Arte y cultura de masas

Soledad Platero

LAMENTABLEMENTE, sucede con demasiada frecuencia que la traducción de un texto llega cuando es tarde para sacarle todo el jugo. Cuando se publicó en inglés, en el año 1986, After the Great Divide advertía sobre el hecho de que se trataba de una recopilación de artículos, algunos de los cuales ya tenían más de diez años de escritos. La primera edición en español llega con más de quince años de atraso respecto a esa advertencia.

Sin embargo su autor, Andreas Huyssen, es bien conocido en el Río de la Plata. Algunos de sus trabajos han sido traducidos e incluídos en revistas culturales, su ensayo "Guía del posmodernismo" integró la compilación de Nicolás Casullo sobre El debate modernidad/ posmodernidad (1988) y sobre todo está fresco el recuerdo de la visita que realizó a la Argentina acompañando el lanzamiento de su último libro (En busca del futuro. Cultura y memoria en tiempos de globalización, FCE, 2002) en la Feria del Libro de Buenos Aires. La publicación en español de su clásico de 1986 obedece sin duda a la intención de aprovechar comercialmente esa oportunidad.

Pero aunque el libro llega con cierto retraso a su propio debate (las cuestiones acerca de la posmodernidad parecen haber sido suficientemente asimiladas y los problemas en torno a su definición y alcances han perdido interés) es bueno releer, con la distancia de estos quince años, lo que Huyssen tuvo para decir en su momento sobre la "cultura de masas", las vanguardias, el modernismo y los debates filosóficos que los tuvieron como tema.

Y es que durante estos últimos años han cambiado bastante las cosas en el terreno de los discursos críticos, y allí donde antes parecía haber un fuerte predominio de las escrituras "ideológicas" hoy han florecido los miles de discursos de lo diverso, lo minoritario, lo pequeño, lo alternativo y lo específico. Y las agudas observaciones de Huyssen deberían poder confrontarse y analizarse a la luz de estos cambios, y debería hacerse con el mismo rigor, la misma lucidez y el mismo respeto con que él, en su libro, discutió con Adorno, Benjamin, Habermas, Foucault o Peter Burguer.

La gran división es la que los críticos de la modernidad trazaban entre las obras de arte y los productos de la industria cultural. Los textos de Huyssen se apoyan sobre todo en la distinción que Adorno fundamentó en sus muchas críticas a la cultura de masas, pero son consecuentes con el precepto benjaminiano de "arrancar a la tradición del conformismo que está a punto de someterla". Así, sin perder nunca el corte marxista de su perspectiva, Huyssen revisa las lecturas del modernismo, las vanguardias y la cultura de masas, analiza el comercio entre el arte vanguardista y la industria cultural, traza el mapa de Europa (Alemania y Francia) y América (Estados Unidos) en relación a sus tradiciones culturales y artísticas y a los modos de asimilarlas o confrontarlas, y trata de sentar las bases para un debate posible alrededor del lugar del arte en la vida cotidiana y su papel en la liberación (en un sentido marxista y revolucionario).

El recorrido a través de la trayectoria del arte modernista y su institucionalización, el fervor vanguardista y su fracaso, el segundo nacimiento de las vanguardias en la explosión del pop-art (y su inocultable condición acrítica) tiene la enorme virtud de someter al lector a un ejercicio crítico constante. Huyssen dispara todo el tiempo contra las conclusiones rápidas, obligando al lector a considerar diversos factores, en un esfuerzo apoyado en la seriedad y el rigor, y no en el efectismo de las imágenes o la demagogia de las intenciones. Y si bien el entusiasmo posmodernista puede estar llegando tarde, la mirada lúcida de Huyssen sobre ese fenómeno es todavía oportuna.

Es bueno, por ejemplo, pensar en las razones que abrieron las puertas de la academia norteamericana a los posestructuralistas franceses, y es interesante considerar las razones para el fracaso de esa promisoria relación. En suma, el libro llega tarde en relación a sí mismo, pero puede igualmente propiciar un diálogo necesario respecto a cuestiones políticas e ideológicas que tienen que ver con el trabajo y el lugar del intelectual y con las posturas posibles frente a los discursos institucionales o marginales.

Y aun si nada de esto fructifica, vale la pena leer los capítulos dedicados a "lo femenino", tanto al final de la Primera Parte ("La cultura de masas como mujer: lo otro del modernismo") como al comienzo de la Segunda. El eje mujer-naturaleza-máquina que atravesó la modernidad ha sido bombardeado por los estudios de género y por las teorías de lo subalterno. Pero de ese bombardeo ha resultado menos un cambio revolucionario que una conciliación de intereses para beneficio de los mercados alternativos. Releer los textos de Huyssen puede ser una buena forma de replantear también los problemas de género, eludiendo la tentación de la demagogia y acercándose al compromiso crítico de escapar a la asfixia de la tradición y la costumbre. l

DESPUÉS DE LA GRAN DIVISIÓN, de Andreas Huyssen, Adriana Hidalgo Editora, Buenos Aires 2002. Distribuye Gussi. 380 págs.

