Desde la Irlanda rural

Claire Keegan, la hija pródiga de las letras irlandesas que merece el Premio Nobel de Literatura

Reedición corregida de la novela corta "Tres luces" recién llevada al cine

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Claire Keegan
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por Luis Fernando Iglesias
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Entre los días 18 y 20 de mayo de 2026, la irlandesa Claire Keegan impartirá un taller de escritura creativa. En esas tres jornadas, desarrollará clases presenciales desde las diez de la mañana a las cuatro de la tarde con una hora de corte para el almuerzo. El nombre del taller es “Cómo funciona la ficción” y será en Reikjavik, capital de Islandia. El costo es de tres mil euros por persona, que solo cubre la asistencia al curso. Se “centrará en la estructura y las diferencias entre el cuento, la novela corta y la novela. Keegan hablará sobre personajes, diálogos, punto de vista, tensión, drama, pérdida, sintaxis y estructura de párrafos”. En un reportaje para The Gentlewoman, Keegan reconoció cierta incomodidad cuando se la define como escritora. Durante treinta años se ha desempeñado como profesora de escritura creativa; fue su primer trabajo, y lo siente como su verdadero oficio. Aunque reconoce que “no se puede enseñar escritura creativa si no se escribe, ¿verdad?”. No es raro que en estas jornadas incluya el tema de la estructura de párrafos. “Los peores textos que he visto los escriben personas que quieren escribir frases bonitas y no saben qué es un párrafo”.

Economía de  palabras. Claire Keegan nació en 1968 en el condado de Wicklow, Irlanda. Su familia era católica y creció en un ambiente rural que aparece una y otra vez en sus relatos. Si bien vivió un tiempo en Nueva Orleans, lugar de donde se fue a los diecisiete años, volvió a Irlanda en 1992. Primero hizo un máster en escritura creativa y luego comenzó a dar clases. En 1999, con treinta y un años, publica su primer libro de cuentos, Antártida, que es muy bien recibido por la crítica y el público, obteniendo un par de premios importantes. No es casualidad que uno de ellos sea el Premio William Trevor, en honor a otro excelente escritor y gran cuentista irlandés. Recién en 2007 publica su segundo libro de relatos, Recorre los campos azules. También es premiado con el Edge Hill Short Story Prize.

Keegan es una maestra en el arte de economizar palabras para contar cosas. Su primer libro abría con el cuento “Antártida”, donde una mujer casada en la época cercana a la Navidad, va a la ciudad con la excusa de comprar regalos. Su verdadero objetivo es tener un encuentro de una tarde con un amante. Se verá atrapada en circunstancias que no conviene revelar. El cuento tiene una tensión y un desarrollo a ritmo moroso que lo convierte en una obra maestra. En “Amor en el pasto alto”, del mismo libro, Keegan describe en forma exacta y piadosa a sus personajes. Cordelia, una mujer de cuarenta años soltera que vive sola en su casa en el campo, es la amante de un médico del pueblo. El hombre es casado, tiene hijos pequeños, y no puede dejar a su esposa. Acuerdan encontrarse diez años después con la promesa que abandonará su matrimonio. El desenlace del cuento es a media voz, gris, perfecto. Qué escritor daría lo que no tiene por conseguir un cierre de historia así, que diga tanto en sus palabras y en sus silencios.

Amor y piedad. Como suele pasar con los escritores que adquieren fama a través de relatos cortos, el público y la crítica comenzaron a esperar alguna novela de quien se revelaba como una de las principales promesas de las letras irlandesas. Su siguiente obra fue Tres luces (2010, con nueva edición revisada por la autora en 2022), que es un cuento largo o novela corta.

En la campiña irlandesa, una niña es llevada por su padre a vivir con otra familia. Su madre ha quedado de nuevo embarazada, ya tiene otros hijos y no puede hacerse cargo de ella. La pareja que la recibe son los Kinsella, que han perdido a su único hijo ahogado en un aljibe. No tienen problemas económicos y esa pareja, a pasos cortos, entrega su amor a la niña, un amor discreto, intentando que se adapte a su nuevo hogar temporario. Cuando la niña moja la cama donde duerme a la noche, la Sra. Kinsella acusa a los viejos colchones que se llenan de humedad y chorrean agua. Poco a poco la niña siente ese cariño, lo retribuye y entablará una relación cómplice con el hombre. En medio de ese relato, está ese aljibe que se llevó la vida del niño y que causará en ella una rara atracción.

En un reportaje que le hizo la escritora Eleanor Wachtel, Keegan confesó que “la imagen que tenía en la cabeza era la de la mano de un niño reflejada en un charco de agua quieta, y no sabía si era la mano de un niño o de una niña (…). Escribí la historia para que la imagen desapareciera, porque no dejaba de pensar en ella”. Tres luces parece una obra diferente a sus impecables cuentos. Incluso con un resultado un tanto menor. Pero es una conclusión apresurada. En una lectura más atenta se descubre el tono logrado de la historia. Ese discurrir donde sucede poco y sin grandes cosas, tiene en sí mismo la maestría propia de una gran narradora que no impone conclusiones. Cuando se revela el incidente de la muerte del hijo, se manifiesta ese amor dolorido que la pareja le profesa a la niña. La madre un día le dice que, si tuviera una hija como ella, nunca la dejaría ir. El padre, poco a poco, crea complicidades en una ida al mar, en las carreras que le alienta a correr y en esas tres luces que, de noche en la costa, aparecen: “Y eso pasa cuando me rodea con sus brazos y me atrae hacia sí como si fuera su propia hija”.

Es en el crecimiento del amor de esa niña por la familia que la cuida, los pequeños gestos de estos, la terrible historia detrás de escena, donde se construye la historia para lograr su grandeza. La vuelta a su hogar luego del nacimiento del nuevo hijo, da un cierre exacto de contenida emoción al relato. Elogiada por Richard Ford, se publicó originalmente en The New Yorker en versión reducida. Obtuvo el Davy Byrnes Award y fue llevada al cine como The Quiet Girl (La niña callada, 2022) dirigida por el irlandés Colm Bairéad.

Tres luces es un valioso cuento largo o novela corta. Quizá en el curso que impartirá en Islandia, Keegan, reitere lo que dijo a Eleanor Wachtel: “Creo que un cuento comienza después de que sucede lo que sucede (…). La novela corta, el cuento largo, a menudo comienza antes de que suceda lo que sucede. Y la novela comienza mucho antes de que suceda lo que sucede.“  

TRES LUCES, de Claire Keegan. Eterna Cadencia, 2022. Buenos Aires, 81 págs. Traducción de Jorge Fondebrider.

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