En el mundo del adiestramiento canino, una de las órdenes más repetidas —y también más mal utilizadas— es el “no”. Según advierte el entrenador Max Sandí, el problema no está en la palabra en sí, sino en su uso indiscriminado. Cuando se repite constantemente, pierde fuerza y deja de ser efectiva, generando que el perro simplemente deje de responder.
Cuando el “no” deja de significar algo
En la vida cotidiana, muchos dueños apelan al “no” para todo: evitar que el perro suba al sillón, que se acerque a la mesa o que ladre sin parar. Sin embargo, este uso excesivo dentro del entrenamiento de perros termina diluyendo el significado de la orden. Tal como señala Sandí, la clave está en usarla poco: cuanto menos se repite, más impacto tiene.
El problema aparece cuando el animal escucha la misma palabra en múltiples contextos y sin una consecuencia clara. En ese escenario, el comportamiento canino se vuelve confuso y la orden pierde asociación. El perro ya no logra interpretar qué se espera de él, y la comunicación se debilita.
Qué dice la ciencia sobre la comprensión canina
Diversos estudios en cognición canina respaldan esta mirada. Investigaciones publicadas en la revista Applied Animal Behaviour Science indican que los perros pueden reconocer cerca de 89 palabras o frases, siempre que se utilicen con coherencia. Es decir, la comunicación con perros funciona mejor cuando las señales son claras y consistentes.
Esto implica que no alcanza con repetir órdenes: es necesario que cada palabra tenga un contexto definido. De lo contrario, se transforma en un ruido de fondo que el animal aprende a ignorar, afectando directamente el proceso de aprendizaje canino.
Estrategias más efectivas para educar
Lejos de eliminar el “no”, los especialistas recomiendan incorporarlo con criterio dentro del adiestramiento positivo. La clave está en acompañarlo con otras herramientas que favorezcan el aprendizaje y refuercen el vínculo.
Entre las principales recomendaciones se destacan la anticipación —evitar situaciones que desencadenen conductas no deseadas—, la sustitución —ofrecer alternativas adecuadas, como juguetes para morder— y, sobre todo, el refuerzo positivo. Este último consiste en premiar las conductas correctas en lugar de centrarse únicamente en corregir errores.
Según estudios difundidos en la revista Animal Welfare, estas estrategias no solo mejoran la eficacia del entrenamiento de perros, sino que también fortalecen el vínculo emocional entre el animal y su familia. En definitiva, entender cómo y cuándo usar cada palabra puede marcar la diferencia entre un perro que obedece por hábito y uno que realmente comprende lo que se le pide.
En base a El Tiempo/GDA
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