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Los mensajes detrás de las costumbres del Año Nuevo judío y cómo aportan al crecimiento personal

Esta noche comienza Rosh Hashaná, el Año Nuevo judío, y la celebración incluye tradiciones y mandamientos que invitan a la introspección.

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Shofar, niño judío
Niño tocando el shofar.
Foto: Pixabay.

Hoy, el pueblo judío celebrará la llegada del año 5784 y en sus mesas habrá manzana con miel, cabeza de pescado y un pan trenzado en forma circular, entre otros alimentos. También escucharán sonidos que salen de un cuerno y arrojarán piedras o migas de pan al río o al mar. Estas costumbres, que caracterizan a la festividad, guardan significados estrechamente ligados al bienestar.

Rosh Hashaná —así se le llama al Año Nuevo judío, y significa ‘cabeza del año’— invita a reflexionar sobre cómo hemos cambiado y evolucionado en el último año, afirmó el rabino Max Godet, de la Comunidad Israelita del Uruguay. De hecho, indicó que, en hebreo, la palabra ‘año’ (shaná) tiene la misma raíz que la palabra ‘cambio’ (shinui). “Cada nuevo año es una oportunidad para cambiar y crecer. Es un llamado a la introspección, al autoexamen y a la búsqueda de un camino más significativo y espiritual en el próximo ciclo que se inicia”, expresó.

Los bocados de Rosh Hashaná.

La manzana con miel simboliza el deseo de que el próximo año no solo sea bueno, sino también dulce. De hecho, se acostumbra decir ‘shaná tová umetuká’, que significa ‘que sea un año bueno y dulce’. Al respecto, el rabino Mendel Shemtov, de Beit Jabad Uruguay, sostuvo: “No todo lo que es bueno en la vida es dulce, y hay muchas cosas dulces que no son buenas para uno. Entonces, deseamos que Dios nos dé cosas que sean buenas y dulces, y que las cosas que hagamos también lo sean”.

Asimismo, Godet señaló que la manzana representa la dulzura de la vida cotidiana, como la salud, la familia y la satisfacción de las necesidades básicas, y la miel simboliza los momentos de gran dulzura, como los logros excepcionales. Al sumergir la manzana en la miel, expresamos el deseo de que el año entrante tenga ambos dulzores, dijo.

Por su parte, Shemtov mencionó otro mensaje que trae la miel: “Todos salimos corriendo si vemos una abeja, pero esa misma abeja genera miel. Eso de alguna forma nos recuerda que en la vida hay cosas que pueden picar, pero de las que podemos sacar miel, es decir, de las que podemos salir más fuertes”.

Otro elemento típico de la mesa de Rosh Hashaná es la cabeza de pescado. Según Godet, esta costumbre, sumada a la plegaria que dice: ‘que seamos siempre cabeza y no cola’, representa el deseo de “ser líderes en lugar de seguidores y tomar la iniciativa en nuestras vidas en lugar de seguir a otros”. En este sentido, la celebración del año nuevo es una invitación a ser proactivos en la consecución de nuestros objetivos y asumir la responsabilidad y el control de nuestras acciones.

A su vez, está el pan trenzado redondo, llamado jalá hagulá. De acuerdo al rabino Hori Sherem, de la Nueva Congregación Israelita de Montevideo, la forma circular señala que el año es cíclico y que “siempre hay un volver a empezar”. “No hay un principio y un final, sino que siempre tenés la posibilidad de arrancar otra vez”, subrayó. En Bake House (@bakehouseuy), desde 2020 se especializan en preparar jalá y tortas, como las que aparecen en la imagen.

Pan Jalá
Pan Jalá Hagulá de Bake House.
Foto: @bakehouse.uy.

Sonidos de Rosh Hashaná.

El mandamiento bíblico principal para Rosh Hashaná es escuchar el toque del shofar, un instrumento de viento elaborado a partir del cuerno de un animal kasher (apto para el consumo según las normas dietéticas del judaísmo) y con cartílago. “Shofar viene de la palabra leshaper, que significa mejorar y corregir”, señaló Shemtov. En la misma línea, Sherem expuso que el shofar es como un despertador que llama a la reflexión y la meditación sobre nuestros propios actos.

