Nelson Díaz
EL 16 DE JUNIO de 1904 Leopold Bloom, un empleado de publicidad del periódico dublinense The Freemans Journal comenzaba un día agitado en su vida. Durante 18 horas, desde las 8 de la mañana hasta las 2 AM, el inolvidable personaje de Joyce debió enfrentar más de una peripecia que cambiaría su vida y la de millones de lectores para siempre. Cada 16 de junio, desde 1954, se festeja en la capital de Irlanda el "Bloomsday", con una serie de coloquios, exposiciones, seminarios y lecturas, así como representaciones teatrales e improvisaciones en la calle de escenas de la historia de Irlanda.
Tal como afirmara Richard Ellmann, su biógrafo por excelencia, si Joyce inspira estos peregrinajes tal vez sea por el deseo de sus lectores de estrechar lazos con el escritor reservado que fue en vida. Otro motivo para visitar los lugares descriptos por el autor es que, aunque los transformó en palabras, no los inventó. "Es un hombre muy valiente el que se atreve a modificar la exposición, más aún, a deformar lo que ha visto y oído", expresó el 5 de mayo de 1916 en relación a su libro Dublineses, aunque tal afirmación vale para el Ulises. El autor prestó una atención tan minuciosa a los detalles mínimos de Dublín que llegó a decir que si la capital de Irlanda fuera destruida, se podría reconstruir a partir de sus libros.
CIUDAD DE LAS BRUMAS. James Joyce nació el 2 de febrero de 1882 en Dublín, donde también nacieron Oscar Wilde, Bernard Shaw, Samuel Beckett y el poeta William Butler Yeats. Hijo de un funcionario estatal, cursó estudios con los jesuitas y en la Universidad de Dublín, donde conocería a su futura esposa, Nora Barnacle, precisamente el 16 de junio de 1904. Barnacle era una campesina que provenía de Galway, actualmente denominado "Condado James Joyce".
En octubre de ese año, el escritor y su mujer abandonaron Irlanda y se trasladaron a Trieste, que por ese entonces formaba parte del imperio austrohúngaro. Allí Joyce enseñó inglés, y nacieron sus dos hijos, Giorgio y Lucía. Con un mapa de Dublín frente a sus ojos, comenzó por entonces a narrar las aventuras de Bloom. Tres años después, sufrió el ataque de iritis que casi lo dejó ciego.
En 1914 Joyce decidió trasladarse nuevamente a Zurich, donde residió mientras se desarrolló la primera guerra mundial. Finalizada esta, la familia partió para París, ciudad en que pasaría el resto de sus días.
A los 25 años de edad, Joyce había escrito ya su primer libro, Música de Cámara (1907), compuesto por 36 poemas de amor influidos por la poesía lírica isabelina y los poetas líricos ingleses de finales del siglo XIX. Siete años después publicó Dublineses, volumen que reúne quince relatos donde narra episodios de la infancia y la adolescencia, de la familia y la vida pública de Dublín. En 1916 publicó Retrato del artista adolescente, su primera novela de corte autobiográfico. A esta época también pertenece la obra de teatro Exiliados, escrita en 1918. Según Ellmann, ese año escribió el episodio sobre Nausícaa de Ulises, donde Bloom se come con los ojos a una muchacha —Gerty MacDowell— que está en la playa. También según el biógrafo, la escena es muy similar a un incidente ocurrido en 1917 entre Joyce y una médica llamada Gertrud Kaempffer, a la que el dublinés cortejó sin éxito.
El Ulises fue editado en 1922, cuando Joyce tenía 40 años de edad y hacía 18 años que se había exiliado de su ciudad natal. No obstante, no hizo otra cosa que escribir sobre ella y sus habitantes. De hecho, el Ulises puede ser utilizado fehacientemente como una guía turística de la ciudad. La calle Cartón, por citar un ejemplo, ubicada en pleno centro de Dublín, es descripta de manera meticulosa por el autor.
UN DÍA AGITADO. La novela es un libro extenso y sin embargo su acción se reduce a los acontecimientos de un solo día. El héroe de la historia es de ascendencia judía y su trabajo consiste en persuadir a propietarios de tiendas y comercios para que publiquen en el diario donde trabaja. Bloom está casado con Molly —una irlandesa criada en Gibraltar— cantante de prestigio en Dublín e infiel a su marido. A las cuatro de la tarde la infidelidad marital se corporiza con Blazes Boylan, el hombre encargado de los recitales que Molly dará en Irlanda.
Algo ya marchaba mal en el matrimonio de Molly y Bloom. Tuvieron un hijo llamado Rudy, nombre que remite al padre del protagonista, que falleció a los pocos días de haber nacido. La pareja se siente culpable de tal tragedia, por lo que eluden las relaciones sexuales. El protagonista, sin embargo, desea con fervor ser padre, cosa que parece verificarse sólo por una especie de adopción de Stephen Dedalus, un joven poeta de 22 años que deambula por las calles de Dublín y que no es otro que el propio Joyce. Dedalus, personaje que ya había aparecido en Retrato del artista adolescente, pasa la noche emborrachándose en los burdeles de la ciudad y Bloom, preocupado por él, trata de rescatarlo de una trifulca con soldados británicos. El protagonista lo lleva a su casa, le ofrece una taza de chocolate y le propone que se aloje en su hogar. Una actitud típicamente paternal, aunque el lector nunca llegará a saber si Dedalus acepta la invitación ya que la novela finaliza antes de que el poeta adopte una decisión.
