Literatura argentina

Cinco lecciones de escritura en un libro perfecto: reedición necesaria de Federico Falco

Relatos que transportan al lector al escenario físico y mental de las historias

Federico Falco
Federico Falco
(Marcelo Bonjour/Archivo El País)

por Mercedes Estramil
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Hay reediciones necesarias. El cordobés Federico Falco, finalista del Herralde con una novela sobria y delicada escrita en primera persona (Los llanos, 2020) se había destacado antes como un cuentista exquisito que solía escribir en tercera. La distinción es importante y las razones para cada uso son pertinentes. Sin ser extremista como Fernando Vallejo, Falco no cree en los superpoderes de los narradores omniscientes y usa el grado de omnisciencia mínimo: define a sus personajes por lo que hacen, no por lo que piensan. El efecto minimiza también la tentación del eventual juicio sobre ellos. En Los llanos, historia de un duelo amoroso y un reencuentro ancestral, había un borde privado, autoficcional, que reclamaba el yo involucrado del narrador. Los cinco relatos de Un cementerio perfecto contienen historias que piden distancia.
El libro abre con el curioso Wakefield campestre de “Las liebres”, un hombre que abandona su pasado en civilización para vivir como ermitaño, y que para gestionar la subsistencia no tiene más remedio que bajar de incógnito al pueblo. En “Silvi y la noche oscura” una adolescente reniega del catolicismo materno, se define atea y persigue el amor improbable de un mormón. “Un cementerio perfecto” es la historia de un perfeccionista constructor de cementerios, un artista de la muerte que rehúye la emocionalidad de los vivos. En “La actividad forestal” (cuento que Falco admite que le costó concretar, dato que no se nota) un viejo a punto de desalojo intenta vender en matrimonio a su hija, promotora de la idea. Cierra el volumen “El río”, historia de una viuda malhumorada y sin consuelo que convierte en destino propio un recuerdo de su marido.
Esta sinopsis, injusta, no dice mucho sobre el modo Falco de trabajar las anécdotas. No juzga a sus personajes ni “entra” en sus cabezas. Con autoridad, templanza y espacio para desarrollar y ambientar (son relatos largos, descriptivos, de una lentitud justificada y positiva), Falco los muestra solo a través de sus acciones, decisiones, arrebatos y declaraciones. El resultado es cien por ciento creíble y limpio. Transporta al lector al escenario físico y mental de las historias, y a los mambos cruzados, risibles y sublimes de cada personaje.
UN CEMENTERIO PERFECTO, de Federico Falco. Anagrama, 2025. Barcelona, 202 págs.

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