Hugo Fontana
UN TREN RECORRE Europa. Es el Orient Express y va de Ostende a Estambul (aún mencionada como Constantinopla). Es a principios de la década del 30 del siglo XX, en plena entreguerras, y en él se dan cita, como en una poderosa metáfora, todas las clases sociales (desde los adinerados que ocupan lujosos compartimentos de primera clase hasta la muchedumbre que se amontona en los vagones de tercera), y todas las condiciones humanas (desde la mezquindad al heroísmo, desde la brutalidad al amor).
Carleton Myatt, un judío que viaja a Turquía para cerrar su negocio de importación de pasas de uva; Coral Musker, una bailarina británica que espera integrarse a un grupo de varieté; el doctor Richard Czinner, un comunista yugoslavo que espera llegar a Belgrado para encabezar una insurrección; Mabel Warren, una periodista alcohólica acompañada de Janet Pardoe, su hermosa amiga lesbiana; Josef Grünlich, un ladrón de poca monta que escapa de Viena tras haber matado a un hombre; y Quin Savory, un escritor exitoso a la búsqueda de ideas para su próximo libro. Con ese puñado de personajes en los que se acumulan caracteres y actitudes que luego desarrollaría en el resto de su obra (el pecado y la redención, la culpa, la pérdida o la felicidad), el inglés Graham Greene (1904-1991) nutrió su cuarta novela publicada en 1932, la primera que lo llevaría a la fama y que le permitiría dedicarse en exclusividad a la literatura.
Pero no solo lo que ocurre dentro del tren es un friso notable de ese continente que, salido poco tiempo antes de una de las conflagraciones más sangrientas de la historia del hombre, se apronta sorda, inconscientemente, al advenimiento de otro conflicto de similar magnitud. Cada uno de esos personajes carga sobre su espalda una responsabilidad y un estigma, un destino y una premeditación: Myatt se siente despreciado por su origen étnico, pero en su interior cuestiona y luego perdona la avaricia que lo conduce. Coral no es hermosa pero su propia ingenuidad la lleva a debutar con el judío. Czinner, quien cinco años antes escapó de un juicio sumario en su patria, se debate entre la entrega a una causa y una oscura vanidad que puede hacerlo capaz de sacrificar la vida de cualquier ser humano. Mabel mezcla su brillo como corresponsal -ha descubierto la verdadera identidad de Czinner, quien viaja de incógnito- con la aprensión que le produce su amiga y su desmadrada afición al alcohol. Savory, en tanto alter ego del propio Greene, se sabe escritor leído por multitudes pero no evita despreciar a autores como Joyce y Law- rence, demasiado introspectivos y psicológicos. Grünlich, desagradable incluso en su aspecto físico, disfruta con orgullo de una sola virtud, no haber sido jamás atrapado por la policía.
Como en un juego de cajas chinas, y con una precisión de orfebre, nuestro autor se regodea en las morosas coincidencias argumentales, en el cruce de una y otra de sus criaturas, para así dar forma a un vitral donde se vislumbran esperanzas y decepciones, y donde finalmente el azar y la fatalidad se unen paradójicamente para cerrar una aventura que no dura más de tres días pero que se transforma en el reflejo de toda una época. Greene escribió El tren de Estambul cuando tenía 28 años, y en sus manos se nota ya el vigor y la seguridad de un novelista de primera clase, aunando la tensión de una historia de aventuras y suspenso con la sabiduría de una reflexión filosófica constante.
Católico, miembro de los servicios de inteligencia británicos, Greene tuvo una vida azarosa y acaso envidiable. Recorrió el mundo entero, frecuentó a Fidel Castro y a Omar Torrijos, convivió con varias mujeres aunque nunca se divorció de su esposa Vivien Dayrell-Browning, estuvo a punto de obtener el Nobel, premio que sin embargo le fue negado bajo la absurda acusación de ser un escritor famoso. Fue autor de una de las mejores novelas del siglo XX, El americano impasible, pero también dio a conocer otros títulos estupendos como El poder y la gloria, Nuestro hombre en La Habana, El tercer hombre y El fin de la aventura.
EL TREN DE ESTAMBUL, de Graham Greene, Pocket Edhasa, Barcelona, 2008. Distribuye Océano. 367 págs.