Virginia Martínez
ESCRITO BAJO la ocupación alemana, su autor fue fusilado por los nazis en Lyon. El libro, en cambio, guía para generaciones de historiadores, ha tenido larga vida. Se trata de Apologie pour l`histoire ou métier d`historien de Marc Bloch. Del sostenido éxito de la obra en América Latina (la versión española se publicó como Introducción a la Historia) da cuenta la información de la editorial Fondo de Cultura Económica: se editó por primera vez en 1952 y siguió reimprimiéndose y reeditándose al menos hasta 2006.
Bloch dedicó el trabajo a su amigo, el historiador Lucien Febvre (1878-1956) con palabras que tienen una fuerza y una nobleza estremecedoras: "Si este libro ha de publicarse un día; si, de simple antídoto al que pido hoy un cierto equilibrio del alma -entre los peores dolores y las peores ansiedades personales y colectivas- viene a ser un verdadero libro, ofrecido para ser leído, otro nombre distinto del de usted, querido amigo, será entonces inscrito en la cubierta. Usted lo sabe, se necesitaba ese nombre, en ese lugar: único recuerdo permitido a una ternura demasiado profunda y demasiado sagrada para poder expresarla. (…) Sobre la tarea común, ahora cuando escribo, se ciernen muchas amenazas. No por nuestra culpa. Somos los vencidos provisionales de un injusto destino. Ya vendrá el tiempo, estoy seguro, en que nuestra colaboración podrá volver a ser verdaderamente pública, como en el pasado, y, como en el pasado, libre".
Tras la muerte de Bloch, el compañero en el combate intelectual por una "historia más amplia y más humana" releyó las hojas mecanografiadas, las notas escritas a mano, y preparó el original de Apologie: "Ninguna adición, ninguna corrección, ni siquiera de pura forma, se ha hecho al texto de Bloch", apunta escrupulosamente Febvre en el apéndice de la obra.
La generación Dreyfus. Bloch nació en Lyon en una familia judía y liberal. Patrióticos y republicanos, los Bloch reivindicaban la cultura y el legado universal de la revolución francesa. Su padre, Gustave Bloch, era un prestigioso historiador, catedrático de Historia romana en la Universidad de la Sorbona y caballero de la Legión de Honor, distinción que ganó por los servicios prestados a la École Normale Supérieure.
Pronto el hijo supo que no podía permitirse el optimismo del padre. Marc formaba parte -así lo escribió- de la generación del caso Dreyfus. Pruebas falsas y una furiosa campaña de prensa lincharon a Dreyfus, condenándolo por el delito de entregar información a los alemanes. El injusto fallo dividió a la sociedad francesa. Aunque Bloch no había tenido educación religiosa y se consideraba francés antes que judío, sufrió el antisemitismo que brotaba en su país. Dice Carole Fink, autora de la biografía Marc Bloch, une vie au service de l`Histoire, que el caso Dreyfus dejó en él tres marcas: lo llenó de una amarga desconfianza hacia la prensa, barrió el orgullo que su padre le había inculcado por el Ejército de la patria, y avivó su espíritu crítico, vigilante ante cualquier intento de fraude e impostura.
Bloch no había egresado de la École Normale Supérieure cuando estalló la Primera Guerra Mundial. En 1914 partió al frente. Durante cuatro años hizo vida de soldado, vio morir a sus compañeros y enfermó de fiebre tifoidea. Él mismo estuvo tan cerca de la muerte que en junio de 1915 redactó su testamento: tenía confianza en la victoria de Francia, donaba su salario militar y la indemnización que debía recibir su familia a los huérfanos de guerra y a las organizaciones dedicadas a mejorar la suerte de las clases desfavorecidas. Pedía un funeral civil, sin flores ni coronas.
En 1917 lo enviaron a Argelia, donde habían estallado sublevaciones contra la conscripción y la movilización de la población de la colonia. De ese pasaje por África es la foto que lo muestra uniformado, con birrete, cigarrillo en mano y lentes de intelectual. Parece más un geógrafo o un naturalista que un hombre de trinchera. Poco antes, para no "abandonar a los caprichos de la memoria" las experiencias que le tocaba vivir, empezó a escribir la primera parte de lo que serían sus Recuerdos de guerra 1914-1915, publicados luego de su muerte.
