La huella invisible, el estudio que vincula la separación de los padres con un mayor riesgo de ACV en la vejez

Investigadores detectaron que el estrés de una separación temprana puede dejar una marca biológica en el sistema cardiovascular. Descubrí por qué este factor influye tanto como la diabetes o la depresión.

Niño agobiado por discusión de sus padres
Niño agobiado por discusión de sus padres
Foto: Freepik

Un estudio reciente advierte que el divorcio de los padres durante la infancia puede dejar huellas que llegan hasta la salud cerebral décadas después. La investigación, realizada por equipos de universidades de Canadá y Estados Unidos, encontró que las personas mayores que atravesaron la separación de sus padres presentan un riesgo de accidente cerebrovascular (ACV) significativamente más alto en la adultez.

Los datos surgen del análisis de una amplia encuesta poblacional en Estados Unidos y abren una discusión incómoda pero necesaria: cómo las experiencias tempranas influyen en el envejecimiento saludable, incluso cuando no hubo otras formas evidentes de adversidad infantil.

Un riesgo que persiste con el paso del tiempo

Entre los adultos de 65 años o más, el trabajo detectó que uno de cada nueve de quienes vivieron el divorcio parental reportó haber sido diagnosticado con ACV, frente a uno de cada quince entre quienes no atravesaron esa situación. La diferencia se mantuvo aun después de considerar variables clásicas asociadas al riesgo cardiovascular, como tabaquismo, sedentarismo, nivel educativo, ingresos, diabetes, depresión y apoyo social.

Según explicó la psicóloga Mary Kate Schilke, de la Universidad de Tyndale, los resultados muestran que el antecedente de separación de los padres se asocia con una probabilidad considerablemente mayor de sufrir un evento cerebrovascular, incluso cuando se “ajustan” otros factores de riesgo conocidos. En términos relativos, el incremento observado ronda el 60%, una magnitud comparable a la de condiciones ampliamente reconocidas como la diabetes o la depresión.

ACV

Hallazgos que se repiten

Lejos de ser un dato aislado, el estudio replica resultados obtenidos por los mismos autores hace casi una década, pero en otra muestra poblacional. Para Esme Fuller-Thomson, investigadora de la Universidad de Toronto y especialista en ciclo de vida y envejecimiento, la consistencia de los hallazgos refuerza la necesidad de profundizar en los mecanismos explicativos.

La autora subraya que se trata de investigaciones basadas en encuestas, por lo que no establecen causalidad directa. Sin embargo, la repetición del vínculo entre divorcio de los padres y ACV invita a que otros equipos exploren el fenómeno desde distintas disciplinas, incluida la neurociencia y la epidemiología social.

Más allá del maltrato y otras adversidades

Un dato que llamó especialmente la atención es que la asociación se mantuvo incluso entre personas que no reportaron abuso físico o sexual en la infancia y que, además, contaron con al menos un adulto protector en el hogar. Es decir, el mayor riesgo de accidente cerebrovascular no parece explicarse solo por contextos de violencia o desamparo.

De hecho, el análisis no encontró una relación significativa entre el ACV y otras formas de adversidad infantil, como abuso emocional, negligencia, presencia de enfermedades mentales en el hogar, consumo problemático de sustancias o exposición a violencia doméstica. En este escenario, el divorcio parental aparece como un factor distintivo.

Padres e hijo enojados
Padres e hijo enojados
Freepik

¿Qué podría estar pasando en el cuerpo?

Los autores reconocen que todavía no está claro por qué la separación de los padres podría impactar a tan largo plazo en la salud cerebral. Una de las hipótesis apunta al llamado arraigo biológico del estrés: experiencias infantiles disruptivas podrían generar una activación sostenida de las hormonas del estrés, con efectos acumulativos sobre el sistema cardiovascular a lo largo de la vida.

El estudio se basó en la Encuesta de Vigilancia de Factores de Riesgo Conductual 2022, que reunió respuestas de 13.205 adultos mayores en Estados Unidos. Del total, cerca del 14% había vivido el divorcio de sus padres durante la niñez.

Para Schilke, si futuras investigaciones confirman este vínculo, el conocimiento podría ser útil para que los equipos de salud incorporen la historia familiar temprana en estrategias de prevención y educación cardiovascular. No se trata de alarmar, sino de comprender mejor cómo los vínculos y rupturas de la infancia pueden incidir en la salud a largo plazo y, a partir de ahí, diseñar cuidados más integrales.

En base a La Nación/GDA

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