Claves del poder

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CARLOS SCAVINO

EN LA EUROPA de mediados del siglo XVIII, antes de la Revolución Francesa, como a los judíos les estaba vedado poseer tierras o utilizarlas, se consagraron a ocuparse del dinero y los metales preciosos. Demostraron gran habilidad en el desarrollo de estas actividades, hasta el punto de resultar muy útiles a los miembros de la realeza, para quienes trabajaban como proveedores de la corte y administradores de sus negocios. El precursor de la fortuna de los Rothschild, fue Mayer Amschel, que nació el 23 de febrero de 1774 en el gueto judío de la ciudad alemana de Frankfurt am Main. Éste se inició como consejero de coleccionistas de renombre, ganándose la confianza de la corte de Hesse. Era una época en la que poseer dinero significaba tener lingotes macizos o monedas, de manejo y transporte peligroso. Para simplificar el intercambio, mercaderes y cambistas comenzaron a sustituir las transferencias físicas con su palabra o su firma.

Los hijos varones de Meyer Amschel fueron Amschel, Salomon, Nathan, James y Carl, que en 1800 se convirtieron en socios de pleno derecho del negocio. Ocupaban cargos oficiales junto a su príncipe, y más adelante lograron un avance sustancial en sus carreras al ser nombrados agentes de la corte del emperador austríaco en Viena. Sus mayores beneficios los seguían obteniendo del movimiento de dinero entre Gran Bretaña y el continente aunque, en ocasiones, también se hacían cargo de las inversiones de su príncipe, muchas veces en forma de préstamos a otros Estados.

Al inicio de su carrera internacional pueden observarse signos distintivos de la familia Rothschild donde, para los negocios, sólo cuentan los hijos varones. Otras características eran: absoluta lealtad entre sus miembros; total discreción en el manejo de los negocios ajenos; asombrosa rapidez en el envío de mensajes, dinero y mercancías entre fronteras o incluso, a través de naciones en guerra. Pero sobre todo, profesaban un profundo sentido del honor, negándose a propiciar fórmulas mágicas o engañar a sus clientes, y siempre consultando en familia las decisiones importantes.

EN CARRERA. A los 21 años y como representante de la familia, Nathan creó en Londres la empresa británica. A partir de ese momento y durante las guerras napoleónicas, se convirtió en el enlace vital para transferir fondos y mercancías, debiendo superar muchas veces algunos bloqueos. Durante su Imperio, Napoleón no pudo destruir los vínculos económicos creados por los Rothschild entre el Reino Unido y el continente, supuesta causa de su derrota.

Por su parte, James fue el fundador de la dinastía francesa. Estableció un buen contacto con las autoridades de ese país e instaló el banco familiar en un edificio de la rue Lafitte, en el centro de París, que lo seguiría siendo con altibajos, hasta la época actual. Una de las primeras acciones de James fue consolidar las relaciones que facilitarían la circulación de oro y letras de cambio entre Inglaterra, Francia y el resto de Europa, en beneficio del príncipe austriaco Wilhelm de Hess.

A partir de entonces a Nathan se le abrieron todas las puertas en Gran Bretaña por haber adquirido la nacionalidad inglesa. Sólo le estaba vedado el Parlamento por ser judío. James disfrutó en Francia de la libertad que tenían los judíos en ese país a finales del Imperio napoleónico. Además, su prestigio creció al ser nombrado Barón, junto a su hermano Salomon, por el canciller de Austria, Clemens von Metternich. Conocido desde entonces como el Gran Barón, cuando tuvo que elegir esposa James se decidió por una sobrina, Bettina, hija de Salomon; de ese modo tanto dinero como secretos quedaban en familia. Esta se convirtió en otra práctica corriente entre los Rothschild: en lo posible, casarse con miembros de la familia.