Catedrático en Estrasburgo. Al fin de la guerra llegó a Estrasburgo -donde iba a residir durante casi dos décadas- como profesor de Historia Medieval de la recién inaugurada Universidad de Letras. Tenía 33 años. La guerra lo había sorprendido antes de que concluyera la tesis para obtener el doctorado, lo que no impidió que lo nombraran director del Instituto de Edad Media de la Universidad. En 1920, finalmente, defendió la tesis, ante un tribunal presidido por el viejo medievalista Charles Seignobos, de quien había sido alumno.
Un año antes, en una sinagoga parisina, se había casado con Simonne Vidal, una joven que venía de una familia de eminentes ingenieros. Simonne fue la madre de sus seis hijos, administradora de la economía familiar, secretaria, asistente de investigación y primera lectora de sus trabajos. En el apéndice de Introducción a la Historia, Febvre deja constancia de la abnegación de la esposa y compañera: "Siento como una obligación a la que nada -ni tan siquiera ese sentimiento de pudor sentimental que tan fuerte era en Marc Bloch -puede impedirme obedecer, siento como un deber la necesidad de escribir aquí el nombre de la señora Marc Bloch muerta por la misma causa que su marido y en la misma fe francesa que él". Sorprende que el historiador, que pretende rendir tributo a Simonne, no escriba su nombre y le baste con identificarla simplemente como "la señora Marc Bloch". Es que incluso para Febvre y Bloch, padres de la revolucionaria escuela historiográfica de los Annales, la mujer todavía ocupaba un sitio marginal.
En Estrasburgo nacieron todos los hijos del matrimonio y allí Bloch hizo fuertes amistades intelectuales y personales, entre ellas la del propio Lucien Febvre, llegado de la Universidad de Dijon. Poco después de pasar la tesis, publicó Reyes y siervos, obra que cimentó su bien ganado prestigio de medievalista.
Los alumnos lo recordarían como un profesor riguroso, intransigente con las faltas ortográficas, severo, y aun cáustico, a la hora de juzgar ligerezas en el rigor académico. Como contrapartida, todos aquellos que pasaron por sus aulas hablarán de su erudición, del empeño en trabajar con enfoques interdisciplinarios y de la libertad de opinión que daba a los estudiantes.
Los años de Estrasburgo pueden considerarse como la edad de oro en la biografía del historiador: vivía en una casa cómoda comandada por la diligente Simonne, y trabajaba en un estudio espacioso y acogedor. Tenía amistades inteligentes y estimulantes, y gozaba del respeto de sus pares. Ni él ni sus colegas eran hombres comprometidos. Tampoco eran intelectuales de izquierda y estaban más bien al margen de la política partidaria. En La extraña derrota, escrita en 1940 tras la caída de Francia bajo el nazismo, Bloch reflexionó de manera crítica sobre el individualismo de su generación: "Antes que nada, nos requería, una vez más, la tarea cotidiana. A la mayoría solo nos queda el derecho a decir que fuimos buenos obreros pero ¿fuimos siempre buenos ciudadanos?"
Los Annales. La creación conjunta -que en carta a Febvre, Bloch calificó de "pequeña revolución intelectual"- nació en Estrasburgo con la publicación del primer número de la revista Annales d`histoire économique et sociale, bajo la dirección de ambos. La nueva escuela buscaba liberar a la Historia de lo que habían sido sus preocupaciones habituales: la política, las instituciones, los tratados diplomáticos, las batallas, los grandes personajes.
Para definir el espíritu que los animaba nada mejor que las palabras del propio Bloch: "El historiador, como el ogro de la leyenda, donde huele carne humana, allí tiene su presa". La segunda definición -esta vez de Febvre- remata, como corolario, el manifiesto de la revolución intelectual: "Una vez más, no el hombre, nunca el hombre. Las sociedades humanas, los grupos organizados". Una historia humana, en movimiento, una historia abierta, comparada e interdisciplinaria, de conclusiones provisorias, que no postula causas sino que las busca.
Fiel a esa convicción los Annales publicaron estudios económicos, sociológicos, demográficos, de geografía humana que buscaban vincular la Historia con el resto de las ciencias sociales: "En tanto que los historiadores aplican a los documentos del pasado los buenos viejos métodos, cada vez mayor cantidad de hombres consagran, no sin pasión a veces, su actividad al estudio de las sociedades y las economías contemporáneas: dos clases de trabajadores hechas para comprenderse y que, habitualmente, se codean sin conocerse".
Los Annales siguió editándose durante la guerra aunque Bloch tuvo que dejar la dirección -que quedó exclusivamente en manos de Febvre- y se vio obligado a escribir con seudónimo.