Y añadió: “Los sonidos del shofar simbolizan los llantos de un bebé, y la tradición dice que, así como una mamá acude al llanto del bebé, tenemos que acudir al llamado del shofar, es decir, llamarnos a la reflexión sobre el año que acaba de pasar”.

Para Shemtov, la forma del shofar es una metáfora del crecimiento personal. “Es un cuerno que se dobla, que tiene sus vueltas. Si uno quiere acercarse a su propósito y ser mejor, el camino no es lineal; hay problemas, bajadas, subidas, pero eso es lo que nos ayuda a crecer”, afirmó. En efecto, el cuerno empieza con una abertura estrecha y va ensanchándose hasta terminar, luego de tanta vuelta, en una abertura amplia.

Reflexiones de Rosh Hashaná.

En Rosh Hashaná, muchos judíos se acercan a la costa para arrojar piedras o migas al agua. Esto responde a una costumbre llamada tashlij, una oportunidad para dejar atrás aquello que nos pesa, como culpas, malos hábitos y rencores. “Simboliza el compromiso de liberarse de las cargas emocionales negativas y dar paso a una nueva fase en la vida de cada uno”, sostuvo Godet.

Por su parte, Sherem expresó: “Es un momento súper lindo porque uno va con piedras en el bolsillo y cuando llega a la corriente de agua las saca y las tira, como deshaciéndose de todo aquello que le pesa y no le permite avanzar”.

Más allá de las costumbres, la celebración de Rosh Hashaná es, en sí misma, un recordatorio de cómo podemos aportar al bienestar del mundo entero. El año nuevo se festeja el día en que, según el judaísmo, el ser humano fue creado, y “a diferencia de los demás seres, que fueron creados en manadas, el ser humano fue creado solo”, indicó Shemtov. Y concluyó: “Esto nos enseña que cada uno de nosotros puede cambiar el mundo entero”.

“Cuando tomamos decisiones, no siempre somos conscientes del impacto que podemos tener en nuestra vida y en la de otros, así que Rosh Hashaná es un día para reflexionar sobre en qué podemos mejorar para hacer la diferencia en nuestra vida y en el mundo entero”, finalizó.

Manzana con miel.jpg
Manzana con miel.
Foto: Freepik.

Balance perfecto entre cambio y constancia.

El calendario judío es lunisolar, lo que significa que se rige tanto por la Luna como por el Sol. Para corregir el desajuste que hay entre los ciclos de ambos astros, cada cierta cantidad de años se agrega un mes, es decir, hay años de doce meses y otros de trece. En este caso, el 5784 es un año de trece meses, lo que se conoce como año embolismal o preñado.

De esta manera, para el calendario hebreo la Luna y el Sol son igualmente importantes: la primera porque fija el inicio de los meses, que empiezan siempre con luna nueva, y el segundo porque determina festividades con un fuerte carácter agrícola, como Pesaj —las pascuas judías—, que siempre debe caer en primavera.

Tal como dijo Shemtov, “todo tiene su mensaje”. “La Luna representa el cambio porque se renueva cada mes, y el Sol simboliza la constancia, porque siempre lo vemos igual”, expuso. De esta manera, los años preñados, como lo es el año que comienza, nos recuerdan cuán importante es el balance entre ambos polos: Luna y Sol, innovación y constancia.

“La constancia da seguridad y tranquilidad, y tener rutinas es importantísimo, pero en exceso puede tornarse monótono y automático”, señaló el rabino. Y añadió: “Lo mismo al revés: si uno vive todos los días cambiando, falta esa seguridad que brinda la constancia”.

El año que entra nos invita a fusionar Sol y Luna, constancia y cambio. Para hacerlo, Shemtov dejó algunos ejemplos: “Si siempre nos juntamos con la familia una vez a la semana, podemos plantear cada vez un tema nuevo que traiga frescura a lo rutinario. Si vamos a buscar a nuestros hijos a la escuela todos los días, podemos plantear cada vez una pregunta nueva en lugar del típico ‘¿cómo estuvo hoy?’ y que cada viaje haga la diferencia”.

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