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Carlos Demasi revisa el 68, un año que instaló el caos

El historiador Carlos Demasi aborda un año turbulento, el 68, logrando un cambio en la mirada.

La policía persigue a los estudiantes
Año 1968: la policía persigue a los estudiantes por la Avenida 18 de julio 

Los relatos de izquierda o de derecha parecen ser el comodín predilecto de los uruguayos. Simples y cómodos, definen rápido el bando de amigos y enemigos. Para neutralizarlos los historiadores tienen método, acumulación de lecturas, intuición basada en la experiencia y, aun así, a veces no es suficiente. El nuevo libro del profesor y licenciado en Historia Carlos Demasi, El 68 uruguayo, El año que vivimos en peligro, aborda con mirada amplia y crítica ese año difícil, un tema caro para esta comarca ya que por entonces comenzó la destrucción de la democracia, proceso que desembocó en la dictadura militar (1973-1985). Demasi analiza el papel que jugaron los partidos políticos, los sindicatos, los estudiantes, la guerrilla, la policía y las Fuerzas Armadas, cuyos roles siguen siendo objeto de polémica, cuando no de discursos de odio, a pesar de que han pasado más de 50 años. Sigue la lucha por la apropiación del relato. El libro tiene como origen un ciclo de charlas brindadas en la Fundación Vivian Trías en 2018 (cabe preguntarse si la fundación seguirá llevando el mismo nombre, ahora que sabemos que Trías era espía de un poder extranjero).

Datos novedosos

El año 1968 fue tremendo. Había fallecido el presidente electo Oscar Gestido en 1967 tras estrenar una Constitución presidencialista. Su vice, Jorge Pacheco Areco, asumió de forma cautelosa para ir definiendo a los pocos meses un liderazgo que todavía hoy sigue siendo polémico. Las huelgas llevadas a cabo por sindicatos muy activos, y en sectores clave de la economía, llevaron a que el Poder Ejecutivo “militarizara” a ciertos trabajadores, quienes incluso debían reportarse en cuarteles. Las Fuerzas Armadas comenzaban a aparecer en la vida pública, aunque sin el énfasis que uno imaginaría, pues los militares legalistas eran todavía una clara mayoría en el ámbito castrense (Demasi destaca ésto). Las movilizaciones estudiantiles no se quedaron atrás y convirtieron a la ciudad de Montevideo en un polvorín; tres estudiantes murieron en los enfrentamientos, los primeros mártires. Los partidos políticos parecían cada vez más inoperantes, jaqueados por su fragmentación interna, por la falta de liderazgos claros, y por visiones de país a veces irreconciliables. El contexto internacional no ayudaba. Había dictadura en Brasil y Argentina, las amenazas de “invasión” a Uruguay, el pequeño revoltoso, aparecían en la prensa de tanto en tanto, y la Guerra Fría con sus dos bloques ideológicos alimentaba el pensamiento y la acción radical.

El pequeño país melancólico estaba estallando y no se reconocía a si mismo. Tenía desde 1965 una economía virtualmente destruida, jaqueada por el desempleo, la fuga de capitales, corridas bancarias, alta inflación, una cadena de pagos rota, cesación de pagos de la deuda y una baja credibilidad para pedir más plata prestada. Visto desde hoy, “en 1965 se produjo una crisis de características similares a la del 2002” señala de forma acertada Demasi. Claro que en 2002 hubo otra capacidad de reacción política frente a la crisis.

Los sindicatos, los partidos políticos, las Fuerzas Armadas y otros actores produjeron “diferentes dimensiones de acontecimientos” declara Demasi, a quien le interesa reflejarlos en su “simultaneidad e interacción”. Para lograrlo rescata episodios que en su momento fueron muy relevantes pero luego pasaron al olvido, y también aquellos otros que “en su momento fueron poco visibles, aunque en el futuro llegarían a ser relevantes”. Es en estos pasajes donde el libro levanta vuelo. Por ejemplo causa sorpresa la forma cómo era percibido por el gobierno y la ciudadanía el MLN Tupamaros. Para la mayoría de los actores, incluso para Pacheco Areco y sus ministros, el diablo personificado eran los estudiantes movilizados, no la incipiente guerrilla que acababa de secuestrar al Presidente de UTE, Ulises Pereyra Reverbel, que había puesto una bomba en Radio Ariel, y que había perdido líderes capturados por la policía a cargo del Comisario Otero. El MLN era percibido como un factor lateral en medio del caos. Otro hecho poco conocido hoy es la marcha de mujeres (dos a tres mil) convocada en setiembre de 1968 para llevar una carta a Pacheco Areco. Fue una convocatoria plural de ciudadanas preocupadas por la creciente violencia y la pérdida de “las normas de vida civilizada”. Marcha frenada por la policía en la calle Sarandí y desviada, con un saldo de dos monjas detenidas. También es importante cómo Demasi aborda el cansancio que los “políticos tradicionales” venían causando en la ciudadanía, un largo proceso que comienza temprano en la década del 60. Por eso en las urnas se optaba por los hombres nuevos, “no corrompidos” por la política tradicional, como el propio Gestido, luego Bordaberry y también Seregni, entre otros.

Los detalles

Pero por momentos el libro decae. El autor confiesa que a la hora de elaborar su relato, “si bien puede echarse de menos el detalle en la reconstrucción, en cambio permite tomar conciencia de la dimensión global de cada proceso y su relativa incidencia sobre el resto”, lo cual es válido siempre y cuando el lector siga enganchado. Es una apuesta riesgosa; suele ocurrir en ámbitos académicos que los relatos ganan en abstracción, cobran vida propia y terminan alejados de la realidad y sus detalles. Algunos pasajes “echan de menos” esos detalles, quedando descolgados. Por ejemplo, resulta insuficiente el abordaje que Demasi hace de la “infidencia” ocurrida durante la devaluación de abril del 68, en la cual se acusó a Jorge Batlle de filtrar la noticia para beneficio de especuladores amigos. El historiador omite la investigación de Raúl Ronzoni que renovó esta historia, El infidente, La historia secreta de un terremoto político y económico, al punto que ni siquiera la menciona en la bibliografía.

También faltan detalles cuando menciona la proscripción del Partido Socialista en 1967; la ilegalización de un partido histórico, en el largo relato de la destrucción de una democracia, merecía más profundidad. A su vez, a falta de detalles, sorprende que Demasi apele a citas del ex agente de la CIA Philip Agee (que sí es mencionado en la bibliografía, con errata) para redondear los análisis. Es sabido que no se puede confiar en los espías.

El libro es un interesante abordaje del período, con mirada provocadora, pero también con pasajes que dejan gusto a poco.

EL 68 URUGUAYO, El año que vivimos en peligro, de Carlos Demasi. Banda Oriental, 2019. Montevideo, 160 págs.

Carlos Demasi
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