Amenaza. A principios de la década del treinta, Bloch intentó trasladar su centro de actividad a París, postulando al Colegio de Francia, prestigiosa y elitista institución a la que se ingresaba solo cuando un profesor dejaba una cátedra vacante por muerte o jubilación. Se precisaba además el respaldo de la mayoría del cuerpo académico. Febvre lo consiguió en 1932. Bloch tentó, sin suerte, dos veces. Su condición de judío no fue ajena al rechazo.
En 1936 logró la cátedra de Historia económica en la Sorbona. Fue el último período de vida tranquila. Se mudaron a un acogedor apartamento céntrico; iban al teatro y a la ópera, y sus cursos eran muy apreciados por los estudiantes. En 1939 publicó su gran obra La sociedad feudal. Ese año fue movilizado nuevamente.
Luego de la invasión alemana el gobierno de Vichy aprobó un estatuto que limitaba los derechos de los judíos franceses que vivían en la zona "libre": los expulsó del Ejército, el gobierno, la enseñanza y la cultura. Bloch logró que lo nombraran en la Universidad de Estrasburgo, que se había trasladado a Clérmont-Ferrand, gracias a su condición de veterano condecorado en la Primera Guerra Mundial. Pero la excepción que lo protegía provisoriamente no alcanzaba a la familia: "Como mis hijos no nacieron con la Legión de Honor, no tienen porvenir ni en la administración ni en la Universidad francesa", le escribió a su amigo el profesor André Mayer.
En 1941 Hitler aprobó la iniciativa de Alfred Rosenberg de apropiarse de los bienes dejados por los judíos en París. La Gestapo desembarcó en la casa de Bloch y se llevó su biblioteca. Aunque, como le escribió a Febvre, la pérdida de bienes materiales era un "menudo drama individual sobre el telón de fondo de una inmensa tragedia", el hecho lo puso frente a la privación e inseguridad en que vivía. A pesar de todo, en esos días oscuros, emprendió la redacción de Apologie. Estaba prácticamente refugiado en su casa de Fourgères, en la campaña. Sabía de las deportaciones que cada día hacían desaparecer a cientos. Temía por su familia y amigos. Ese año también murió su madre y nuevas leyes raciales anunciaron la persecución masiva a los judíos en Francia.
"Las circunstancias de mi vida presente, la imposibilidad en que me encuentro de usar una gran biblioteca, la pérdida de mis propios libros, me obligan a fiarme demasiado de mis notas y de mis experiencias", apunta con pudor en la introducción de la obra. En este punto se impone señalar que, con una ligereza que contradice la trayectoria de Fondo de Cultura Económica y que seguramente hubiera irritado a Bloch, en la contratapa de Introducción a la Historia se afirma que fue escrita en un campo de concentración. No es así. En las condiciones señaladas más arriba, no en otras, Bloch produjo su obra más popular.
Francotirador. La Operación Attila puso fin a la ficción de una Francia libre y otra ocupada. El 11 de noviembre de 1942 los alemanes ocuparon todo el país. A fin de ese año, Bloch decidió unirse a la Resistencia. A través de un amigo universitario tomó contacto con Francotirador, uno de los tres grupos no comunistas que se organizaban en los Movimientos Unidos de la Resistencia (MUR)
A Maurice Pessis, el joven estudiante de Filosofía de 20 años que iba a ser su primer responsable en la Resistencia, le costó convencer a sus superiores para que aceptaran el ingreso de ese señor mayor que era Bloch. Finalmente lo logró. Georges Altman, director del periódico clandestino Francotirador, relató el primer encuentro que tuvo con "Narbonne", tal el seudónimo del recién incorporado: "un señor de cincuenta años, elegante, de rostro fino, cabello gris plateado, mirada aguda tras los lentes, portafolio en una mano, bastón en la otra; un poco ceremonioso al principio, mi visitante pronto sonrió tendiéndome la mano amablemente: `Sí, soy yo el `potrillo` de Maurice…"
Al principio le dieron -las cumplió con esmero- tareas menores: mensajes, distribución del periódico. Casi enseguida, por su capacidad y experiencia editorial, lo nombraron jefe de redacción de Les Cahiers politiques, proyecto periodístico nacido bajo el impulso de Jean Moulin. Escribió, entre otros asuntos, sobre la imprescindible reforma de la educación que debía seguir a la posguerra: quería que se abolieran las grandes escuelas, los exámenes, el latín obligatorio y expuso nuevas prácticas pedagógicas.
