por Gera Ferreira
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En un mundo donde las pantallas nunca descansan y el sujeto del multitasking, del rendimiento según el filósofo alemán de origen surcoreano Byung-Chul Han, parece condenado a estar siempre disponible, Natalia Costa Rugnitz (Montevideo, 1982) propone detenerse a pensar qué precio estamos pagando por esa hiperactividad digital denominada productividad. Con Tecnoproductividad, la autora uruguaya aborda a través de notas —provenientes desde la filosofía, la experiencia y la tecnología— la configuración de un sujeto atrapado entre pestañas abiertas, aplicaciones, memes, claves de seguridad, recordatorios, notificaciones, anuncios y mucho, mucho scrolling. Costa Rugnitz, Doctora en filosofía por la Universidad Estadual de Campinas y profesora de Antropología Filosófica y Ética Digital (UCU), pone su mirada en un híbrido contemporáneo: el Homo digitalis, que contempla su belleza ensimismada en el estanque del entorno digital, con una subjetividad profundamente narcisista —de ahí que la autora tome el mito de Narciso para oponer eficazmente ambas figuras—, y cuyo cansancio propende a un “penetrante debilitamiento cognitivo”, como parte del “proceso de atrofia de la inteligencia”, según señala en las páginas iniciales. Su ensayo participa de la Colección filosófica recién lanzada por Penguin Random House.
Mundos posibles. El texto parte de una crítica al ideal neoliberal de que toda crisis es oportunidad, y contra el “discurso luminoso”, ese que lleva al sujeto a una exigencia desmedida en procura de alcanzar una ilusión de bienestar. Costa Rugnitz se apoya en fuentes clásicas sólidas como Platón, Aristóteles, Heidegger y Foucault, y más acá, en los aportes del mencionado Han (cuya doctrina relee, discute y amplia), para señalar cómo la cultura del rendimiento y del dato se convierte en opresión silenciosa, al tiempo que en este escenario dispara sus propias preguntas, sobre qué mundos son posibles a partir de aquí. Pero el libro va más allá de la acusación o la denuncia, ya que incluye el papel de la inteligencia artificial, particularmente la generativa (como ChatGPT), provocando reflexiones lúcidas: “La diferencia entre el sujeto de rendimiento pre y pos GPT es que el primero se explota a sí mismo, mientras que el segundo, si no está contento, acaba por autoexplotarse con asistencia personalizada. Ser productivo nunca fue tan fácil”. El ensayo se despliega en lenguaje claro pero exigente, pues si bien se reduce al mínimo el aparato de notas, mantiene su matriz académica al transparentar un recorrido de lecturas y conceptos que valdría la pena tener a mano para participar un poco más de la conversación, y que la experiencia de lectura no se vuelva (como en el caso de Han) tan acatadora, por lo sintética y eminentemente expositiva, sin margen para intervenir o introducir un bocadillo. Para subsanarlo, la autora conjuga reflexión filosófica (en clave divulgativa) con ejemplos cotidianos, situando al lector en ese espacio difuso entre la promesa de eficiencia y la experiencia del agotamiento. Costa Rugnitz no da fórmulas; al contrario, muy al estilo de los ensayos de Marta Peirano, aunque sin su tono combativo, provoca el abandono del cronómetro interno para discutir y reactivar la capacidad de imaginación, la toma de conciencia, antes de que el reflejo del clic o el aplauso fácil nos gane. En este sentido, en tiempos en que la tecnología promete liberación pero impone nuevas cadenas, Tecnoproductividad es una llamada de atención para quienes todavía creen que rendir no es vivir: “El trabajo de la filosofía consiste, en gran medida, en internarse en zonas incómodas para examinarlas bajo una lupa que permita comprenderlas; esa comprensión, aunque no siempre se reduzca de inmediato el malestar, suele abrir la posibilidad de enfrentarlo y quizás, con el tiempo, amainarlo”. Por último, una serie de trabajos recientes como Enshittification (Mierdificación): why everything suddenly got worse and what to do about it (por qué todo empeoró de pronto y qué hacer al respecto), del periodista y bloguero Cory Doctorow (2025); Cointeligencia. Vivir y trabajar con la IA, del profesor Ethan Mollick (2024); o incluso Los campos electromagnéticos. Teorías y prácticas de la escritura artificial, del escritor catalán Jorge Carrión (2023), entre otros, ofrecen caminos alternativos de abordaje a estas temáticas, superando la elaboración de diagnósticos que proponen Costa Rugnitz y Han desde la filosofía y los estudios culturales, y se vuelcan de lleno hacia la práctica de usuario y la experimentación, configurando vías de acceso más amigables desde territorios compartidos con el arte, la literatura, el activismo y la innovación. Esas lecturas generan un necesario contrapeso de insumos y perspectivas para quienes buscan contrarrestar cierta demonización o negativismo en el análisis de estas temáticas y su impacto en nuestro diario vivir. En definitiva, Tecnoproductividad no solo analiza los síntomas de una era saturada de estímulos, sino que invita a replantear el lugar del pensamiento —y de la pausa— en un ecosistema que confunde la atención con el éxito y la conexión permanente con la plenitud. Costa Rugnitz ofrece una lectura que si bien no puede evitar ser pesimista, es decididamente crítica, y encuentra en el límite y en el silencio de la reflexión, posibles vías de resistencia. Al desmontar la lógica del rendimiento como forma de alienación también aparece la posibilidad de sostener una conciencia crítica en medio de tanto ruido.
TECNOPRODUCTIVIDAD. Notas sobre lo digital en el horizonte de la Inteligencia Artificial Generativa, de Natalia Costa Rugnitz. Taurus, 2025. Montevideo, 120 págs.