Traumatóloga Inés Moreno revela el principal mito de la artrosis: "Uno no deja de moverse porque se haga viejo"

La idea sobre el desgaste de las articulaciones que la experta derriba con datos: por qué el sedentarismo envejece las articulaciones antes de tiempo y cómo ayuda el movimiento moderado.

Articulaciones
Dolor de rodilla.
Foto: Archivo.

Durante años, la artrosis fue asociada casi inevitablemente con el paso del tiempo: una consecuencia del desgaste de las articulaciones que parecía difícil de evitar a medida que envejecemos. Sin embargo, la traumatóloga Inés Moreno propone cambiar esa mirada. Para la especialista, el movimiento no es un enemigo de las articulaciones, sino uno de sus principales aliados. De hecho, plantea una idea que resume buena parte de su enfoque: “Uno no deja de moverse porque se haga viejo, sino que se hace viejo porque deja de moverse”.

Moreno, una de las nuevas voces de referencia en divulgación científica, utiliza la medicina, la física y la biología evolutiva para explicar dolencias frecuentes y cuestionar algunas ideas instaladas sobre el cuerpo humano. En una conversación para BBVA Aprendemos Juntos, se refirió particularmente a la relación entre actividad física y artrosis y explicó por qué mantenerse en movimiento puede ayudar a proteger las articulaciones incluso con el paso de los años.

Una de las creencias más extendidas sostiene que hacer ejercicio —especialmente actividades de impacto— puede “desgastar” las articulaciones y favorecer la aparición de artrosis. Pero los datos que presenta Moreno muestran un panorama más complejo. “Los deportistas de elite, o los que se exigen mucho, tienen un 13% de artrosis. La gente que no es deportista y es sedentaria tiene un 10%. Y la gente que es deportista ocasional, que no es de competición, tiene un 3%”, señaló.

La diferencia, según su explicación, permite observar que la actividad física moderada puede ser especialmente beneficiosa para la salud articular, mientras que tanto el sedentarismo como las exigencias extremas pueden asociarse con distintos riesgos. Por eso, lejos de recomendar abandonar el movimiento por miedo a la artrosis, Moreno sostiene que el ejercicio es “súper efectivo” para prevenir y manejar esta enfermedad, particularmente en las rodillas y las caderas.

Mujer con dolor en las articulaciones
Mujer con dolor en las articulaciones.
Foto: Freepik

Para comprenderlo, hay que mirar cómo funcionan las articulaciones. A diferencia de otros tejidos del organismo, el cartílago articular no recibe nutrientes directamente a través de los vasos sanguíneos. La articulación funciona, en palabras de Moreno, como un compartimento estanco lleno de líquido sinovial. “Como allí no llega la sangre, la única manera de que eso vaya renovándose es vaciarlo con impacto y volverlo a llenar”, explicó.

El movimiento, entonces, favorece ese intercambio dentro de la articulación. La actividad física genera ciclos de carga y descarga que ayudan a movilizar el líquido sinovial y contribuyen a la nutrición del cartílago. Esto ayuda a entender por qué permanecer muchas horas sentado no necesariamente es una estrategia para “cuidar” las articulaciones. Al contrario: el movimiento regular forma parte de su mantenimiento.

Otro punto que destaca Moreno es que la artrosis no debería entenderse únicamente como una consecuencia mecánica del uso de las articulaciones. Existe también un componente inflamatorio. “Buena parte de la artrosis no es por uso, sino que es una enfermedad inflamatoria”, afirmó. Y allí aparece otro factor que puede influir: la obesidad.

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Hombre con dolor en las articulaciones.
Foto: Freepik.

La relación entre obesidad y artrosis no se explica únicamente por el hecho de que las articulaciones deban soportar un mayor peso. Según la especialista, el tejido adiposo también participa en procesos inflamatorios del organismo. La obesidad puede generar una inflamación crónica de bajo grado, que mantiene al sistema inmunitario en un estado de mayor actividad. Por eso, el ejercicio puede actuar por dos vías diferentes. Por un lado, favorece las condiciones necesarias para la nutrición de la articulación; por otro, contribuye a reducir la inflamación asociada al exceso de peso.

La mirada de Moreno invita a pensar el envejecimiento desde otro lugar. Cumplir años no significa necesariamente que el cuerpo deba volverse progresivamente más rígido, débil o dolorido. Mantener la actividad física puede ser, precisamente, una de las herramientas para conservar la capacidad de movimiento. Así, la experta invita a cambiar el orden de la ecuación: no esperar a que aparezca el envejecimiento para empezar a moverse, sino incorporar el movimiento como parte de una estrategia cotidiana para llegar a edades avanzadas con mayor autonomía y bienestar.

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