por Ionatan Was
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En la novela Un robo perfecto de Edh Rodríguez no pesa el formato de bolsillo, a veces tratado con prejuicio. Sus páginas guardan un contenido valioso, pulcro, y con un montón de guiños hacia todo aquel que entienda (o quiera entender) la idiosincrasia uruguaya en el sentido más amplio.
Un robo perfecto no es de esos libros cuyas minucias habrá que andar estudiando bajo lupa. El lector deberá ser flexible, como los personajes con sus historias y las digresiones en general. Asimismo deberá entender y ser cómplice de los muchos pactos ficcionales planteados por el autor. Empezando por el título: ese Un (y no “El robo perfecto”) dice mucho más de lo que parece.
Podría ser un policial de Hollywood. Las escenas vertiginosas en torno al robo no parecen precisamente salidas de la mansa Fray Bentos, epicentro del relato. Podría ser un policial negro uruguayo de bajo costo, también, pues la novela rebosa de detalles pintorescos, inocentes y hasta eróticos; pero todos muy cinematográficos, considerando claro la escena local.
La trama es así: un mediodía caluroso de diciembre, en un banco del litoral irrumpe un grupo de asaltantes improvisados (dato fundamental), que a su paso, más que un supuesto botín, dejan un rastro de muerte inconcebible por esos lares. El suceso es relatado no solo con lujo de detalles sino por partes. Como buen policial, el autor no sigue una temporalidad lineal plena; sitúa los hechos y titula los capítulos según el antes, durante o después del asalto (sic). El otro acierto es la variedad de personajes, y con estos surge la interacción hilarante, la burla pícara, y en definitiva la sátira descarnada al salir a flote el cruce típico entre Montevideo e Interior. De la capital llegará un ignoto periodista, y en rol secundario un par de investigadores que sí van a trastocar la parsimonia y la dejadez de sus colegas de pueblo. Y claro, a un mercedario como es el autor, habrá que creerle.
UN ROBO PERFECTO, de Edh Rodríguez. Estuario/ Colección Cosecha Roja, 2025. Montevideo, 139 págs.