A grandes rasgos esa es la trama de una de las novelas más representativas de la literatura del siglo XX. Vista así parece que nada sucede durante su transcurso. Sin embargo se trata de una fiel representación de la vida humana. El escritor irlandés creó una técnica inédita hasta entonces: el monólogo interior, que permite al lector penetrar en la psiquis de los personajes, de sus pensamientos y deseos más profundos y reprimidos. En el lenguaje que los personajes de Joyce emplean para expresar sus sentimientos no hay reticencia ni reserva. Es también el relato veraz de los pensamientos y deseos más íntimos de los dublinenses de entonces.
El título, Ulises, alude a La Odisea de Homero. En la novela de Joyce, Leopold Bloom es un Ulises moderno y todos sus encuentros durante ese día representan el duplicado exacto de las peripecias de su heroico modelo. En realidad, el autor se propuso demostrar que un hombre común puede ser heroico y que la vida es tan extraña y peligrosa como la vida descrita en las antiguas epopeyas, pero lo exhibe de una manera humorística. Si su Ulises tiene aventuras cómicas, el lenguaje en que está escrito el libro también contiene cómicas aventuras. Porque la fuerza en la escritura de Joyce no sólo radica en la densidad de las palabras, sino también en la poesía y el humor que animan a sus personajes. Las palabras se comportan de modo extraño, hay imitaciones, parodia y guiños a otros libros. Por ejemplo, uno de los capítulos tiene la forma de una obra de teatro (capítulo 15); otro, de monólogo sin puntuación (capítulo 18), estilo que sería desarrollado décadas después por los beatniks.
Por una cita que hace Ellmann en su libro Cuatro dublinenses. Oscar Wilde, Bernard Shaw, Samuel Beckett y James Joyce, se puede saber algo más acerca de los propósitos que motivaron la escritura de Ulises, y el balance del propio autor. Joyce confesó a su amigo Harriet Weaver: "El trabajo, que me impongo técnicamente, de escribir un libro con dieciocho puntos de vista distintos y otros tantos estilos, todos parece que desconocidos o no descubiertos por mis colegas de profesión, más la naturaleza del argumento, bastarían para alterar el equilibrio mental de cualquiera".
Su última novela fue Finnegans Wake (1939), título intraducible ya que wake en inglés significa despertar, pero refiere asimismo a una costumbre irlandesa donde la gente se reúne en los velorios para beber y homenajear de esta manera al difunto. Finnegan en cambio es el nombre de un gigante de la mitología irlandesa. Profundizando más, Tim Finnegan es el personaje de una canción irlandesa, quien, ebrio, cae de una escalera y es dado por muerto. Durante el velorio, vuelve a la vida cuando le vierten encima un galón de whisky.
Escrita en forma de una serie ininterrumpida de sueños que tienen lugar durante una noche, el personaje de Finnegans Wake, Humphrey Chimpden Earwicker, revive toda la historia de la humanidad y sus pecados. En cierta forma Joyce buscó concebir una historia universal en la que representaría el mundo nocturno de la Humanidad. A propósito de esta novela, el autor escribió una carta a su amigo Jacques Mercanton: "Buena parte de la existencia humana transcurre en un estado que no es comunicable mediante el lenguaje directo, una gramática preestablecida y una trama lineal. Reconstruyo la vida de la noche tal como hace el demiurgo con su creación, sobre la base de un guión mental que jamás se modifica. La única diferencia consiste en que yo sigo leyes que no he elegido. ¿Y él?"
El 10 de enero de 1941, víctima de una úlcera duodenal perforada, Joyce debió ser intervenido de urgencia. Cuarenta y ocho horas después, y al cabo de dos transfusiones de sangre, ingresó en coma. Murió tres días después, a las 2:15 de la madrugada.
Los precursores del Bloomsday
Según el escritor español, traductor de Ulises, Francisco García Tortosa, cada nuevo aniversario de Leopold Bloom no debería celebrarse sin recordar a los inventores del "Bloomsday", "cuatro locos que en 1954 decidieron apagar las 50 velas del primer calzonazo que se convierte en héroe literario".
En aquel grupo de "cuatro locos" estaba John Ryan, un dublinés adinerado que viajó en su yate particular a Itaca y pleiteó con las monjas propietarias de la casa de Eccles Street 7, que Joyce arrendó por imperativos de la ficción. Otro miembro del grupo era Patrick Kavanagh, nacido el mismo año de la acción de Ulises y autor del poema "Épica" donde homenajea a Joyce. En la ocasión también estaba presente Tom Joyce, primo lejano del novelista.
En la web y en el cine
Ingresando la palabra clave a un buscador de la web se pueden encontrar 1:780.000 sitios dedicados a Joyce. De todas formas, el estudio más completo sobre su vida y su obra es la biografía James Joyce, de Richard Ellmann, editada por primera vez en 1959. Con motivo del centenario del nacimiento del autor, Ellmann publicó una nueva biografía en 1982, corregida y aumentada, que editó Anagrama. Los cambios se refieren básicamente a la actitud del autor frente a sus textos, a sus experiencias de amor y deseo, sus tormentos cotidianos y sus puntos de vista políticos. Al menos tres veces el Ulises fue llevado al cine. En 1967, bajo la dirección de Joseph Strick, protagonizada por Milo O´Shea en el papel de Bloom. No se estrenó en Montevideo y su título original fue Ulysses. En 1982, el director alemán Werner Nekes filmó una nueva versión, que en Montevideo fue exhibida por Cinemateca, en julio de 1991. El título fue Uliisses y el papel de Bloom fue encarnado por Armin Wölfl. La última versión hasta el momento es Bloom (2003), dirigida Sean Walsh, con la actuación de Stephen Rea (Leopold Bloom), Hugh O´Conor (Stephen Dedalus) y Angeline Ball (Molly Bloom).