Economía y Sociedad

EL MISTERIO DEL CAPITAL. Por qué el capitalismo triunfa en Occidente y fracasa en el resto del mundo, de Hernando de Soto, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2002. Distribuye Sudamericana Uruguaya. 256 páginas.

NO SON LOS FACTORES culturales —o no lo son principalmente—, los que explican la pobreza de algunos países y la riqueza de otros. Por ejemplo, poco tienen en común Haití, Perú, Filipinas y Egipto, desde el punto de vista de su historia, sus tradiciones o sus identidades culturales. Pero el denominador común puede sí encontrarse en la informalidad para legitimar sus activos y convertirlos en capital líquido, que es el capital capaz de generar riqueza. Esta es la propuesta simple pero sugerente de Hernando de Soto para explicar la diferencia entre los países desarrollados y aquellos que no lo son.

Presidente del Instituto Libertad y Democracia, economista y empresario, hoy de Soto trabaja en Asia, Medio Oriente y América en programas que buscan reposicionar con mejores posibilidades a los pobres y las clases medias. Según el expresivo autor de El otro sendero, tener tierras o edificaciones sin títulos impide utilizar esos activos eficientemente, para solicitar préstamos, ofrecerlos como garantía e identificar a sus propietarios como miembros de una comunidad, con sus responsabilidades y sus derechos.

Los expertos de los países ricos del mundo están dispuestos a dar con soberbia consejos económicos pero olvidan que, por ejemplo, en tiempos del Lejano Oeste, los Estados Unidos eran similares a muchos países latinoamericanos actuales. No se dan cuenta que el registro formal de la propiedad es fundamental a la hora de hacer rendir el capital y sería mucho más útil que nos recordaran su propia dolorosa experiencia. Además de abrir sus mercados en vez de exigirlo al prójimo, deberían olvidarse por un rato de tanto préstamo. Estudios sistemáticos llevados a cabo por el grupo de colaboradores de Hernando de Soto conducen a la escalofriante conclusión de que el valor de los activos —no fluidificados por un sistema formal de propiedad— de los países subdesarrollados duplica el circulante total de moneda en los EEUU, equivale casi al valor total de las compañias en lista de las principales bolsas de valores en los 20 países más desarrollados del mundo, es 46 veces todos los préstamos del Banco Mundial en las tres últimas décadas y 93 veces la ayuda para el desarrollo para el Tercer Mundo.

Puede que Hernando de Soto subestime el papel de los factores culturales, y además abrigue unas esperanzas —respecto de sus recomendaciones legales, políticas y económicas— que van un poco más allá de lo razonable. Introducir cambios en el sistema formal de propiedad sin buscar algún apoyo en la idiosincrasia de cada nación, quizás culmine en una experiencia frustrante.

Sin embargo, se compartan o no sus recetas últimas, el periplo que traza El misterio del capital lo convierten en un libro esclarecedor y recomendable. Por otra parte, no deja de tranquilizar la declaración de fe del autor: "estoy convencido de que el capitalismo ha perdido el rumbo en los países en vías de desarrollo y en los que salen del comunismo (...) No soy un obcecado del capitalismo. No veo el capitalismo como un credo. Mucho más importantes son para mí la libertad, la compasión por los pobres, el respeto por el contrato social y la igualdad de oportunidades. Pero por el momento el capitalismo es la única carta disponible para lograr estas metas".

A. C.

Narrativa

NI MUERTO HAS PERDIDO TU NOMBRE, de Luis Guzmán. Sudamericana, Buenos Aires, 2002. Distribuye Sudamericana Uruguaya. 157 páginas.

FEDERICO tiene veintiún años y espera por una mujer, Ana Botero, que podría revelarle la historia de sus padres desaparecidos. Pero Varelita, su ex torturador, también piensa en ella. Y sin proponérselo e incluso a pesar suyo, Varelita será el nexo entre los dos, es decir, el vínculo entre pasado y presente. Así, este encargado de los trabajos sucios de la represión será el camino paradojal, para que Federico, apoyado en Ana, recupere algunas visiones de sus padres.

El narrador exterior a la historia, no personalizado, parece equivalente al que domina en la ficción realista del siglo diecinueve, pero tiene la particularidad de la extrema reticencia con que comunica su conocimiento de la acción. De modo que la información que llega al lector a cada paso del argumento, es aproximadamente la misma de que disponen a esa altura Fernando y Ana. Esta técnica, más las presiones que Varelita impone a Ana para sacarle dinero a cambio de datos falsos sobre su ex marido, le dan un estilo policial a la novela.

