochelle fueron más jugosas. Fue un dandy que peleó y fue herido en la Primera Guerra Mundial. Fue compañero de dadaístas y surrealistas, amigo de Louis Aragon, Paul Éluard y André Malraux, amante de Victoria Ocampo y uno de los primeros en reconocer a Jorge Luis Borges como un gran talento de las letras en la década del `30. Se suicidó el 15 de agosto de 1945, el día que se enteró a través de la prensa que había una orden para su arresto.

En 1992, a cincuenta años de la noche en que Francia deportó a más de trece mil judíos a campos de concentración desde el Velódromo de Invierno, y mientras la comunidad judía pugnaba para que el Estado francés pidiera perdón por los crímenes cometidos por el gobierno de Vichy, se publicó la versión íntegra de su Diario. Hasta ese momento Drieu venía siendo el autor de La Comédie de Charleroi, novela antibélica en la que recurre a su propia experiencia en el frente durante la Primera Guerra Mundial. Se lo recordaba por sus amistades famosas y por haber sido director de la Nouvelle Revue Francaise durante la ocupación. Se sabía de su adhesión al Partido Popular Francés y entre sus libros figuraban títulos flagrantes como Socialismo fascista. Pero habían sido tiempos confusos y muchas figuras de la cultura que flirtearon con el lado oscuro -o tuvieron su momento de debilidad- fueron redimidos por el paso del tiempo. El propio Mitterrand se inició políticamente al servicio del gobierno colaboracionista de Vichy.

El Diario, con sus reiteradas declaraciones de antisemitismo y su apología de Hitler y de la raza, fue un escándalo, y suscitó una resurrección de su obra y de su figura, esta vez bajo un nuevo signo, con un rostro nuevo.

UN RETRATO. En la foto de portada Drieu La Rochelle luce un terno gris, corbata oscura con lunares blancos y un cigarrillo a medio consumir en los labios. Las manos suaves y de dedos largos están ocupadas con el gato siamés que tiene en la falda. Sus ojos -los de Drieu- parecen haberlo visto todo. Ahora que a su vez sabemos todo acerca de él, ahora que sabemos lo malo que era, confirmamos en esa mirada lo que antes sólo podía adivinarse: la pedantería que confieren el odio y un intelecto hipertrofiado.

La contratapa, la solapa y el prólogo martillan que estamos ante una de las personalidades más complejas de la literatura contemporánea, llena de contradicciones y ambigüedades, y que acabó suicidándose. Pero las seis piezas que componen el libro no son suficientes para reflejar esa complejidad y sólo en ese sentido son decepcionantes: no contienen grandes dosis de contradicción ni ambivalencia. Es más, son coherentes en su tono melancólico y obsesivo, y posiblemente se deba a la brevedad de las pinceladas el que su retrato se acerque mucho a un prototipo psicológico. Hijo ilegítimo, Drieu fue criado por la madre y los abuelos. Devino seductor voraz tras ser envilecido por los hábitos pequeñoburgueses. Fue un intelectual víctima de un complejo de inferioridad o de un exacerbado sentido de la importancia personal y un enamorado de la acción, que es virilidad. Aunque también puede ser que la decepción provenga del hecho de que en el momento actual, debido a la constante exposición que han sufrido, los personajes de esta clase ya no encierran tanto misterio.

Las piezas que componen el libro sirven para sugerir los motivos detrás del fascismo de Drieu y posiblemente del de muchos otros, y para probar que su escritura revela un espíritu amigo de la emoción, del análisis de lo que lo rodea, y una habilidad a la hora de cazar belleza y verdad cercana a la del poeta y el aforista.

CONFESIÓN Y OTROS ESCRITOS, de Pierre Drieu La Rochelle. Ediciones Universidad Diego Portales, 2009. Santiago de Chile, 79 págs. Aún sin distribución en Uruguay.

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