Redacción El País
La convivencia entre gatos y niños dentro del hogar puede ser una experiencia profundamente enriquecedora, pero no se da de forma automática. Veterinarios y especialistas en comportamiento felinocomportamiento felino coinciden en que el equilibrio se construye a partir de la educación del niño, el respeto por el animal y una supervisión adulta constante. Cuando estas condiciones se cumplen, el vínculo aporta beneficios emocionales tanto para los menores como para el gato.
Distintos trabajos en el campo de la salud infantil y la tenencia responsable de mascotas señalan que crecer con un gato favorece la empatía, la autoestima y el desarrollo de habilidades sociales en los niños. Sin embargo, estos beneficios dependen en gran medida de que los adultos acompañen el proceso, adapten las pautas a la edad del niño y eviten situaciones que puedan generar estrés o miedo en el animal.
Higiene y salud: la base de una convivencia segura
En hogares con niños pequeños —especialmente bebés que gatean o exploran todo con la boca— la salud del gato pasa a ser un tema central de la salud familiar. Los veterinarios advierten que un control sanitario adecuado reduce el riesgo de zoonosis, es decir, enfermedades que pueden transmitirse de animales a personas.
Entre las medidas más importantes se destacan mantener el arenero limpio a diario, cumplir con la desparasitación interna según indicación profesional y aplicar antiparasitarios externos de forma regular. También es clave consultar al veterinario ante cambios bruscos de conducta, como agresividad repentina, ya que muchas veces son señales de dolor o malestar físico.
Educación, límites y lenguaje corporal felino
Uno de los puntos más sensibles en la relación entre gatos y niños es enseñar a los más chicos a leer las señales del animal. El lenguaje corporal del gato es claro para quien sabe observarlo: orejas hacia atrás, cola agitada o intentos de escape indican que necesita espacio. Respetar esos límites es fundamental para evitar arañazos o mordidas.
Los especialistas recomiendan explicarles a los niños que los gatos disfrutan más de caricias suaves en zonas como el cuello, las mejillas o la espalda, y que no todos toleran ser alzados. También es importante establecer reglas de juego: nunca usar manos o pies para provocar al gato y optar siempre por juguetes adecuados, como varitas o cuerdas, que permitan interactuar sin invadir.
Preparar al gato ante la llegada de un bebé
Cuando se espera un recién nacido, la adaptación del gato debería comenzar varias semanas antes. Los veterinarios sugieren hacer cambios graduales en la casa —mover comederos, modificar rutinas o limitar ciertos accesos— para que el animal no asocie de golpe esas restricciones con la llegada del bebé.
Una estrategia habitual dentro de la adaptación felina es permitir que el gato huela ropa del recién nacido antes del primer encuentro. El contacto nunca debe forzarse: si el animal muestra señales de miedo o tensión, lo mejor es darle tiempo y permitir que se acerque por iniciativa propia.
El valor de un espacio propio para el felino
Para que la convivencia en familia sea armoniosa, el gato necesita contar con un lugar seguro dentro del hogar. Se trata de un rincón tranquilo, preferentemente en altura, donde pueda descansar lejos del ruido y el movimiento constante de los niños.
Disponer de este refugio felino reduce el estrés, mejora el bienestar del animal y disminuye las posibilidades de conflictos.
En base a El Tiempo/GDA
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