Cuando tu golden retriever se parece demasiado a vos: la genética también explica eso

Un estudio con 1.300 perros reveló que genes asociados a la conducta de los golden retriever también influyen en emociones humanas como la ansiedad, la sensibilidad y la capacidad de aprendizaje.

Hombre con un golden. Foto: Creada con IA
Hombre con un golden. Foto: Creada con IA

Readacción El País
Un nuevo estudio de la Universidad de Cambridge sugiere que parte de lo que sentimos los humanos y de lo que experimentan emocionalmente los golden retriever podría estar influido por los mismos genes.

La investigación analizó el vínculo entre la genética y el comportamiento en esta raza canina y encontró que algunos genes asociados a rasgos como la ansiedad, el miedo o la capacidad de aprendizaje en los perros también están relacionados con estados emocionales y capacidades cognitivas humanas.

El trabajo, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, examinó el genoma de 1.300 golden retriever y lo cruzó con evaluaciones detalladas de su conducta. Estos comportamientos fueron registrados a partir de extensos cuestionarios respondidos por los dueños, que permitieron clasificar rasgos como la energía, la entrenabilidad, el miedo a personas desconocidas o la agresividad hacia otros perros.

Mujer con un perro golden. Foto: Pixabay
Mujer con un perro golden. Foto: Pixabay

A partir de este análisis, los investigadores identificaron asociaciones genéticas vinculadas a distintos patrones de conducta canina. Al comparar esos resultados con estudios genéticos en humanos, detectaron doce genes compartidos que influyen en características emocionales y conductuales en ambas especies. Para la investigadora Eleanor Raffan, del Departamento de Fisiología, Desarrollo y Neurociencias de la Universidad de Cambridge, estos hallazgos aportan “evidencia sólida” de raíces genéticas comunes en el comportamiento humano y canino.

Entre las asociaciones más destacadas aparece el gen PTPN1, relacionado en los golden retriever con la agresión hacia otros perros y, en humanos, con la inteligencia y la depresión. Otra variación genética hallada en perros temerosos de otros canes también se vincula, en personas, con la tendencia a preocuparse en exceso tras situaciones embarazosas o con niveles educativos elevados.

Según el equipo científico, comprender estos vínculos puede ayudar a los dueños a interpretar mejor el mundo emocional de sus mascotas y a ajustar tanto el entrenamiento como los cuidados. Enoch Alex, primer autor del estudio, explicó que la genética puede predisponer a algunos perros a percibir el entorno como estresante, lo que, sumado a determinadas experiencias de vida, puede derivar en conductas que suelen interpretarse erróneamente como “mal comportamiento”.

Golden
Denni, una golden retriever de 9 años, sorprendió a su dueño.
Foto: The Dodo.

La investigación también encontró una relación entre la “entrenabilidad” y el gen ROMO1, que en humanos se asocia con la inteligencia y la sensibilidad emocional. Este punto refuerza la idea de que el entrenamiento canino no depende solo del refuerzo de conductas, sino que también involucra un componente emocional.

Las implicancias alcanzan incluso el campo veterinario. Reconocer que ciertos comportamientos temerosos en los golden retriever están vinculados a genes relacionados con la ansiedad humana podría abrir la puerta a explorar tratamientos farmacológicos ya utilizados en personas para reducir estados de ansiedad.

Los investigadores aclaran, sin embargo, que estos genes no determinan conductas específicas, sino que influyen en la regulación emocional. Un ejemplo es el de los perros con “miedo no social”, como el temor a ruidos u objetos cotidianos, en los que se identificó un gen vinculado en humanos con irritabilidad, sensibilidad y ansiedad.

El estudio se basó en datos de perros de entre tres y siete años que participan en el Golden Retriever Lifetime Study, un proyecto iniciado en 2012 por la Morris Animal Foundation. A partir de muestras de sangre, los científicos analizaron el genoma de cada animal en busca de marcadores genéticos asociados con determinados rasgos conductuales. Este enfoque permitió vincular regiones específicas del ADN con patrones de comportamiento, ofreciendo nuevas claves para comprender la salud emocional tanto de los perros como de los humanos.

En base a El Tiempo/GDA

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