Implantes mamarios inyectables: una nueva vía menos invasiva para la reconstrucción tras cáncer de mama

Una pasta inyectable desarrollada a partir de piel humana abre una alternativa innovadora en la reconstrucción mamaria, con menos cirugías, menor riesgo de cicatrices y tiempos de recuperación más cortos.

Implantes mamarios
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Foto: Freepik

Redacción El País
La reconstrucción mamaria después del cáncer de mama sigue siendo uno de los grandes desafíos de la medicina moderna. Para muchas pacientes, la extirpación parcial o total del seno no solo implica atravesar un tratamiento oncológico complejo, sino también enfrentarse a cirugías reconstructivas invasivas, con cicatrices visibles y procesos de recuperación prolongados. En ese escenario, una nueva investigación científica propone un giro prometedor: implantes mamarios inyectables diseñados para restaurar volumen con menor agresión quirúrgica.

El desarrollo fue publicado en la revista ACS Applied Bio Materials y describe un prototipo de implante inyectable elaborado a partir de piel humana procesada. Según los investigadores, este material podría convertirse en una opción más accesible y menos traumática frente a los métodos tradicionales de cirugía reconstructiva, hoy basados en prótesis o trasplantes de tejido.

Reconstrucción mamaria: límites de las técnicas actuales

En la práctica clínica, la reconstrucción del seno tras una mastectomía puede realizarse mediante implantes protésicos o utilizando tejido del propio cuerpo de la paciente, extraído de zonas como el abdomen o la espalda. Si bien estas técnicas son efectivas, no están exentas de complicaciones: requieren cirugías extensas, dejan cicatrices adicionales y demandan tiempos largos de recuperación física y emocional.

Otra alternativa existente son las matrices dérmicas acelulares, materiales obtenidos de piel humana a la que se le retiran las células superficiales, conservando componentes clave como colágeno y elastina. Estas matrices se usan desde hace años en cirugía plástica y reconstructiva, pero suelen presentarse en forma de láminas, lo que limita su capacidad para actuar como relleno volumétrico en el seno.

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De la piel humana a un implante inyectable

Con ese límite en mente, un equipo liderado por investigadores asiáticos desarrolló una versión inyectable de la matriz dérmica acelular, pensada específicamente para la reconstrucción mamaria. El proceso parte de piel donada por una mujer adulta, que es tratada para eliminar sus células, luego congelada, pulverizada y convertida en pequeñas partículas. Al mezclarlas con agua, se obtiene una pasta viscosa capaz de ser inyectada.

En ensayos preclínicos realizados en ratas, el material mostró una buena biocompatibilidad y no generó efectos adversos tras seis meses de seguimiento. Además, los animales desarrollaron capas de tejido más delgadas alrededor del implante en comparación con productos comerciales similares, un dato clave ya que una menor reacción del organismo se asocia a menos riesgos de infección o contracturas.

Los autores del estudio señalan que esta pasta favorece la formación de vasos sanguíneos y la integración con el tejido circundante, al tiempo que reduce la inflamación. En términos simples, podría ofrecer una reconstrucción del seno más segura, con mejores resultados estéticos y mayor confort a largo plazo para las pacientes.

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Un camino prometedor, aún en estudio

Si bien los resultados iniciales son alentadores, los científicos aclaran que todavía faltan estudios de mayor escala y evaluaciones de seguridad a largo plazo antes de pensar en su uso en humanos. Aun así, el trabajo pone sobre la mesa una alternativa que podría transformar el abordaje de la reconstrucción mamaria tras el cáncer, especialmente para quienes buscan opciones menos invasivas.

La investigación contó con financiación del Ministerio de Comercio, Industria y Energía de Corea del Sur y fue aprobada por el comité de ética del Hospital Asan de Seúl. En un contexto donde la calidad de vida después del cáncer gana cada vez más peso, este tipo de innovaciones abre una puerta a tratamientos más humanos, con menos bisturí y más foco en el bienestar integral de las pacientes.

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