"Mi cuerpo es prestado": la lección de desapego de Sonsoles Rey luego de tres trasplantes de riñón

La ahijada de Sandra Mihanovich presenta su libro en Uruguay y revela cómo entrena su mente para vivir con vitalidad a pesar de la diálisis.

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Sonsoles Rey.
Foto: Difusión.

Sonsoles Rey atiende el teléfono en su casa en Buenos Aires para conversar sobre la presentación de su libro “De nuevo sale el sol. Tres trasplantes, mil vidas y cómo transformar la espera en agradecimiento”, que cuenta con la pluma de la periodista Mercedes Funes como coautora. La presentación será el miércoles 22 en el Complejo Alfabeta, y además de Rey estará Sandra Mihanovich para cantar y -también- charlar con la protagonista, tanto sobre el libro como sobre aquello que narra.

La relación entre Rey y Mihanovich, que además es la ahijada de la cantante, es de larga data y profunda. Entre muchas otras cosas, la intérprete de varios clásicos de la música popular argentina le donó un riñón (Rey es hija biológica de la pareja de Mihanovich).

Eso fue en 2013 y la atención mediática que generó el hecho convirtió a Rey un símbolo de superación y resiliencia, además de posicionarla en una figura identificada con la donación de órganos, una cuestión que además de aspectos morales también implica a las políticas públicas de salud.

La notoriedad del caso de Rey contribuyó a despejar algunos prejuicios sobre los trasplantes, además de que también iluminó la esperanza de donar ciertos órganos en vida, sin comprometer la salud del donante. Cinco años después, en 2018, ambas estuvieron presentes para celebrar la sanción de una ley que, entre otros aspectos, regula los trasplantes con donantes vivos. Pero, tal como el mismo título del libro dice, los desafíos de salud no se detuvieron. Hubo más trasplantes y ella sigue en tratamiento de diálisis para continuar con su vida.

Antes de arribar a Montevideo, Rey dialogó con El País sobre su situación de vida, que cuenta en las páginas del libro que viene a presentar en Montevideo junto a Sandra Mihanovich. “Además de que ella cantará, será una charla íntima no solo sobre mi libro, lo que me pasó y pasa a mí, sino también sobre qué le pasó a ella cuando me donó el riñón y todas esas cosas”, relata Rey desde Buenos Aires.

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Foto: Difusión comercial.

—Ahora que el libro ya salió, ¿qué sentís?
—Me encanta que ya esté publicado porque lo que más me interesa, la razón por la cual lo escribí, es contar cómo hice para estar tan bien, cómo sobrellevo las cosas. Entre al lugar que entre, soy la última persona que creés que tiene un problema de salud.

—¿Cómo describirías tu estado de salud hoy?
—Super vital. Muy saludable. De hecho, me pasa a menudo que no me acuerdo que tengo que ir a diálisis. Pero todo es un entrenamiento.

—¿Un entrenamiento en qué sentido?
—Entrenar para alcanzar un estado meditativo. El entrenamiento es poder sentarte a meditar, que es algo que casi nadie logra porque hay una fantasía con la meditación. Mucha gente cree que tiene que sentarse y poner la mente en blanco, y eso es imposible. Poder dominar la mente, ese es el entrenamiento.

—¿Cómo hiciste para llegar a ese estado?
—En 2019 estaba internada y todo se me había ido de mambo. Había tenido una relación tóxica bastante fea que… No le quiero echar culpas a nadie pero estaba muy mal, con vómitos crónicos, ataques de pánico y otros problemas de salud, que me estaban lastimando cada vez más. A eso se le sumaron problemas cardíacos, cuando nadie en mi familia había tenido ese tipo de complicaciones. De repente, me vi sola en el cuarto del hospital, pesando 39 kilos y pensando que la medicina ya no podía hacer nada más por mí. “Me voy a morir”, pensaba. Entonces vino a verme el mismo médico que me había metido en el tratamiento de diálisis cuando yo tenía 22 años. Le conté todo y él me contestó: “Hablá con tu cuerpo y achicá el corazón”. En ese momento, me quedé pensando en qué me habría querido decir, porque no lo entendía. Cuento esto en el libro, porque él no se acuerda de haberme dicho eso. Más o menos al mismo tiempo, vino a verme mi mamá y ella me preguntó si quería seguir viviendo o no. Le dije que quería seguir viviendo. “Estás haciendo todo lo opuesto”, me dijo. Ahí empecé a meditar con ella, a descubrir qué es la meditación.

meditar

—¿Y qué descubriste?
—Que es un camino mucho más ancho de lo que uno imagina. Es una sanación del alma muy muy profunda. Pero para llegar a esas profundidades hay que pasar por lugares muy oscuros, y por ahí nadie quiere pasar, porque duele. Nadie quiere verse así, con todas sus heridas y de frente. Al principio, no entendés nada de lo que estás haciendo. Estás sentada y decís, “No medité nada, mi cabeza nunca paró, nunca paré de pensar pavadas”. Lo que pasa es que en todas esas pavadas ya empieza a limpiarse tu cabeza y comenzás a ser consciente de la toxicidad que tenés en la cabeza, para dónde te lleva, con qué te asusta o atormenta. Uno cree que tiene que conseguir la pareja, la casa, el auto, el chico, el perro… Pero ni siquiera tu propio cuerpo es tuyo, es prestado. Entonces, aprendés sobre el desapego de lo material.

—¿Vendría a ser como “el poder de la mente”?
—Hay varios lugares comunes y fantasías sobre la meditación, como que es solo ponerse en posición de loto y recitar mantras. Y es más complejo que eso. Mucho más complejo, de hecho. Entre otras cosas, es aprender a que donde esté mi cuerpo, tiene que estar mi mente. Porque donde pongo mi mente, pongo mi energía y eso crece. Cuando empezás a meditar, la vida empieza a cambiar. Pequeños detalles empiezan a suceder. Cosas que siempre se trababan, empiezan a destrabarse.

—¿Y cómo se empieza?
—No importa si es en posición de loto, aunque se supone que la luz que entra por la tapa de tu cabeza, y cuanto más derecha esté tu columna, más puede tocarte los órganos. Pero cuando doy charlas digo que si quieren, que se acuesten. Pero que empiecen. Eso es lo importante para todo lo demás que pasa después.

—¿Cómo es tu relación con Sandra Mihanovich?
—Es de las mejores cosas que me han pasado en la vida, es mi segunda madre. De lo último que me acuerdo es que me donó un riñón. Es una relación de todos los días, un vínculo increíble.

—Ella es una artista muy popular, y como tal está muy expuesta a las opiniones de la gente, incluso las negativas o de rechazo…
—Nunca vi ninguna crítica negativa hacia ella.

—Pero serás consciente de que existen, ¿no?
—Puede ser, pero a mí no me llegan. No leo los comentarios en Instagram. Es que estoy en otra frecuencia, esas cosas no me tocan. Es como la persona que está todo el día mirando el informativo, llenándose de energía negativa.

—¿Vos decís que cerrarte a las noticias negativas te ayuda?
—No es que me cierre, es que no me llegan. Creo que si el algoritmo pudiera demostrarnos quiénes somos de frente, mucha gente no podría soportar lo que ve, lo que consume. El tema es mucha gente no está dispuesta a soltar su personaje.

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Foto: Difusión.

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