Tras una serie de caídas -entre ellas la de Moulin-, empezó a participar del Comité Ejecutivo de los MUR. Le confiaron la organización de la rebelión popular que acompañaría el desembarco de los Aliados. Vivía solo, en la angustia de saber a los dos hijos mayores presos en España, luego exiliados, y temiendo por la hija mayor, que trabajaba con huérfanos de la guerra. Cada tanto se encontraba con Simonne. También se hacía tiempo para escribir -siempre con seudónimo- alguna reseña en los Annales, que ahora se publicaba bajo el título de Mélanges. Se sentía responsable de su familia y el día que lo arrestaron había puesto en el correo una carta a Simonne diciéndole: "Perdón por estar tan lejos."
Masacre de Saint-Didier. El 8 de marzo la Gestapo llegó al barrio donde vivía Bloch en busca del señor Blanchard, otro de los seudónimos que usaba el historiador. Un vecino les marcó la casa. Minutos después lo vieron venir, cruzando el puente, portafolio en mano.
Lo torturaron en la Escuela Sanidad Militar de Lyon, cuartel general de Klaus Barbie. Su sobrino, Jean Bloch-Michel, preso con él dejó el siguiente testimonio: "Tres días más tarde se lo llevaron a la Escuela de Sanidad, lo golpearon de nuevo, le quebraron la muñeca, las costillas, y lo sometieron nuevamente al suplicio del baño helado. Lo devolvieron de tarde a Montluc, en coma". Bloch solo entregó su nombre.
Hasta junio estuvo recluido en la cárcel montada en la fortaleza de Montluc, cerca del centro de Lyon, donde supo que los Aliados habían desembarcado en Normandía. Sus compañeros de cautiverio dicen que no tenía esperanza de sobrevivir y que aceptaba el destino con resignación.
Todas las noches la Gestapo desembarcaba en Montluc. Venían en busca de prisioneros. Los cargaban en un camión y desaparecían. En el juicio a Barbie, Charles Perrin, único sobreviviente de la matanza que ocurrió el 16 de junio, dio testimonio de los últimos momentos de Bloch. Esa noche sacaron de Montluc a 30 hombres. En el vehículo que los llevaba a las afueras de la ciudad, Bloch intentaba consolar a un aterrado muchachito diciéndole que las balas alemanas no le harían daño. Estacionaron en un camino de los alrededores de Saint-Didier-de-Formans. Los hicieron bajar en grupos de a cuatro, los obligaron a caminar hacia delante y los fusilaron por la espalda.
El 2 de julio Simonne murió en un Hospital de Lyon sin saber de la suerte de su marido. Tres años antes, Bloch había redactado un testamento pleno de tolerancia y sereno patriotismo: "Ajeno a todo formalismo confesional, así como a toda solidaridad pretendidamente racial, me he sentido a lo largo de toda mi vida, antes que todo y muy sencillamente, francés". También dejó escrito su epitafio: "Amaba la verdad".
MARC BLOCH, UNE VIE AU SERVICE DE L`HISTOIRE, de Carole Fink. Presses Universitaires de Lyon, 1997, 313 págs.
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA, de Marc Bloch. Fondo de Cultura Económica, 2006. Distribuye Gussi. 202 págs.
Bloch en español
APOLOGÍA PARA LA HISTORIA Y OFICIO DE HISTORIADOR. Edición anotada por Étienne Bloch, México, Fondo de Cultura Económica, 1996, 170 págs.
LOS REYES TRAUMATURGOS: estudio sobre el carácter sobrenatural atribuido al poder real, particularmente en Francia e Inglaterra. México, Fondo de Cultura Económica, 2008, 663 págs.
LA TIERRA Y EL CAMPESINO: agricultura y vida rural en los siglos XVII y XVIII. Barcelona, Crítica, 2002, 512 págs.
LA EXTRAÑA DERROTA: testimonio escrito en 1940. Barcelona, Crítica, 2002, 264 págs.
LA HISTORIA RURAL FRANCESA: caracteres originales. Barcelona, Crítica.
LA SOCIEDAD FEUDAL. Madrid, Akal, 1987, 528 págs.
HISTORIA E HISTORIADORES. Madrid, Akal, 1999, 325 págs.
LA TRANSICIÓN DEL ESCLAVISMO AL FEUDALISMO. Madrid, Akal, 1982, 224 págs.
REYES Y SIERVOS Y OTROS ESCRITOS SOBRE LA SERVIDUMBRE. Universidad de Granada, 2006, 446 págs.