Marcia collazo sobre historia uruguaya

Amor y traición en el pago

Precisión, estilo y sobria elegancia para relatar amores uruguayos de todas las épocas.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Marcia Collazo

SEGUIRTE EL VUELO, Amores y desamores en la historia uruguaya, de Marcia Collazo. Banda Oriental, 2015. Montevideo, 270 págs.

HISTORIAS de amor, de pasión y desencuentro y, a través de ellas, una mirada al pasado desde el Montevideo colonial hasta la entrada al siglo XX. Es lo que ofrece Seguirte el vuelo de Marcia Collazo. La autora construye el relato literario sobre la investigación histórica, como antes hizo con éxito en Amores cimarrones: las mujeres de Artigas (2011) y en A bala, sable o desgracia, Cuentos de mala muerte (2014).

Son diez historias breves de parejas que protagonizan, del lado masculino, militares y políticos (José Joaquín de Viana, Manuel Oribe y Leandro Gómez), pintores (Juan Manuel Blanes, Pedro Figari y Rafael Barradas), un filósofo (Carlos Vaz Ferreira), un dramaturgo (Florencio Sánchez), un empresario (José Buschental) y un espía (Felipe Contucci).

Las figuras femeninas en su mayoría todavía son la "esposa de", aunque las hay —claro está— criaturas con luz propia como la gran Trinidad Guevara, actriz talentosa y reconocida, madre de siete hijos y amante de Manuel Oribe. O María de Gloria de Castro Delfim Pereira, casada con Buschental, a quien Montevideo le quedó chico y supo encantar y espantar, aristocrática y rebelde, a la alta sociedad madrileña de mediados del siglo XIX. O Pepa Oribe, sediciosa y conspiradora contra la Corona española primero, y contra Lecor después.

Buena parte de las historias remiten a una época en que el novio doblaba en edad a la novia y el matrimonio tenía muchos hijos. Los ricos —militares, esclavistas o empresarios— ganaban y perdían fortunas con las guerras, viajaban en barco o a lomo de mula, con baúles, esclavos, papagayos y monos. Una época en que la tuberculosis —la enfermedad innombrable— fulminaba a los pobres pero también a uniformados con galones y a jovencitas en edad de merecer.

Los últimos capítulos abordan historias de la segunda mitad del siglo XIX y principios el siglo XX. Transcurren en escenarios urbanos: sindicatos anarquistas, ateliers y caballetes de pintor; cenáculos y salones de clase. Entre estos relatos está uno de los más logrados de la obra, el capítulo dedicado a la relación de esa femme fatale criolla que fue Carlota Ferreira con Blanes padre y luego, o simultáneamente, con Blanes hijo. La descripción de Collazo del retrato de Carlota pintado por Blanes es de una particular belleza y potencia ("Así sale a escena Carlota Ferreira, como un buque de guerra nacarado"). La contracara de esa pasión que padre e hijo vivieron como un calvario está en el matrimonio de Vaz Ferreira con Elvira Raimondi, una mujer a quien el filósofo definió como especialista en abnegación. Docente promisoria, Elvira renunció a la vocación, los amigos y los intereses personales para dedicarse a sostener la vida y la obra de su marido.

Narradas con precisión, estilo y una sobria elegancia, las historias de Collazo se leen con interés y curiosidad. Son Historia, crónica y literatura.

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