Redacción El País
Mantener la ropa de casa en buen estado no es solo una cuestión estética: también impacta en la higiene, el confort diario y el bolsillo. El verdadero truco para que toallas, sábanas y textiles del hogar se vean y funcionen como el primer día empieza mucho antes de apretar el botón de la lavadora, y tiene que ver con elegir bien, lavar mejor y secar con criterio.
Elegir bien los textiles
El cuidado arranca en la compra. Apostar por textiles de calidad marca la diferencia a largo plazo. Las toallas de algodón 100% siguen siendo las más recomendadas por su absorción y durabilidad, mientras que el lino resulta ideal para el verano por su frescura y el tencel se destaca por su suavidad, especialmente en pieles sensibles.
Otro punto clave es el gramaje y el tipo de rizo. Para un buen desempeño, conviene elegir toallas de al menos 400 g/m². En cuanto al acabado, el rizo doble suele ser más resistente que el rizo simple, aunque también más caro. Elegir bien desde el inicio evita el desgaste prematuro y la pérdida de funcionalidad.
Cómo lavar sin arruinar las fibras
A la hora del lavado, menos es más. Las toallas deberían ir siempre en una colada exclusiva, sin mezclarse con otras prendas y sin sobrecargar el tambor. Esto permite que el agua y el detergente circulen correctamente y cuiden las fibras.
Un error común es excederse con el jabón o recurrir al suavizante tradicional. Aunque deja una sensación agradable al tacto, genera una película que reduce la capacidad de absorción. En su lugar, se puede usar vinagre blanco en el compartimento del suavizante: ayuda a eliminar restos de detergente, suaviza sin dañar y no deja olor.
El secado también cuenta
El secado influye tanto como el lavado. Al tender las toallas, conviene sacudirlas bien antes de colgarlas para recuperar esponjosidad. Si se usa secadora, lo ideal es elegir programas de baja temperatura, retirar las prendas apenas termina el ciclo y volver a sacudirlas.
Un aliado poco conocido son las bolas de lana para secadora, que reducen el tiempo de secado, disminuyen la electricidad estática y ayudan a que las fibras no se aplasten.
Sábanas: frecuencia y temperatura
En el caso de las sábanas y la ropa de cama, la recomendación general es cambiarlas una vez por semana. El lavado debe hacerse sin llenar de más la lavadora y usando la cantidad justa de detergente. Para las blancas, ciclos a 40 °C; para las de color, 30 °C es suficiente.
Cuando las sábanas blancas empiezan a amarillear, el percarbonato es una opción más amable que la lejía, que a la larga deteriora el algodón. Nuevamente, el suavizante no suma: apelmaza las fibras y acorta la vida útil del tejido.
Manchas y otros textiles del hogar
Las manchas conviene tratarlas antes del lavado. Para la mayoría, funciona bien una combinación de bicarbonato y agua oxigenada, dejándola actuar unos minutos. La sangre siempre con agua fría; las manchas amarillas de sudor, con percarbonato y jabón; y los olores a humedad, con bicarbonato directo al tambor.
El cuidado se extiende a almohadas, edredones, cortinas y cojines. Las almohadas lavables deberían higienizarse al menos dos veces al año; los edredones grandes, mejor llevarlos a lavandería para no forzar la lavadora. Las cortinas agradecen programas cortos y agua fría, y las fundas de cojín, ciclos delicados sin suavizante.
Hábitos más sostenibles
Adoptar rutinas de lavado sostenible también suma. Usar agua fría cuando sea posible, no sobrecargar la lavadora, elegir detergentes ecológicos y priorizar el secado al aire ayuda a cuidar los textiles y el medio ambiente. Productos simples como vinagre, bicarbonato o agua oxigenada demuestran que, muchas veces, lo más efectivo no es lo más caro, sino lo mejor usado.
En base a El Tiempo/GDA