En general, el lector va conociendo gradualmente a los personajes, sin que se los retrate, como ocurre en la vida, a medida que las cosas pasan, y las gentes generan esas cosas o las padecen. Pero todos ellos son interesantes por contradictorios y complejos. Por ejemplo Varelita, de hecho capaz de cualquier cosa, sin embargo siente terror a la tormenta: "Escuchó un trueno y tuvo la sensación de que los vidrios de la cabina iban a estallar". (...) "Hice muchas cosas, pero nunca dejé a nadie en medio de una tormenta. Lo podría jurar por Dios." Es curioso, pero esta escoria cree en serio, que es una especie de reivindicación ética no haber plantado a nadie en medio de un aguacero. Y para más contradicciones, en el correr del relato el lector se enterará que tuvo, visto su historial, el gesto imprevisto de dejar en una noche bien rara, a Ana Botero con vida.

Y así la lógica de la historia lleva a Ana, a Federico y a Varelita a encontrarse en el polvo blanco y denso de Tala, en Entre Ríos. Ana tras la sombra de su ex marido, Federico en pos de los últimos minutos de sus padres y Varelita arrastrado por la madeja de sus extorsiones. Este nudo compone un texto sobrio y denso, como un buen vino, que escudriña las vidas de los hombres, las luchas sociales y el tiempo.

R. C.

Investigación

COSA JUZGADA. Otra forma de ver la violencia de género, de Graciela Dufau y Elena Fonseca, OEA/CIM, Cotidiano Mujer, CLADEM Uruguay, Montevideo 2002, 178 págs.

LA VIOLENCIA contra la mujer es el tema de Cosa Juzgada. La primera parte expone un marco teórico que informa sobre conceptos tales como androcentrismo, desigualdad de género, escisión entre el mundo público y privado: todo ello algo árido para el lector común, pero ciertamente necesario para comprender el material que vendrá después.

Y lo que vendrá después es el análisis de veinticinco casos emblemáticos de violencia doméstica ocurridos en Uruguay. Veinticinco ejemplos auténticos —y jurídicos— que fueron seleccionados de entre los muchos casos analizados en el espacio Cosa Juzgada, en un programa radial emitido por Cotidiano Mujer.

Los casos que se narran contienen torturas y atrocidades varias, violaciones de derechos humanos y violaciones literales, y, sobre todo, muerte. Mucha muerte. Un abanico de violencia que va desde "sevicias" e injurias graves, hasta mujeres asesinadas por sus maridos luego de haber sido durante años agredidas, a menudo delante de sus hijos. No se excluye el corolario del suicidio del asesino e incluso la muerte de algún hijo.

El marco teórico del libro se hace necesario entonces, porque los casos jurídicos tratados son tan asombrosos, y, a la vez, tan creíbles, que el lector común necesita un amparo racional para comprender en toda su dimensión social aquellas barbaridades que salieron en los informativos, fueron juzgadas por magistrados, pero que, desde luego, nunca se presienten como irrepetibles. El libro trae una cronología en donde se hace constar la cantidad de mujeres uruguayas muertas a manos de sus esposos o concubinos en los últimos años (a grosso modo, dos por mes).

En la narración de tales casos se agrega, a la descripción de los hechos, las denuncias que las víctimas hicieron antes de recibir muerte, las citas donde constan los argumentos de la defensa, del fiscal, de los jueces y, sobre todo, no tienen desperdicio los comentarios de las autoras sobre los graves errores cometidos por toda esa cadena social. Aquí es posible asombrarse ante un conjunto de actores que no pudieron, o no hicieron todo lo posible, por salvar la vida de esas víctimas, no obstante haber firmado Uruguay tratados internacionales contra la violencia doméstica y considerarse como delito, desde 1995 en nuestro sistema jurídico, la violencia contra la mujer.

El volumen incluye una antología de información referida al tema tomada de otros países: varias citas de medios de prensa españoles muestran que si bien en el Primer Mundo se hallan varios cuerpos más adelante en la prevención, detección y sanción de la violencia doméstica, el fenómeno es una verdadera pandemia que atraviesa todas las culturas y clases sociales. En Barcelona, en el año 2000, un juez condenó a un año de cárcel a un hombre que introdujo la cabeza de su pareja en el retrete y tiró de la cadena. Fue la primera condena por atentado a la "integridad moral", en un caso de violencia doméstica en España. Leyendo Cosa Juzgada se anhela el inmediato aggiornamento de todos los partícipes del problema: desde la policía, los jueces y el Estado, hasta los planes de estudio en las escuelas.

A. B.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar