Se acaban de cumplir los primeros 100 días de gobierno de Giorgia Meloni.
Si bien la nueva presidenta del Consejo de ministros ha mostrado logros en la lucha contra la mafia, la percepción hasta el momento es de continuismo, aunque se reconoce que recién empieza.
Nacida en Roma hace 46 años, Meloni fue la primera en ganar con voto directo desde Berlusconi en 2008, aunque la participación electoral fue la más baja desde 1946 dada la insatisfacción existente con el sistema político. Ella misma se define como una “underdog”, un término en inglés que no existe ni italiano ni en español y que se usa para identificar a aquellas personas que nunca son los favoritos, las que para ganar tienen que vencer a las previsiones. Así fue la victoria del año pasado, que es difícil de explicar sin el efecto anti gobierno que la pandemia ha generado en casi todas las elecciones.
Los analistas dicen que el partido Hermanos de Italia liderado por Meloni ganó por tres razones: el colapso del Movimiento 5 Estrellas fundado por Beppe Grillo, la redistribución de los votos de la derecha tradicional de Salvini (Liga) y Berlusconi (Fuerza Italia), y el fracaso de la centroizquierda (Partido Democrático) para formar una colación alternativa.
Desde que asumió el gobierno, Meloni ha sido pragmática. Pasó de prometer un bloqueo naval del Mediterráneo para evitar la llegada de migrantes africanos a la mera aprobación de un código de conducta para los ONG que rescatan a los migrantes en el mar. Pasó de ser enemiga de la Unión Europea y su burocracia en Bruselas a tener un dialogo fluido con Alemania y Francia para poder mejorar las condiciones de pago y aumentar el enorme préstamo recibido para la recuperación económica postpandemia.
Además, ha tenido la capacidad de escuchar a los que saben, como es el caso de su antecesor Mario Draghi. Quería bajar el elevado gasto público; pero, hasta ahora, los cambios han sido simbólicos como la reducción del número de diputados. Quería privatizaciones y reducciones de impuestos; pero, los planes que tenía no eran convincentes y ya no está en sus prioridades.
La suba de los precios de los productos básicos ha golpeado fuerte al bolsillo de los trabajadores. La inflación subió mucho el año pasado, superando el 12% anual, y si bien ha caído en enero, todavía se mantiene por encima de los dos dígitos. Es esa la principal preocupación. Así lo sentí estos días en las calles de Italia.
El bajo crecimiento de la economía ha sido un problema endémico en los últimos 25 años.
Para revertirlo, se necesitan reformas difíciles de implementar. Es necesario mejorar el sistema tributario, aumentar la inversión en infraestructura, mejorar la eficacia y eficiencia del gobierno, modernizar la regulación laboral, e introducir cambios regulatorios para impulsar la innovación y la productividad. Este año se espera un crecimiento casi nulo, así como también para 2024.
“Pan y circo”, la frase con la que el poeta Juvenal hace dos mil años se refería a la estrategia de los romanos para gobernar, sigue vigente. Y antes que el circo siempre está el pan … que se ha encarecido mucho y no crece hace tiempo en Italia.