Redacción El País
Durante mucho tiempo se instaló la idea de que la felicidad va en picada con el paso de los años. Sin embargo, investigaciones recientes y la palabra de expertos en neurociencia muestran un escenario bien distinto: el bienestar no solo no desaparece, sino que puede crecer con la edad. Para el neurocientífico argentino Fabricio Ballarini, la plenitud se alcanza, en promedio, alrededor de los 60 años.
Según explica el especialista, distintas investigaciones internacionales vienen demostrando que, con el correr del tiempo, las personas aprenden a ordenar prioridades, reducir el estrés y tomar decisiones con mayor claridad. Esa combinación impacta de forma directa en la percepción de bienestar y en la forma de disfrutar la vida cotidiana.
La curva de la felicidad a lo largo de la vida
Uno de los estudios más citados sobre el tema, publicado por el National Bureau of Economic Research (NBER), analizó durante décadas indicadores de bienestar en más de cien países desarrollados. Los resultados mostraron que la satisfacción vital no es lineal, sino que sigue un recorrido particular a lo largo de los años.
En términos generales, el nivel de felicidad es alto en la infancia y la adolescencia, comienza a descender a partir de la entrada a la adultez —cuando aparecen las obligaciones laborales, académicas y familiares— y toca su punto más bajo cerca de los 40 años. Luego de esa etapa, asociada muchas veces a la llamada crisis de la mediana edad, el bienestar empieza a repuntar y alcanza su punto más alto alrededor de los 60.
Menos presión, más disfrute
Desde la mirada de la neurociencia, este cambio tiene explicación. Ballarini, investigador del CONICET especializado en procesos de aprendizaje y memoria, señala que con los años el cerebro aprende a regular mejor las emociones y a relativizar los problemas. A eso se suma un factor clave: a partir de los 60, muchas personas tienen la vida más resuelta, cuentan con más tiempo disponible y enfrentan menor presión laboral.
Estudios más recientes incluso sugieren que la clásica curva en forma de “U” podría estar cambiando. Algunas investigaciones actuales plantean que la felicidad crece de manera sostenida con la edad, mientras que los adultos jóvenes presentan hoy niveles más altos de malestar que en décadas anteriores, en parte por el deterioro de la salud mental y las exigencias del contexto actual.
Lejos de ser una etapa de pérdida, la madurez aparece así como un momento de mayor plenitud, en el que se disfruta con menos culpa, más calma y una perspectiva que solo dan los años.
En base a El Tiempo/GDA
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