NUEVOS TIEMPOS. El comercio en Europa cambiaba al tiempo que surgían nuevas posibilidades y más competidores. Por 1850 James condujo una gran expansión de los negocios. El universo Rothschild compuesto por bancos y sociedades, ahora se extendía desde Europa hasta Rusia y por el continente americano. Era una empresa con la que se debía contar en el comercio del mundo: algodón, tabaco, minerales, metales, diamantes, materiales estratégicos, vino y petróleo del imperio ruso. En 1868 al morir el Gran Barón lo sucedió su hijo Alphonse, mientras un hermano de éste, Edmond, ayudaba a los judíos perseguidos en Rusia, financiando su traslado e instalación en Palestina. Esta circunstancia hizo que los Rothschild advirtieran al Zar de que si continuaba con esa política discriminatoria no contara con ellos. Y Rusia no pudo contar plenamente con ellos.

Durante la década de 1880, la familia Rothschild debió superar un movimiento antisemita que estalló en Francia y que la tomó como centro de escarnio debido a su cuantiosa fortuna. La causa era el nuevo capitalismo de los banqueros comerciales, que suponía una amenaza para la antigua aristocracia, los agricultores, artesanos y comerciantes.

Al morir Alphonse en 1911, su hijo Édouard proseguiría la tradicional política pacífica de los Rothschild, siempre que se respetasen los intereses nacionales de Francia. Unos años atrás, los bancos Rothschild de Londres, París, Frankfurt y Viena habían acordado romper los vínculos que los unían, medida que evitó la incautación de la compañía de París en la guerra de 1914, época en que los Rothschild operaban en ambos bandos de la contienda. A partir de entonces, los sucesivos cambios en la jerarquía de la familia pasaron inadvertidos.

CAMBIOS Y GOLPES. Durante la II Guerra Mundial, los nazis despojaron a los Rothschild de la nacionalidad francesa y de gran parte de sus bienes: dinero, mansiones y obras de arte. Muchos de los bienes que habían conseguido sacar de Francia estaban ahora congelados para evitar que los alemanes se apoderasen de ellos.

Llegada la década de 1960, caracterizada por aumentos continuos en el precio del petróleo, la debilidad del dólar y un pesimismo general, los Rothschild siguieron comprando bancos. El gobierno francés endureció su política crediticia y los clientes redujeron sus depósitos ante la persistente depresión. Como consecuencia, los Rothschild debieron emprender, en 1978, una importante reestructura que reduciría de manera significativa la fortuna familiar.

En 1982, el presidente socialista de Francia, Franois Mitterrand, con la mayoría absoluta en el parlamento, aprobó la nacionalización de la banca. Es decir, una cuarta parte del sector, ya que muchas de las otras grandes instituciones habían sido nacionalizadas por De Gaulle en 1945. En 1986, el centro derecha llegó al poder con el propósito de eliminar los efectos de la nacionalización socialista. Los Rothschild recibieron una especie de reparación simbólica al ser seleccionadas sus empresas como asesoras del Gobierno de Chirac en la privatización del Paribas, el banco comercial más grande de Francia.

Se le atribuye al Barón Edmond de Rothschild una definición muy utilizada, de los miembros de la familia,: "Un Rothschild que no sea rico, judío, filántropo, banquero, muy trabajador y no lleve cierto estilo de vida, no es un Rothschild". Sin embargo esta definición, aunque sugestiva, resulta incompleta. Sería preciso agregar que algunos miembros de la familia también se destacaron en otras actividades como las ciencias, el arte y el coleccionismo.

Esta es una nueva versión del libro de Herbert Lottman sobre una de las familias más poderosas del mundo, que colaboró con algunos gobiernos, fue denostada por otros, pero aún mantiene su influencia al más alto nivel. Lottman comenta las relaciones familiares de los Rothschild. Realiza un análisis minucioso de cada miembro, la disciplina a la que se dedicó, el entorno familiar cultural y político que lo rodeó, los logros y frustraciones de su vida. Es un repaso a los acontecimientos más destacados desde el siglo XVIII hasta ahora.

LOS ROTHSCHILD, Historia de una Dinastía, de Herbert Lottman. Tusquets Editores, Barcelona, 2006. Distribuye Urano. 440 págs.

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